martes, 20 octubre, 2020

Almeida ajusta el foco mediático para protegerse en la carrera por el PP de Madrid

No es que haya dejado de aparecer en los medios de comunicación, pero sí ha ajustado sus intervenciones. Las últimas semanas, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha aparcado su vertiginosa agenda mediática para elegir bien aquellas apariciones que le interesan de cara a reforzar la imagen de concordia aquilatada en la gestión de la pandemia.

Consciente de la visibilidad que le da Madrid, para los elogios y para las críticas, el alcalde sabe que, si quiere optar a un cargo dentro del PP de Casado y, sobre todo, a presidir el PP de Madrid, debe rebajar el perfil para no generar envidias innecesarias. Algunos en su partido ya murieron de éxito precisamente por exhibir sus ansias de poder. Antonio González Terol pasó de alcalde de Boadilla a quedarse sin candidatura para repetir en su pueblo por parapetarse tras las “fuentes próximas” y pasarse de frenada al difundir su nombre por todos los medios para la presidencia de la Comunidad cuando Casado buscaba nombres debajo de las piedras.

Almeida siempre ha estado en tercera fila política hasta la última y definitiva dimisión de Esperanza Aguirre, pero en sus muchos años en la fontanería ha visto cómo unos caían y otros reforzaban su peso dentro del partido manejando la exposición mediática. Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo, supo posicionarse en las televisiones defendiendo con vehemencia los principios de los azules y no rehuyendo los debates cuando Casado deshojaba la margarita de los candidatos a Madrid. Su continua presencia, con la prudencia de no posicionarse en la carrera por presidir la Comunidad de Madrid, contribuyó notablemente a su elección para sustituir a Ángel Garrido (el Trincón), ahora en Ciudadanos.

A un año para que se celebre el congreso del PP de Madrid, Ayuso y Almeida compiten por presidir la organización con más peso en el partido. Como ya ocurriera con Aguirre y Gallardón, ambos reproducen el tándem: la que habla sin tapujos y el que modula los mensajes, salvando las enormes distancias con sus predecesores, que son insalvables.

La presidencia del PP del Madrid no es cuestión baladí para presidenta y alcalde, por mucho que ambos escenifiquen que “no estoy en eso” y frases parecidas, tan sobadas ya que hasta resultan grotescas. Los dos saben que sin “territorio” dentro del partido las cosas se pueden complicar y mucho. Tener a la organización es tener el apoyo de los de dentro, el músculo del aparato, el mismo que aupó a Almeida para hacerle portavoz del grupo municipal con Cristina Cifuentes de presidenta, tras la salida de Aguirre.

Madrid es la perla del PP, y lo saben…

Javier Arenas siempre mandó en Andalucía; Rato en Madrid; Cospedal, pese a las críticas, compatibilizó la secretaría general del partido con la presidencia de Castilla-La Mancha y su marido, donde también mandaba en el partido; Aguirre controló doce años la organización en Madrid tras barrer a Gallardón, que nunca antes se ocupó del partido, en el congreso de 2004. Pero Casado, que se crió y creció políticamente con Aguirre, sabe lo que significaría dejar al alcalde o a la presidenta de Madrid la planta primera de Génova. Demasiado poder, demasiados quebraderos de cabeza ahora que las aguas corren más claras en la organización. Precisamente por eso los de Casado barajan en estos momentos la posibilidad de obviar a una y a otro y utilizar una tercera persona que presida la organización regional, lo que internamente llaman la “tercera vía”. Y, ahí sigue Pío, Pío que yo no he sido…

Tras la corta presidencia de Cifuentes, apenas un año al frente del PP de Madrid, del que salió también por el escándalo del master, la organización quedó en manos de Pío García Escudero, el hombre recurrente del que siempre echan mano en Madrid. Como secretaria general, Casado apostó por una persona de su confianza, Ana Camins, entrenada en la escuela aguirrista, donde hizo, como su jefe, su carrera política. De momento, la secretaria general ha puesto patas arriba los distritos de la capital, cortando cabezas históricas dentro del partido para colocar a próximos de la era Casado, un movimiento que no ha sentado nada bien entre los más veteranos y aún peor en la Puerta del Sol donde ven un claro favoritismo por personas de Almeida. Señalan a Ángel Carromero, mano derecha del alcalde e íntimo de Casado, como el muñidor de la operación con la que ha logrado poner a sus peones y tejer una red en torno al regidor y a él mismo (“Carromero siempre trabaja para él”, dicen diputados de Madrid) de cara al próximo congreso regional.

Falta un año, pero la carrera por ocupar el sillón regional más importante del PP no ha hecho más que empezar.

Seguiremos Informando…

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