El título de este comentario lo tomo prestado. Era la frase favorita de Armando La, un metereológo cubano ya fallecido del Noticiero Nacional de Televisión cada vez que terminaba sus predicciones del tiempo. Así, arrastrando la e en la prera frase. Tenía un físico de boxeador, fornido, pero afable y un gran especialista en la materia. Tenía una Maestría realizada en Alemania. Andaba toda la Habana en una vieja bicicleta rusa de 28 pulgadas con un tón alto. Eso que los cubanos llamamos un chivo.
La traigo a colación tras la visita del expresidente estadounidense James Carter a Cuba. Comentarios, críticas y noticias se han producido producto de la misma. Muchos a favor, otros en contra, pero lo cierto es que la ingenuidad, la ignorancia o un pretendido disulo en todo lo publicado y puesto en boca de Carter y sus acompañantes, es lo único que puedo apreciar del resultado de su visita. En mi opinión no logró el resultado que esperaba de llevarse consigo al empresario estadounidense Alan Gross. El gobierno cubano lo tiene como moneda de cambio. Todavía pretende que los Estados Unidos le envíe a los cinco espías presos allá.
Su entrevista con los blogueros, exprisoneros de conciencia del Grupo de los 75 y Las Damas de Blanco fue algo que el régen le sirvió en bandeja de plata para tratar de conquistarlo y le sirve de intermediario ante el gobierno de Obama. Si el gobierno hubiera querido nadie podría haberse movido de su casa un mes antes de la llegada de Carter a La Habana. Además, ¿para qué tanto secreto de lo hablado entre ellos? Que nadie se llame a engaño, el espionaje electrónico dentro de Cuba es algo tan común y corriente que los agentes de la policía política del régen conocen hasta cuando uno hace el amor con su pareja. Aunque usted lo dude al leer estas líneas, es la pura verdad. De seguro el Hotel Santa Isable, donde Carter y su esposa se alojaron y que fue su lugar de residencia cuando vivienron en Cuba estaba lleno de microfónos todas partes. Hasta en los servicios sanitarios. No lo dude.
Los elogios de Carter acerca de los pretendidos cambios de Raúl Castro en su política económica es desconocer completo la realidad cubana y una forma de congraciarse con quien repre, encarcela y desgobierna la Mayor de las Antillas en estos momentos.
Cierto es que al Gobernante Raúl Castro le queda poco tiempo para plementar todo lo que prometió. Poco tiempo, que la avanzada edad conspira contra el mismo. Ese es el prer obstáculo al que tiene que enfrentarse el eterno segundo hombre fuerte de la Cuba socialista. Y digo el segundo, que es lo que siempre ha sido a la sombra de su hermano Fidel. Ahora, al frente del mando, la sombra de quien escribe y publica en la prensa, sin contar con nadie, Las Reflexiones del Compañero Fidel, lo sigue acosando dentro y fuera de la isla. En segundo lugar, no tiene tiempo, que los graves problemas económicos, sociales, organizativos y de toda índole que tiene el régen no le permiten soluciones a corto plazo y mucho menos cuando no existe ni tan siquiera la más mína de la intenciones de rectificar verdaderamente los males que los prociona. Y en tercer lugar, el sistema político no le permite acometer los más que mencionados cambios, pues de hacerlo sería la vía de escape donde se le escaparía el poder de sus manos, al cual los Castro están tan aferrados como la hiedra a la pared.
La visita de Carter hay que verla dentro del contexto muy particular y en su visión muy particular del mundo en el cual vive, cierto muy alejado de la triste realidad que vive el pueblo cubano. Los cambios a los que alude y felicita son más desempleo oficial, menos abasteciento de alentos, mayor envío de médicos y especialistas cubanos al extranjero en detrento de la asistencia en salud pública para los cubanos, y sin discusión alguna, una mayor represión para quienes se oponen al régen y que les permitió entrevistarse con el durante su estancia en La Habana. No obstante no podemos ser absolutos. Hay que dar un voto de confianza para comprobar quien es el equivocado. Esperemos a ver que sucede en las próxas semanas y demos tieeemmmpo al tiempo.
Una isla perdida en el mar
JULIO CÉSAR GÁLVEZ
Periodista
Exprisionero de conciencia cubano del Grupo de los 75