¿Vivimos en el pozo del conformismo? La enfermería ante el reto que plantea el paciente crónico

Publicidad

La opinión de Pablo González Ponce, enfermero en Gestión sanitaria

El aumento de la esperanza de vida y la prevalencia de la enfermedad crónica hace inevitable la revisión del actual modelo donde la enfermedad aguda se ha hecho con el control y somos meros solucionadores cortoplacistas, rompiendo la continuidad asistencial, sin criterio unificado y casi desde un punto de vista únicamente médico. El propio sistema ha creado tiempo atrás indicadores de salud y modelos de éxitos basados en la resolución inmediata, olvidando objetivos en el medio-largo plazo y lo que es preocupante, olvidando al paciente.

La transformación está en la necesidad social. El paciente crónico tiene toda una vida por delante, por lo que debemos encontrar, convenir, oficializar e instaurar modelos educacionales, preventivos y formativos, introduciendo al paciente dentro del equipo multidisciplinar, con voz y voto en la gestión de su enfermedad, dotándole de herramientas necesarias para conservar la calidad de vida e independencia, como mínimo, para las actividades básicas de la vida diaria. El empoderamiento del paciente, de obligado cumplimiento.  

La Estrategia elaborada para el abordaje de la cronicidad por el Sistema Nacional de Salud aboga un manejo multidisciplinar del paciente crónico y por la continuidad asistencial. No debemos caer en la soberbia y orgullo de no involucrar a todos los profesionales, paciente incluido, en la mesa de discusión.

La dificultad de la enfermería en encontrar un espacio relevante y específico en foros significativos ha sido y es elevada, siendo habitualmente ninguneada. Pero no es menos cierto que existe un problema formativo en el plan universitario. Es tiempo de reflexionar por qué el estudio enfermero está completamente orientado al cuidado y vida asistencial, olvidando demasiados aspectos fundamentales, y no solo por el propio beneficio de la profesión, sino por el papel clave y estratégico que debe adoptar para el cambio en el modelo, porque lo exige el paciente y la propia sociedad. Reclamar el sitio que la enfermería debe ocupar no es reivindicar en vano, es alinearse con los planes y estrategias de cronicidad y sostenibilidad del sistema.

Las jerarquías verticales son un modelo caduco y hay que trabajar la horizontalidad de cada centro donde desempeñamos nuestra labor. Para ello, es necesario un cambio en el plan de formación, pero también de cultura y mentalidad. El primer paso, la autocrítica. No vivimos en la zona de confort, lo hacemos en el pozo del conformismo.

Investigación, docencia y gestión. Tres grandes ramas que hay que recuperar y potenciar para formar a enfermeras/os con capacidad crítica, de análisis y toma de decisiones, sin olvidar su leitmotiv, el cuidado.

“La investigación en salud y la innovación sanitaria constituyen instrumentos fundamentales para incrementar el bienestar socioeconómico, garantizar la sostenibilidad de los sistemas de protección social y mejorar la calidad y expectativa de vida de la ciudadanía” (Ministerio de Sanidad, 2012. Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad en el Sistema Nacional de Salud)

De los 240 créditos asociados al grado de enfermería, en la Universidad Autónoma de Madrid o en la Universidad Complutense de Madrid, menos del 1% están destinados a estas tres ramas y no hay oferta en créditos prácticos. En el ámbito privado, la situación es similar. Hay que ampliar la oferta formativa. La coordinación y gestión debe formar parte del contenido de la profesión.

No rehuyamos nuestra corresponsabilidad de garantizar la sostenibilidad del sistema. Debemos evolucionar y reescribir el modelo, donde el paciente es el único protagonista principal, y para ello, participaremos activamente, no solo asistencialmente, sino en la toma de decisiones. 

Publicidad
Publicidad
Salir de la versión móvil