miércoles, 30 septiembre, 2020

Sánchez premia la labor de propaganda de Iván Redondo y le coloca al frente del organismo para el reparto de los fondos

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La organización de los aplausos para Pedro Sánchez, la elaboración de los discursos vacíos del Aló Presidente, el fracasado exceso de expectativas en el fallido nombramiento de Calviño, el traslado de responsabilidades a las comunidades autónomas en la pandemia, el silencio organizado en torno a los escándalos del vicepresidente, Pablo Iglesias, el descontrol de las actuaciones de Grande Marlaska…la propaganda, en definitiva, elaborada y aplicada por Iván Redondo, ha sido premiada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, otorgándole a su jefe de Gabinete y gurú máximo la responsabilidad de coordinar el seguimiento del fondo de reconstrucción de España. Se trata de una unidad de nueva creación a través de la cual se vigilará el reparto de los 140.000 millones procedentes de la UE entre las comunidades autónomas.

Que Sánchez haya confiado semejante responsabilidad en su jefe de Gabinete dice mucho de la confianza hacia la persona que ha diseñado, organizado e implementado todo el aparato de propaganda del Gobierno. Desde las gafas de sol con las que Sánchez hizo su ridículo estreno como presidente en el multiusado Falcón, hasta las performances de los aplausos de sus ministros y diputados a un presidente al que nadie ha aplaudido en Europa.

La maquinaria publicitaria del Gobierno que controla Redondo no sólo cuenta con centenares de funcionarios y asesores a dedo que pagamos todos los españoles, también incluye a personalidades del mundo de la empresa, la consultoría y otros sectores clave (para Redondo) que son convocados por el jefe de Gabinete de Sánchez con el pretexto de recibir feedback de las iniciativas del Gobierno o, mejor dicho, de la publicidad que él mismo pone en marcha.

A Redondo le gusta que le alaben por su capacidad de estratega y por su influencia. Sirva este artículo para que coleccione uno más de cara a su futuro profesional fuera de la política, que ya se sabe que el puesto de confianza con erario público no dura toda la vida y hay que sembrar mientras se está en el poder. Y en esa siembra está la apertura del fondo a la colaboración público-privada que ha anunciado Sánchez. Es decir, Redondo contará con un grupo de “alto nivel”, según describió el jefe del Ejecutivo en la Conferencia de Presidentes, con el que relacionarse. Otro más donde repartir tarjetas para el futuro entre personalidades influyentes mientras aplica la propaganda que en el caso del reparto de los fondos, se prevé de dimensiones extraordinarias.

Si en el reparto de mascarillas a las comunidades autónomas, el Gobierno exigió a sus delegados (al menos al de Madrid) que dejaran claro en una carta a los ciudadanos que las mascarillas las daba el Gobierno de Sánchez y no el de Ayuso, todo hace prever que, con 140.000 euros, lo de la carta (pagada con fondos públicos para mayor gloria de la reputación del presidente) fue una minucia.

Poner el jefe de la manipulación a vigilar la coordinación en el reparto de los fondos es como poner al lobo a vigilar a las gallinas, pero es lo que quiere Sánchez. Después de la censura con los muertos, de la manipulación de la realidad en la pandemia, de las mentiras sobre el comité de expertos inexistente, Sánchez no quiere quedarse sin su vídeo épico y sin sus aplausos. Y más con la crisis económica y social que está por llegar.

Seguiremos Informando…

Prisciliano.    

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