Sexo: ¿vivimos reprimidos y entre etiquetas absurdas?

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Sexo, he aquí el dilema. Y es que parece que la sociedad y la propia cultura en la que vivimos intentan, y consiguen a menudo, formatear la manera en la que debemos vivir la sexualidad que buenamente nos ha sido otorgada además de animarnos, de manera inconscientemente, a etiquetarnos dentro de diferentes categorías dependiendo de nuestra orientación y gustos en ella. Otras veces somos nosotros mismos los que corremos hacia esas etiquetas que acaban convirtiéndose en jaulas, quizás en busca de seguridad o por sentirnos aceptados por formar parte de algo. Pero la sexualidad no se puede meter en un molde. Tenemos la capacidad de diseñar cómo queremos vivir nuestras vidas. Te propongo varias maneras de interpretar tu vida:

  1. La vida como una carrera: a veces me he encontrado con una sensación de urgencia constante. Son esas etapas en las que todo iba deprisa, no había tiempo más que para correr sin mirar atrás, y cumplir las responsabilidades que tenía. El estrés era el motor, y al final las consecuencias no fueron buenas.
  2. La vida como un laberinto: en otras ocasiones me he encontrado en un laberinto del que no era capaz de salir, acotado por muros alrededor que me impedían ver la salida.  Algunos de esos muros construidos por mí mismo, por mis creencias limitadoras y otros quizás aprendidos o adquiridos por el entorno en el que me movía o en el que había crecido. Hasta que llegó el día en el que decidí derribarlos, dejé que se cayeran y de repente fui capaz de ver todo el paisaje a mi alrededor. ¿Para qué enjaularse?
  3. La vida como un crucero ajeno: esta ha sido otra etapa en mi vida, en la que por un lado me sentía muy seguro y cómodo con todo lo que había logrado; vivía como en un hermoso y gran barco con todas las comodidades y servicios, un gran crucero, pero con un pequeño o gran problema y es que yo no llevaba el timón. Dirigido por otros y navegando en la dirección que ellos marcaban, yo me sentía a la deriva, como anestesiado por el lujo, sin voz ni voto. Era la sensación de estar viendo la película de mi vida, pero interpretada por otro.
  4. La vida como camino: finalmente descubrí que la vida es un simple, pero a la vez emocionante camino en el que uno traza su propia senda, anda y retrocede. A veces corre y otras se para, pero en todo momento es consciente de que está en un proceso de aprendizaje constante, siendo responsable de uno mismo, sin juicios, sin culpas. Un camino donde los errores no son más que el impulso y la oportunidad para seguir aprendiendo, donde lo importante no es tanto la meta, sino el descubrimiento de uno mismo y de su propia ruta.
Seguiremos informando…
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