miércoles, 28 octubre, 2020

Iván Redondo se enreda en sus cortinas de humo

Ivan Redondo

Suele contar Iván Redondo a quien quiere escucharle su afición por el ajedrez, como preámbulo para glosar las jugadas que él mismo alimenta con entusiasmo. Y es que, según cuentan quienes lo conocen, no hay nada que más satisfacción produzca en el jefe de gabinete del presidente del Gobierno que las loas a su enorme poder. De hecho, los titulares se reparten entre él y su jefe, Pedro Sánchez, a partes iguales cuando se trata de poner en valor la gestión del Gobierno o las entretelas del poder. El último ejemplo, el nombramiento de Cani Fernández para la CNMC, destacado con grandes titulares en varios medios con el acento, eso sí, en que Fernández trabajaba como asesora de Redondo. Otro ensalzamiento de su poderío, bien posicionado en medios con influencia en la Economía. 

Los medios engrasados por la elocuencia (también) del llamado gurú de Moncloa, no han escatimado caracteres para hacer ver, una vez más, que quien manda es Redondo. Y no hay más que hablar. Eso sí, cuando el Aló Presidente se convierte en el momento más plúmbeo del día de todos los españoles, cuando la homilía sanchista irrita hasta a los suyos, cuando Pablo Iglesias incendia los cimientos, cuando la hecatombe se mastica, los titulares evitan a Redondo. Es entonces cuando deja de ser el todopoderoso, el mandamás, el gurú. Su nombre se preserva como un vestido de novia cuando el caos se instala en el Ejecutivo. Y el caos está siendo extraordinario en este Estado de Alarma que su jefe, -o él mismo como oráculo supremo- tiene previsto ampliar hoy por sexta vez si ERC pasa del no a la abstención. 

Seguro que Redondo conoce ese famoso proverbio que dice que cuando la partida de ajedrez termina, el Peón y el Rey vuelven a la misma caja. Por eso él aplica sus reglas: alimentar su leyenda para volver a una caja distinta -quizá más grande y lustrosa-, eliminar la hojarasca del tablero, que diría Capablanca. Pero la pandemia ha puesto a prueba sus habilidades y no parece que, de momento, el gurú haya brillado demasiado por su talento. 

Redondo decide, como ya hizo en el Gobierno del popular Monago, cómo se reparte la tarta publicitaria y también diseña esa estrategia de sobreinformación que mantiene a los periodistas trabajando horas tras horas para atender a todas las ruedas de prensa, comparecencias, reportajes y demás acciones que muchas veces sirven para desviar la atención del foco del problema. Cortinas de humo que van desde abuelos felices a todas horas en televisión, familias encantadas en el confinamiento, muchos aplausos, mucho juego de fechas en la desescalada, hasta el desvío de responsabilidades a las Comunidades autónomas con respecto a la pandemia, los ataques a la Comunidad de Madrid… Todo ello le había permitido ir ganando tiempo de cara a la siguiente jugada. Hasta las últimas provocaciones del vicepresidente Pablo Iglesias y de la ministra Montero le sirvieron para generar el debate de los buenos y los malos en el Gobierno, un clásico, por otra parte, que hemos visto en todos los Ejecutivos, si bien hay que reconocerle que este Frankenstein presenta características inquietantes y, por tanto, mayor desgaste.  

El vídeo que ABC difunde de la ministra Montero («Pues, tía, creo que al coronavirus…..No lo voy a decir pues porque no lo voy a decir»…), consigue por unas horas desviar la atención del quilombo del cese del coronel Pérez de los Cobos, pero El Confidencial publica una nota interna de la directora de la Guardia Civil, María Gámez, que revela que el cese del coronel se produjo por no filtrarle las investigaciones al ministro Marlaska, justo lo contrario a lo que sostenía el propio titular de Interior hace unos días.

La gestión de la crisis no ha podido ser más desastrosa desde el punto de vista de la comunicación, pero el gurú del Gobierno, el coordinador de coordinadores, el responsable de toda la estrategia, se aparta del foco como quien huye de la peste, en un intento de orillar su nombre de cualquier conflicto que pueda perjudicar su imagen. La pregunta es: Si Redondo es quien diseña, manda, aplica y dirige la estrategia, ¿por qué permitió que Marlaska diera una justificación marciana del cese del coronel? ¿Obedeció el ministro las instrucciones de Redondo? Y si no fue así, ¿acaso es que Redondo no controla la comunicación de los ministros? Es decir, ¿Redondo manda mucho, poco, manda para unas cosas y para otras no? ¿Va Marlaska por su cuenta u obvia las indicaciones del gurú? ¿Quién es el Peón en esta jugada?

No es el ministro del Interior uno más en el Gabinete, si no una de las personas de mayor confianza del presidente. No en vano, éste le ha expresado su apoyo en esta, la penúltima crisis del Gobierno. Por tanto, se podría inferir que tanto el ministro como el propio Redondo mantendrían una relación estrecha en tanto en cuanto pertenecen a ese selecto núcleo de elegidos de Pedro Sánchez. Vienen a cuento las palabras de Mijail Botvinnik. El padre de la Escuela Soviética de Ajedrez sentenció que «quien desee llegar a ser un gran jugador deberá perfeccionarse en el campo del análisis». Pues eso.

Florinda Chico.

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