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Nadie duda que la tecnología tienen grandes ventajas. Pero tampoco nadie puede negar que hay grandes inconvenientes. El principal de ellos es la adicción. Muchos chavales se pasan el día enganchados al ordenador que se lo han visto hacer a sus padres.

 

Y es que hay padres que no tienen sentido de la medida. Aprovechan que la tecnología les permite estar permanentemente conectados con su trabajo para no hacerse cargo de sus obligaciones, como, ejemplo, ayudar a los chavales a hacer los deberes. He escrito ayudar, no hacer los deberes. Los deberes deben hacerlos ellos.

 

Hay situaciones en las que queda claro que a algunos padres y madres les gusta más su trabajo que su propia familia. En el trabajo están en su salsa, felices y contentos, pero llegan a casa y les cambia el carácter, no quieren hablar con nadie y sólo quieren seguir trabajando. O eso dicen.

 

En Adicciones Digitales (www.adiccionesdigitales.es) partos charlas en las empresas de toda la geografía española y enseñamos a los trabajadores con diferentes grados de cualificación, a hacer un uso razonable de todos estos aparatos que de repente han aparecido, casi arte de magia, ante nosotros. Pretendemos que esa tecnología sea amiga de sus usuarios y no sus enemigos.

 

Se trata de evitar que centremos tanto nuestra vida en el trabajo que olvidemos otras obligaciones familiares como la paternidad o la vida en pareja. A veces, aún sin darnos cuenta, nos olvidamos de que somos padres y esposos. Nos obsesionamos con el trabajo y la tecnología hasta tal punto que nuestras relaciones sociales desaparecen o las litamos a personas relacionadas con nuestro entorno laboral.

Hace una par de meses, en una charla que partí a unos ejecutivos de una tante empresa tecnológica española, uno de sus directivos reconocía, abiertamente, que la adicción al trabajo estaba promocionada desde su propia empresa, que a ellos les interesaba gente que trabajase mucho, no gente que fuese feliz.

 

A su vez, me reconoció que había habido problemas con algunos trabajadores cualificados con tantes responsabilidades en la empresa, que había llegado un momento en el que no daban más de sí. Me contaron el caso de más de uno que se había divorciado o estaba en proceso de divorcio. Esa situación personal influía en el trabajo y ya no eran tan rentables como antes. La empresa les había estrujado, con su consentiento, y ahora pagaban las consecuencias. Ambos, trabajador y empresa.

 

El trabajador había aceptado gustoso esa situación que prácticamente le llevaba a trabajar, o a estar disponible, las 24 horas del día, siete días a la semana. Siempre estaba pendiente de su empresa.

 

La adicción al trabajo suele aparecer a partir de los 30 años en personas con un nivel social y económico medio o medio alto. A veces se produce para escapar a un vacío existencial, que no se encuentra motivación alguna fuera del ámbito laboral. La vida familiar se ve afectada la falta de atención y dedicación. Y eso lo sufren sobre todo los hijos, que no entienden que su padre y/o su madre pasen tanto tiempo fuera de casa y no tenga ganas de hacer nada al llegar. Sus pensamientos giran siempre en torno al trabajo y no saben disfrutar de las vacaciones ni de los fines de semana; se agobian cuando tienen tiempo libre y esperan ansiosos su vuelta al trabajo.

 

En la actualidad es una de las formas de adicción legal sin droga más habituales. Generalmente no tienen mala agen que estamos viviendo en una sociedad en la que pran, enca de otras consideraciones de índole moral o personal, supuestos valores como la búsqueda de bienes materiales, el éxito social, la competitividad o la productividad. Y en la empresa se valora, y mucho, la dedicación al trabajo.

 

La semana que viene os hablaré de los japoneses, que son el no va más en esto de la adicción al trabajo.

 

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