El presionante despliegue que despertó en los medios de comunicación de todo el mundo la muerte de Juan Pablo II, fue una prueba más de la cercanía de este Papa con la Prensa, Radio, Televisión e Intet. Nunca en la historia de un pontificado, el líder de la Iglesia Católica había utilizado de manera tan masiva los medios para difundir su mensaje y nunca los medios estuvieron tan cerca de la actualidad e intidad diaria de un Sumo Pontífice. Sin duda la revolución de los medios del últo cuatro de siglo no estuvo ajena a Juan Pablo II.
El presionante despliegue que despertó en los medios de comunicación de todo el mundo la muerte de Juan Pablo II y, fue una prueba más de la cercanía de este Papa con la prensa, radio y televisión. Nunca en la historia de un pontificado, el líder de la Iglesia Católica había utilizado de manera tan masiva los medios para difundir su mensaje y nunca los medios estuvieron tan cerca de la actualidad e intidad diaria de un Sumo Pontífice. Sin duda la revolución de los medios del últo cuatro de siglo no estuvo ajena a Juan Pablo II.
Es casi posible estar cuantas personas siguieron en directo a través de las televisiones, Intet, Radio y Prensa, las últas horas del Papa Juan Pablo II. Lo que si es claro es que en cada rincón del mundo, católico y no católico, alguien estuvo pendiente del destino del Sumo Pontífice. Las cifras indican que existen en el mundo 1.100 millones de católicos, pero es seguro que muchos más estuvieron pendientes de uno de los acontecientos periodísticos más relevantes de este novel siglo XXI.
Esta es una muestra más de la tremenda influencia mediática que ostentó Juan Pablo II bajo su pontificado. En plena revolución de la televisión, el Papa siempre tuvo los medios al servicio de su mensaje evangelizador. Siempre sus mensajes papales y decisiones fueron televisadas prácticamente en directo y cada domingo su bendición desde el Vaticano eran seguida millones de fieles en el mundo.
Pero este interés también fue recíproco. Desde que fuese designado Papa en 1978 y tras salir a saludar el balcón del Vaticano a los católicos congregados en la Plaza de San Pedro, en un enlace televisivo en directo, el mundo nunca más quitó los ojos e Juan Pablo II. Cada una de sus 104 visitas a diferentes lugares del mundo fue seguida con detalle, pasando el atentado que casi le cuesta la vida en 1981 y terminando en la serie de problemas de salud que le aquejaron en el últo lustro, siempre una cámara estuvo cerca de él, y siempre todo el mundo se enteró casi al minuto de todo lo que le pasaba.
El comunicado de su muerte, solo unas horas después de su falleciento, es la prueba final de que Juan Pablo II siempre tuvo una estrecha relación con los medios. Nunca se había sabido de la muerte de un Papa prácticamente en directo y nunca se había seguido su agonía al minuto. Una relación grata, prescindible e indisoluble. Nada más, pero tampoco nada menos.