La Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruber Internacional trata enfermedades neurológicas y psiquiátricas con excelentes resultados

El Dr. Roberto Martínez, jefe de la Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruber Internacional
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La Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruber Internacional, a lo largo de los últimos 25 años ha venido desarrollando una serie de programas, junto con otras unidades y servicios del centro, que lo han convertido en referente nacional para el tratamiento de algunas enfermedades neurológicas.

En estrecha relación con el Servicio de Neurología, dirigido por el Dr. Oriol Franch, trata la enfermedad de Parkinson mediante estimulación cerebral profunda desde 1993. Un tipo de intervención quirúrgica en la que se implantan electrodos dentro de ciertas áreas del cerebro responsables de los movimientos anormales del paciente. Los resultados son notables. En el 75% de los casos se consigue una mejoría en las escalas de rigidez, de calidad de vida y una disminución de la ingesta de L-DOPA, una substancia que combate los síntomas de la enfermedad pero que suele acompañarse de efectos secundarios no deseables. Además de la enfermedad de Parkinson, esta intervención también es útil en pacientes que sufren distonías, es decir trastornos del movimiento que causan contracciones involuntarias de los músculos con frecuencia muy invalidantes.

Tal y como explica el jefe de la Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruber Internacional, Dr. Roberto Martínez, “la operación consiste, primero, en la colocación de un sistema de referencia estereotáxica, un instrumento que se fija a la cabeza del sujeto con anestesia local. Hacemos una resonancia magnética para tomar una serie de medidas y ver las estructuras anatómicas, así como el objetivo de donde debemos llegar”.

Una vez en el quirófano, el neurocirujano realiza un orificio en la cabeza del paciente y se coloca con precisión submilimétrica el electrodo gracias a la técnica estereotáxica. Una técnica neuroquirúrgica que permite localizar exactamente un punto dentro del cerebro. “A partir de ahí, -describe Roberto Martínez-, si conseguimos los resultados adecuados, ese electrodo se conecta a un estimulador que colocamos debajo de la piel, una especie de marcapasos. Ese estimulador crea una corriente que bloquea el objetivo cerebral que queremos aliviar”.

Según este especialista, “el marcapasos normalmente funciona de manera totalmente autónoma en los pacientes de párkinson, aunque se puede conectar y desconectar. En el caso de que el paciente consuma mucha energía puede recargarlo con objeto de que no consuma tanta energía y las pilas interiores duren más, hasta nueve años. Pese a su autonomía, el estimulador se tiene que recargar periódicamente (cada dos o tres días) mediante un aparato similar a un teléfono móvil”.

Los resultados de la cirugía son muy beneficiosos para el paciente. “Prácticamente en el 75% de los casos que operamos existe una mejoría muy evidente en las escalas de rigidez, de movimientos anormales y de calidad de vida. Así como una disminución en la ingesta de L-DOPA”. Cuando la intervención no es efectiva, se dispone de otras herramientas. “Los neurólogos están utilizando bombas de perfusión para la administración de fármacos que van directamente al estómago o a la sangre. Estas terapias alivian los síntomas de los pacientes cuando se encuentran en situaciones de gravedad extrema”. Pese a sus ventajas, la estimulación cerebral profunda no está exenta de complicaciones o riesgos. “Por ejemplo, infección del sistema que implica la retirada del mismo -asevera el doctor Martínez-. Una vez resuelta la infección se puede reimplantar”.

En algunos casos de enfermedad de Parkinson con predominio de temblor y en los pacientes que presentan temblor por otras causas así como distonías, desde el año 2005 la Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruber Internacional comenzó a realizar tratamientos mediante radiocirugía sobre centros cerebrales localizados en el tálamo. “Se trata de un sistema mediante el cual hacemos converger la radiación en un punto determinado del cerebro induciendo una serie de cambios en las vías de conexión cerebral. Se han conseguido unos resultados contrastados con una mejoría significativa en el 80% de los pacientes tratados con temblor”, puntualiza el Dr. Martínez.

La Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Ruber Internacional prescinde del uso de la estimulación cerebral profunda en algunas patologías psiquiátricas, como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o la anorexia nerviosa. “Esto se debe -afirma Roberto Martínez- , a que no hay ninguna prueba evidente de que los resultados sean mejores con la estimulación cerebral profunda que con las técnicas que nosotros utilizamos y las complicaciones son mayores. La radiofrecuencia, introduciendo una sonda que se calienta en su extremo distal mediante la técnica estereotáxica ya descrita, y la radiocirugía son las técnicas empleadas en el tratamiento del TOC y la anorexia nerviosa”. Además de este tipo de patologías psiquiátricas, nuestra Unidad realiza un gran número de tratamientos para diferentes cuadros de dolor y otras patologías.

“En los casos extremos de anorexia nerviosa – indica el Dr. Roberto Martínez-, dependiendo del perfil del paciente, utilizamos estas técnicas para bloquear determinadas vías de conexión correspondientes al sistema límbico que es el conjunto de estructuras dentro del sistema nervioso que regula las emociones. Gracias a la colaboración con la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Ruber Internacional, que es referente nacional y está dirigida por el Dr. José Casas, fue posible poner en marcha el programa correspondiente al tratamiento quirúrgico de la anorexia nerviosa”. El primer caso fue intervenido hace 7 años y se trata del centro hospitalario en España con mayor experiencia en este campo y señero en Europa en cuanto a experiencia clínica en la cirugía de estos casos.

En otros trastornos psiquiátricos como el TOC, “también se realiza un bloqueo selectivo con radiofrecuencia o una radiocirugía en las vías de conexión entre el tálamo y el lóbulo frontal con excelentes resultados. En el caso de la radiocirugía, se lleva a cabo una neuromodulación, no se trata de lesionar el tejido, sino que alterar sus propiedades de conducción. A lo largo de los últimos años se ha creado en este hospital una Unidad de TOC, con la colaboración de diferentes psiquiatras expertos en la materia, que está generando resultados muy positivos reflejados en una publicación científica de muy reciente aparición”, asegura Roberto Martínez.

Para tratar determinados casos graves de depresión –subraya el neurocirujano-, se desconectan vías que relacionan el lóbulo temporal del cerebro con el lóbulo frontal, sin que se altere la personalidad del paciente, en el contexto de un estudio prospectivo puesto en marcha con los medios del propio hospital.

En cuadros dolorosos, la Unidad de Neurocirugia Funcional colabora con la Unidad del Dolor del hospital, “y se practica radiofrecuencia o compresión sobre el nervio trigémino (nervio sensitivo de la cara) y también tratamientos mediante radiocirugía que son muy eficaces sobre la neuralgia típica del trigémino y otras neuralgias menos frecuentes como la relacionada con el nervio glosofaríngeo. Por otro lado, frente a dolores neuropáticos se utilizan electrodos para estimular la corteza cerebral o diferentes zonas medulares.

Además están en marcha diferentes estudios para tratar zonas del tálamo cerebral relacionadas con esta patología. En este sentido la colaboración de la Unidad de Neurorradiología, dirigida por el Dr. Juan Linera, es esencial pues están efectuando aportaciones muy importantes para conocer la conectividad del cerebro a través de la denominada “tractografía cerebral”, manifiesta el Dr. Roberto Martínez.

Por último, la Unidad de este experto también colabora con el Programa de Epilepsia del Ruber Internacional, tutelado por el Dr. Antonio Gil-Nagel. “Realizan implantes de electrodos profundos para registrar el cerebro a distintos niveles mediante el estéreo EEG. Una vez localizado el foco, en la mayor parte de ocasiones, se opera y extirpa. Algunas veces se emplea la radiocirugía para bloquear esos focos”, concluye el doctor Martínez. 

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