Antonio de la Torre narra su ‘Tarde para la Ira’ en Destino: Wonderland

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Daniel Sánchez Arévalo confesó que escribió su personaje en Azuloscurocasinegro para que pudiera demostrar su talento interpretativo y el envite resultó ganador: Antonio de la Torre consolidó su carrera, obtuvo un Goya como actor de reparto y se ganó un prestigio trabajado con esfuerzo y dedicación, poniendo de acuerdo a crítica, profesión y espectadores. Aquella película también supuso el despegue de Quim Gutiérrez y Raúl Arévalo y el inicio de una gran amistad y colaboración profesional entre este último y Antonio de la Torre.

Tarde para la ira es el deseado debut detrás de las cámaras de Raúl Arévalo, una historia que empezó a pergeñar hace algo más de siete años (también es su ópera prima como guionista, tarea compartida con otro novato en estas lides, el psicólogo David Pulido), film protagonizado por Antonio de la Torre, tal y como su amigo le había requerido y prometido tiempo atrás. Recogiendo el testigo del llamado “cine quinqui” de Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma, fijándose en el Carlos Saura de los 70, también en Peckinpah o en los hermanos Dardenne, vampirizando (como él mismo ha confesado) a todos los directores con los que ha trabajado, Raúl Arévalo debuta con fuerza y acierto, la película ha cosechado grandes críticas internacionales en el Festival de Venecia (incluyendo un premio a Ruth Díaz en la sección Orizzonti) y se ha visto en el recientemente finalizado Festival de Toronto.

Poco antes de la celebración del Festival y coincidiendo con el estreno de la película en las salas españolas, Antonio de la Torre conversó con Destino: Wonderland en una charla distendida y emocionada por el clamor sin freno que acompaña a Tarde para la Ira. Afirma que nunca tuvo dudas de lo buen director que sería y de cómo ayudaría a sus actores a dar lo mejor porque: “Ha sido mi coaching en varias ocasiones a la hora de crear personajes complicados”. A pesar de la acción a ratos trepidante que preside la película, Tarde para la ira alcanza sus mejores momentos en los silencios, en las miradas, en lo personal, en lo humano, con un Antonio de la Torre que maneja con gran acierto las zonas oscuras de su personaje.

Coincidiendo con el inminente estreno en España de la nueva versión de Los siete magníficos, Pablo Vilaboy recuerda la famosísima y espléndida partitura del filme original (en realidad, una adaptación de Los siete samuráis de Kurosawa) y traza una semblanza artística de aquella y de otras inolvidables bandas sonoras: Elmer Bernstein. Candidato en catorce ocasiones al Oscar, sólo obtuvo una estatuilla por su trabajo en Millie, una chica moderna, aunque su nombre siempre estará asociado a títulos como Matar un ruiseñor, La gran evasión, La edad de la inocencia o el que fuese su último trabajo para la gran pantalla Lejos del cielo.

 

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