No es país para decentes

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“El mundo está en una constante conspiración contra el valiente.” (Douglas MacArthur)

A nadie que estuviera al corriente de la relaciones del ex ministro José Manuel Soria con determinados miembros del Gobierno en funciones, le ha podido llamar la atención la falta absoluta de comprensión que estos han exhibido ante un cadáver político al que no han exteriorizado ni atisbo de lealtad, ni han dedicado el más mínimo aliento para el consuelo. Todo parece indicar que ha sido un fratricidio lo que ha llevado a la tumba al único ocupante digno, comparta o no el lector su pensamiento político, de lo que la jerga política llama la “silla eléctrica”. Un servidor que ha tenido el valor y la decencia de poner los intereses generales del consumidor por encima de los particulares del sector, un lunático con el despreciable objetivo de servir y para quien pueden estar seguros no habrá puertas giratorias.

Quien debería ser el orgullo de la derecha es un hombre de rigurosa solidez intelectual que siempre ha marchado al frente con valentía y seguridad, las mismas con las que protagonizó un histórico episodio ocurrido en un Consejo de Ministros en el que el de Hacienda abogaba por la necesidad de imponer unas tasas de favor a la generación de energía termosolar, se encontró con la negativa del de Industria que deseaba poner fin al disparate de las primas a las renovables y consideraba de justicia una fiscalidad homogénea para todo el sector, y que en plena discusión puso encima de la mesa un informe con membrete de Abengoa idéntico a otro que el excéntrico Cristóbal Montoro había presentado como propio, lo que provocó el asombro de los asistentes y que el recaudador mayor del reino inclinara su cabeza con la mirada clavada en los mismos cojones que había tenido para presentar el informe. Como también es vox populi que el ministro con mayor distancia y superioridad moral sobre el resto, en su día sostuvo un enfrentamiento con la pintoresca Soraya Sáenz de Santamaría a la que afeó su conducta cuando la vivaz vicepresidenta sorprendió a la decencia cambiando las condiciones que la Comisión Nacional de la Competencia había impuesto para que Atresmedia se pudiera hacer con La Sexta. Con semejantes antecedentes – a los que debe sumarse que a él se debe la anulación de la subasta eléctrica que impidió una subida astronómica del recibo de la luz, con lo que además de hacernos la vida menos sufrida demostró que se había manipulado el mercado- su suerte estaba echada: no cabía otra que liquidarlo.

La conclusión sacada por la mayoría ante el desconcierto mostrado por un político con más de veinte años de trayectoria impecable es que nos encontramos ante otro corrupto, aunque el mismo día en el que saltó la liebre, en una rueda de prensa apresurada en la que se mostró incapaz de interpretar cabalmente la aparición de su nombre en los papeles de Panamá, aseguró no haber tenido jamás empresa alguna en ningún paraíso fiscal. Al día siguiente, ¡sorpresa, sorpresa! surgieron nuevos documentos. Soria figuraba como secretario de una sociedad con el mismo nombre que la anterior pero registrada en el Reino Unido. Al tiempo que sus explicaciones comenzaban a desangrarse hasta el ridículo, afirmó no tener constancia ni conocimiento alguno del hecho de haber sido secretario de esa sociedad. Nadie creyó una palabra de un hombre al que la confusión le torturaba.

Uno puede encontrar discutibles las afirmaciones en las que por lo visto sólo cree él, o incluso intolerables por falsas como vengativa e indecorosamente hace la Sexta, pero cualquiera al que su precaución le lleve a ser objetivo no se puede tragar la rueda de molino de que una sociedad sea disuelta por alguien que no figura en su acta de constitución, ni que ese mismo alguien no haya figurado jamás en acta anual alguna. El desconcertado Soria, que reconoce suya la firma que aparece en el documento de disolución aunque no recuerda haberla estampado nunca, instalado en un glacial pesimismo empieza a temerse lo peor. Si tenemos en cuenta que antes de que pudiera comprobar nada, el pasado jueves, el despacho de abogados le hizo creer la falsedad de que su nombre y el de su hermano figuraban en la constitución de la empresa y que su firma figuraba en todas las actas. Por grandes que fueran las lagunas de su memoria todo hace sospechar que sus enemigos le han asignado el papel de corrupto sin darle opción a rechazarlo.

Quien no consiguió todo lo que se propuso pero si fue mucho lo que consiguió, ya convertido en ministro en defunciones, ha lanzado un recado a Montoro: “Alguien de un Gobierno no puede tener relaciones con una empresa con relación con sectores regulados.”

Antonio de La Española

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