EL PROGRE GABILONDO

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Uno que lleva muchos años a la espalda recibe hoy la llamada de un gran cirujano, amigo de mi Padre, y me dice que me ha visto en una entrevista en La Razón y que le hace mucha ilusión saber del hijo de su amigo Pedro… Le he pedido por favor que mañana mismo nos veamos, porque los recuerdos de mi infancia… mis hermanos pequeños, mis padres, abuelos, tíos, primos… Los recuerdos que guardo en mi memoria en forma de olores, sensaciones… ¡Todo es una parodia! Que se lo pregunten a mi querido amigo y condiscípulo Vicente G. Olaya, que los recuerdos, recuerdos son.

En mis años de rodillas en el frío pasillo, silbaba canciones de Iglesia, mi cabeza siempre acababa estrellada contra el azulejo blanco de los pasillos que destilaban un insoportable olor a adrenalina de infante.

Habían tocado el ‘pito’. El hermano Felipe, que era gordo como un Obispo y expelía un cierto rezumo a poco lavado, salía a lo más alto de las escaleras, y desde allí pitaba como un sarraceno para que dejásemos de jugar y volviésemos a la realidad del Campo de Concentración de los Corazonistas de Alfonso XIII, 127 28016 de Madrid, para que no haya dudas. Formábamos, daba igual la temperatura, el frío de Madrid con pantalones cortos (así se hacen moyas de futbolista, decían las madres) o el calor que trepaba desde el asfalto sobre el que teníamos que tumbarnos para hacer gimnasia, o rodar cuando nos daban una patada futbolera.

Entre los ruidos de la calle, cuando nos dejaban salir y no estábamos castigados eternamente (Benavente, Sánchez Villas, Díez)… corríamos fuera del colegio para ir a la campa. Era el lugar sagrado de encuentro para deshacer entuertos. Allí te pegabas con dos de tu clase, otro de la de al lado, y otros tres de las aulas de tus hermanos pequeños. Un ritual más cercano al salvajismo de las cavernas, que a niños ‘bien’ de u colegio de curas y de pago. ¡Que engañados estaban! La realidad: ‘Un centro de internamiento para los que éramos más movidos’, hoy seríamos todos TDHA, TOC… Nuestro Concerta o Rubifen de los 70, eran dos buenas hostias y diez vueltas al patio, en el mejor de los casos. Porque el cura en cuestión también te podía obligar a estar de rodillas en los aseos, o acompañarle a un cuarto especial. ¡Voto a Zeus! Horror, pavor, tensión miedo, cuando oías tu apellido…

La política era algo que estaba fuera de todas las conversaciones sociales a las que puede tener alcance un enano de 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12 años, y lo recalco porque con 12 años jugábamos a las canicas, a las chapas, al churro va, y cosas por el estilo. Onán llegaba mucho más tarde que hoy, a no ser que te enseñasen, obligasen, o retorciesen tu voluntad de niño, para satisfacer las apetencias de un hombre con alzacuellos que aullaba mirando un crucifijo.

No contar el miedo que nos daba que se nos acercase el hermano Luis Santiago Villanueva Archéliz (hace más de 40 años), o el indeseable de Pedro María Bilbao Bilbao (a la sazón detenido por etarra), o el hermano Julio, o Florencio, Valeriano, Remigio (Vicente Ugarte Aizpeurrutia)… hijos todos del mismísimo Satanás, y resultado del aborto del Mayorazgo de Labraz, y de sus taras de matriarcado unido a hombres con manos y cabezas de piedra. Sin piedad, sin rehuir el cuerpo a cuerpo… ¡Y eso que hablo de los medio pensionistas!

Muchas fueron las tardes de castigo y sudor en una habitación con un fraile que se dormía y otro que entraba y sacaba a un Palomino de clase, y el niño volvía llorando, y nos reíamos de él… hasta que nos tocaba… injusto juego de la ruleta, con la sensibilidad de los que hoy ya hemos educados hijos que han pasado por la universidad, y tuvimos que vernos sometidos a los abusos sexuales, a los malos tratos, a la vejación, al insulto, a la comparación, al desprecio, al olor a descomposición en clase cada vez que se acercaba un depredador… Lo veo y lo sufro como si estuviese esperando las notas, de rodillas con la cabeza apoyada en un altillo para que el salvaje, asesino de sueños del hermano Remigio nos la pisase, que os juro que nos la pisaba y nos daba una paliza de las inolvidables. ¿Verdad Don Amalio? ¿Verdad Don Florencio? ¿Verdad Carballo? Todos eran CÓMPLICES, todos lo sabían, incluso entre ellos se advertían: ‘cuidado que te estás pasando. No le sigas pegando que le matas’…

Un día, llevaba poco más de un mes en el colegio, iba cantando por delante del despacho del director de los pequeños, se llamaba el Hermano Pablo, un buen hombre, asustado por todo lo que escuchaba e intuía, horrorizado por los castigos a los mayores… seguía cantando a mi bola, cuando de repente se presenta ante mí un hábito negro que no terminaba de ver en qué cabeza finalizaba, me eché para atrás, recuerdo que llevaba un pantalón corto que me había hecho mi santa Madre, que es la mejor (como las vuestras)… y del final de la sotana oigo que me preguntan si he visto al hermano no se qué, muy nervioso le dije que sí (no me había enterado del nombre ni de nada de nada), y me dijo dónde le había visto, y rápido contesté, en el patio. El cura de los cojones se había muerto la noche anterior, y estaba expuesto en el salón de trofeos del colegio. Por mentir, el incalificable cura me tuvo durante más de tres horas de rodillas delante del muerto. El ‘fiambre’ estaba rodeado de velas… en mi miedo, en mi mente se levantaba cada dos segundos, se le movía la cara… Realmente es una vivencia muy gratificante para un niño de seis años. Te ayuda a dormir, y te acompaña hasta que otra imagen más horrorosa la sustituye.

Todo lo que cuento en este relato de mi infancia es verdad, y podría escribir SIETE MIL ENCÍCLICAS con cada uno de los episodios. ¿Y los alumnos internos? ¡Ay los pobres internos! Qué noches, que dormían con ellos, para cuidarlos… para qué hablar.

Jugábamos al fútbol con más de 30 partidos simultáneos en el mismo patio, a la misma hora, y éramos capaces de no equivocarnos ni de portería, ni de equipo… jajajajaja… Recuerdo como Ángel Gabilondo se remangaba las faldas de su sotana y corría con los partidos de los mayores, siempre con un cerco de sudor en sus sobacos y con media melena. Ahora, evita cruzarte con él mientras lleva el balón, o descansa, porque te mete una buena hostia y te dice: ‘No hables Aparicio’. Cuando no te cruzabas por la Plaza del Perú con Ángel y dos feligresas…

Así eran los tiempos del cuplé, mientras se moría un asqueroso dictador y aprendíamos lo que es la METAFÍSICA, el Ser, Dios, interpretábamos lo que está más allá de lo físico, de lo material. Si se vive como un espíritu LIBRE será fácil olvidar, si no en sueños: ¡Que vienen, taparos! Aristóteles, padre, hijo…

Muchos se preguntarán si era con todos. Con todos los preferidos. A los que no nos dejábamos preferir, nos preferían y nos daban la del pulpo. Por otro lado, la gran mayoría de los padres, además de vivir en ‘otras épocas’ (niños de una sangrienta Guerra Civil), no eran conscientes de estas salvajadas. Y el barrio de Chamartín, en el que está este maldito colegio era un barrio mayoritariamente de militares, sobran más comentarios.

MI FELICITACIÓN DE HOY

A aquellas que habiendo sido madres segundizas, no han tenido la sensibilidad de anunciarlo para que salten las fanfarrias. ¡Que salten las músicas y las taberneras por los aires!

LA MALDAD DEL DÍA

A uno que creía que era mi amigo le puse un mensaje el 28 de enero, día de los inocentes de guachap, ayer me contesta lacónico: ‘Yo también te quiero’. ¡ENCARNA y las empanadillas! Por cierto, delicioso plato que preparaba mi portera La Petra, que siempre unió en su cocina lo mejor del pueblo, con excrecencias de mercado. Pedía lechuga para el pájaro, así se alimentó el cabestro. ¡Vete a la nevera y trae dos cervezas para el pápa!… jajajaja… ¡Madre no hay más que una!

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