Ni de Malasia, ni de Malaya…

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Por mucho que hayan querido revolver, de donde no hay, no se puede sacar. Aunque en vez de dedicarse a buscar conspiraciones ocultas, bastaría con que mirasen un poquito a su alrededor.

Chepi, al que ya no le ayudan los viejos amigos, ha hecho nuevos compañeros de viaje (hacia el lado oscuro) y espera recorrer los prados con la mochila a rebosar. Y lo bueno es que su jüefe no lo sabe…

¿Le invitará a él y a su pandi a cenar este verano a cuenta de la administración? ¿Por qué los que pagaban, ahora se lamenlas heridas?  Que se lo pregunten, ella lo sabe.

Los murciélagos nunca duermen

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