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Esta semana se conmemora el cuarto aniversario del fin de la segunda guerra contra el régen de Sadam Hussein. No obstante, desde 2003 pocas cosas han cambiado y lo que es peor, la situación se hace cada vez más insostenible. Dentro del caos destaca la muerte de periodistas, un centenar desde que comenzara el conflicto y casi 200 según fuentes internas. Entre ellos, dos españoles, Julio A. Parrado y José Couso, dos reteros cuyas muertes pusieron en evidencia la inseguridad y precariedad de los periodistas en conflictos armados.

Esta semana se conmemora el cuarto aniversario del fin de la segunda guerra contra el régen de Sadam Hussein. No obstante, desde 2003 pocas cosas han cambiado y lo que es peor, la situación se hace cada vez más insostenible. Dentro del caos destaca la muerte de periodistas, un centenar desde que comenzara el conflicto y casi 200 según fuentes internas. Entre ellos, dos españoles, Julio A. Parrado y José Couso, dos reteros cuyas muertes pusieron en evidencia la inseguridad y precariedad de los periodistas en conflictos armados.

Fueron tada. Unieron a la profesión y a toda España en contra de una guerra que nadie entendía y para protestar la precariedad en zonas de conflicto. Cuatro años después pocos se acuerdan de ellos y muchos han olvidado las circunstancias en que se produjeron sus muertos. José Couso y Julio Anguita murieron el 7 de abril de 2003 con menos de 24 horas de diferencia, realizando su trabajo y cumpliendo al pie de la letra con su vocación periodística. Lo que pocos recuerdan son las circunstancias en que murieron.

Julio Anguita Parrado era colaborador de El Mundo y no pertenecía a la plantilla a pesar de llevar diez años trabajando en el diario de Pedrojota. Las informaciones que se recogieron en ese momento revelaban que el joven profesional había viajado a Irak con la esperanza de obtener la corresponsalía de Nueva York, aunque nunca quedó claro si lo conseguiría realmente. Por su parte, José Couso trabajaba como autónomo para Atlas la productora dependiente de Telecinco, y renovaba anualmente su contrato, lo que no tenía apoyo oficial de su empresa a pesar de estar cubriendo una guerra.

El caso de Couso es aún más complejo si tenemos en cuenta las vergonzosas condiciones en que murió. Couso fue vícta de ‘fuego amigo’ en el Hotel Palestina, el lugar donde supuestamente los periodistas que cubrían el conflicto se encontraban a salvo. Desde entonces, su familia no ha dejado de pedir justicia. En mayo de 2003, un mes después del ataque, presentaron una querella ante la Audiencia Nacional contra los 'autores, cómplices y cooperadores necesarios' de su falleciento. Pidieron además el interrogatorio de los tres soldados plicados, pero el Departamento de Justicia de EEUU rechazó la iniciativa.

Finalmente, el Juez Pedraz pudo reactivar las órdenes internacionales de detención después de que, el 5 de diciembre de 2006, el Tribunal Supremo estara unanidad el recurso interpuesto la familia del periodista para que se reabriese el caso. El gesto judicial está hecho, pero los esfuerzos de Pedraz chocan con la falta de cooperación de Estados Unidos que se niega a poner en el banquillo a los tres soldados que han sido sindicados como los responsables de los disparos.

Lejos, pero también muy cerca de los casos de los periodistas españoles tenemos la realidad nunca contada de un centenar de periodistas e informadores que han muerto en Irak desde 2003. Desde entonces sucesivos informes de diferentes organismos de prensa como Reteros Sin Fronteras califican al conflicto como la guerra más mortífera para los periodistas desde Vietnam. El últo dato oficial de RSF habla de 153 periodistas y empleados de medios de comunicación muertos desde 2003. Entre las víctas, el 83% eran iraquíes. De los 64 periodistas secuestrados 17 fueron asesinados y 11 continúan desaparecidos, agregó la organización.

La periodista iraquí Eman Ahmad quien ha recibido el I Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado, convocado el Sindicato de Periodistas de Andalucía en colaboración con el Ayuntamiento de Córdoba, aumenta esta cifra a 200 informadores, de los cuales, lamentablemente la mayoría son iraquíes, lo que sus fallecientos, no tienen la repercusión internacional de algún corresponsal extranjero. Cuatro años de guerra, cuatro años de muertes, y las cosas siguen sin solución.

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