SALUD MENTAL

¿Cómo identificar si alguien está sufriendo un trastorno de la conducta alimentaria?

LA PANDEMIA HA DISPARADO LOS TRASTORNOS ALIMENTICIOS EN LAS PERSONAS MÁS VULNERABLES: NIÑOS Y ADOLESCENTES

La tristeza, el miedo, la frustración, la sensación de impotencia, soledad y la ansiedad provocados por el Covid-19 han generado un caldo de cultivo ideal para el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)

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Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)  han aumentado durante estos dos últimos años de pandemia especialmente en niños y adolescentes. Y es que, la Covid–19 ha tenido un fuerte impacto en la salud mental de la población. El distanciamiento social, el aislamiento, la cuarentena, los problemas económicos y la incertidumbre general se encuentran entre las principales variables que han contribuido a un aumento generalizado de la tristeza, el miedo, la frustración, la sensación de impotencia, soledad y la ansiedad. Un caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de este tipo de trastornos.

Actualmente, alrededor de 400.000 personas en España sufren un trastorno de la conducta alimentaria: la gran mayoría adolescentes y la gran mayoría mujeres. Además, los datos recogen que la incidencia aumentó notablemente en 2020, al igual que la sintomatología se ha agravado en quienes ya padecían el trastorno. También el número de consultas en las unidades y centros especializados en el tratamiento de los TCA se ha incrementado notablemente.

Ahora bien, para este tipo de casos la detección temprana resulta fundamental la identificación temprana por parte de las personas más cercanas como pueden ser familiares, amigos o profesores.

Factores de riesgo

Per, antes de poder identificar un problema con la conducta alimentaria en alguien cercano especialmente en niños y adolescentes, tenemos que conocer qué factores pueden ser causantes de este tipo de enfermedad. Ya que conociendo las causas el tratamiento podrá ser más eficaz.

En general,  los trastornos de la conducta alimentaria emergen debido a la confluencia de múltiples factores. Por un lado encontramos los factores socioculturales: por la presión social, que considera el atractivo físico como el valor personal predominante, equiparando belleza y atracción con delgadez; y por otro, factores genético-biológicos: es decir, existe mayor riesgo si tienen familiares que han padecido esta enfermedad.

N se pueden olvidar tampoco los factores personales, puesto que son más vulnerables las personas con dificultades en las relaciones interpersonales, o que dependen en exceso de las opiniones externas. Y por último, factores familiares, esto es, familias en las que la apariencia ocupa un lugar privilegiado y/o en las que no existe una alimentación estructurada.

Señales de alarma

Sin embargo, partiendo de los factores que son bastante evidentes, los expertos aseguran que el inicio de un trastorno alimentario suele ser insidioso. En muchas ocasiones, cuando la familia y el entorno lo identifican ya se encuentran ante un problema grave. En todo caso, hay una serie de señales que pueden permitir a la familia identificar la presencia de un TCA.

A nivel físico, el síntoma más evidente es sin duda la pérdida de peso de origen desconocido. El entorno del paciente percibe que ese niño o niña está cada vez más delgado sin que exista una enfermedad que pueda explicarlo. Además, como consecuencia de la perdida de peso, el cuerpo está en un estado de desnutrición que puede ocasionar alteraciones como pérdida de cabello, sensación de frío constante o irregularidades en la menstruación.

Pero, no debemos olvidar que no en todos los TCA se produce una pérdida de peso significativa. Es posible que en ocasiones el peso del paciente no varíe, o incluso aumente. Lo que sí está presente en los pacientes es el miedo y el rechazo al sobrepeso.

A nivel conductual, la familia puede identificar ciertos comportamientos anómalos. Por ejemplo, es habitual mostrar mucho interés por llevar una alimentación extremadamente saludable y rechazar determinados alimentos que antes sí le gustaban. O es posible, según el tipo de trastorno, que esconda alimentos que posteriormente consume, o que se levante de la mesa y se encierre en el baño después de cada comida. Asimismo, aparece un interés elevado por el seguimiento en redes sociales de cuentas relacionadas con la realización de dietas, alimentación sana y control del peso.

Y por último, a nivel emocional, la persona que sufre un trastorno alimentario se muestra triste, irritable y con muy baja autoestima. Las familias perciben cambios de humor frecuentes y la sensación de que la persona afectada siempre está enfadada.

¿Qué hacer si detectamos cualquiera de estas señales?

Pues bien, si como familiar detectamos este tipo de actitudes, lo primero que recomiendan los profesionales de la salud mental es fomentar el diálogo, mostrar interés por la persona afectada y por lo que le pueda estar pasando, fomentando un clima de confianza.

Siempre teniendo presente que el momento de la comida no es el idóneo para iniciar la conversación. En esa situación suele haber tensiones y enfados. Es mejor aplazar la conversación a un momento en el que los miembros de la familia puedan conversar sin esas tensiones. Y, cuando la oportunidad de dialogar llega los padres deben estar preparados para escuchar de manera activa y poner toda su atención en lo que sus hijos expresan sin entrar a debatir con ellos, por muy irracional que parezca lo que sale de sus labios.

A partir de este momento, el siguiente paso es siempre conseguir que la persona afectada acuda a un especialista. Una labor a veces muy complicada. Siendo lo más adecuado visitar en primer lugar al médico de atención primaria para que derive al paciente a la unidad de salud mental y comenzar así un tratamiento con las pautas que sean necesarias.

Seguiremos informando…

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