viernes, 22 enero, 2021

El exceso de expectativas de Sánchez amplifica la derrota de Calviño y los intereses de la CEOE

Nadia Calviño. Image: @APIE_es

Teníamos tanta confianza en que Nadia Calviño presidiría el Eurogrupo, que el NO europeo a la ministra de Economía ha sido un jarro de agua fría para el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. También para los empresarios, especialmente para el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, que ha puesto toda la carne en el asador para unir al Ibex en torno a la candidatura de ésta, consciente de que era el mal menor dentro del Gobierno de coalición con Unidas Podemos y sus postulados comunistas.

La candidata socialista española fue derrotada por el irlandés Paschal Donohue después de una sobreexposición mediática y una gestión de expectativas tan exagerada que el fracaso se ha percibido aún más agrio.

Lejos de las intenciones de la también vicepresidenta, a la que reconocen su nulo afán de protagonismo, los fontaneros de Moncloa diseñaron una estrategia excesiva con el fin de vender el liderazgo de España, que no era otro que el de Sánchez, y de paso, ir configurando un relato en el que la recuperación económica de nuestro país, con la ministra al frente del Eurogrupo, sería menos lenta. Mantener el gasto social que le permitiría Europa gracias a unos fondos de rescate más ventajosos le daba oxígeno al presidente para llevar a cabo una política de más gasto público, con la que hacer electoralismo hasta la próxima cita con las urnas, y una vez más, marcar la diferencia con sus socios de Podemos.

Cuentan en Moncloa que el presidente empieza a sospechar de los consejos de Iván Redondo. Europa no ha sabido entender los mensajes, y lo ha pagado CALVIÑO.

La influencia de Calviño en la Unión Europea era fundamental para alcanzar los objetivos, y para ello, los asesores de Moncloa, capitaneados por Iván Redondo, planificaron una estrategia tan exagerada que Sánchez terminó por morir de éxito. Las constantes apariciones de la vicepresidenta económica y, sobre todo, la sobreactuación de Sánchez, trasladando sutilmente en sus discursos y expresamente en su lenguaje corporal, un éxito que aún no se había producido, suponen un varapalo de consecuencias extraordinarias. El presidente se encuentra ahora en manos de Donohoe, democristiano más que liberal, pero muy crítico con el incumplimiento del déficit, lo que dificulta la culminación de los anuncios que ha ido desgranando en su desescalada mediática, una vez terminado el Aló Presidente.

El “escudo social” que acuñaron Sánchez y Pablo Iglesias para dar titulares y tratar de diferenciarse de las políticas económicas del PP, se torna ahora complicado de explicar, sobre todo, cuando en su estrategia de ir colando las medidas con el efecto arrastre de la elección de Calviño, se ha quedado sin la influencia y el liderazgo que las sustentaban de cara a la opinión pública.

El Gobierno ha aumentado el déficit en los últimos meses confiando en que iba a obtener ventaja en la concesión de los fondos. Creó el relato y se lo creyó o como dice el refrán, vendió la piel del oso antes de matarlo. Ahora la negociación en Europa se torna dura y en el seno del Ejecutivo también. Calviño, contrapeso de Iglesias en el Gobierno, ha sido favorable a cumplir con la ortodoxia financiera y la moderación fiscal, una posición a años luz de los postulados de Podemos.

Sánchez tendrá que demostrar ahora sus habilidades negociadoras, sobre todo con Merkel. La capacidad de influencia de Alemania puede ayudar y mucho en un escenario tan vulnerable como el de los apoyos con los que el presidente cuenta para aprobar los Presupuestos del Estado. 

Seguiremos Informando…

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