Ahora que Zapatero ha confesado en las calles de Santa Coloma su amor Fidel y el Che, la ministra de Medio Ambiente está a punto de quitarles el polvo a las cartillas de racionamiento. Nos van a vender el agua con cuentagotas, más cara que el Channel y con la carga de conciencia de que el que se lava es un guarro que se está cargando el entorno natural. Carbona ha descubierto que el español se lava mucho y quiere que se ponga a los niveles de Uganda o Kenia, países que según la estadística que maneja la ministra, administran la cosa mucho mejor. Hay quien piensa que Carbona ha sufrido un lapsus y ha leído mal las estadísticas que cada tanto le presentan sus asesores. En ese caso sería un error de la cabeza lectora, y no una nueva muestra de la estulticia de algunas partes del gobierno, que cada vez que hablan es como la del chiste, para meter la pata, dicho en fino. Cualquiera que sepa algo de aguas conoce las cifras: el 80 ciento se va en regadíos, el 15 ciento se lo bebe la industria, y tan solo un cinco o siete ciento es para el consumo doméstico. Y sin embargo Carbona propone que los que menos consumen paguen más, y que los que se laven dos veces al día o se distraigan en la ducha sufran el castigo de papá estado. Cada vez que el progresismo extraviado busca soluciones a los grandes problemas se inclina ponerse la camiseta del fracaso y seguir el ejemplo de países donde una clase política calamitosa ha conseguido que sus ciudadanos no se laven. En Cuba no tienen problema de agua, ni de jabón. Gracias a Fidel.
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