El impacto del documento emitido por el Consejo de Informativos, todo un Libro Blanco de la manipulación ejercida por producciones externas del ‘infoentretenimiento’, ha sido de tal calibre que a estas horas lo mínimo que se podría exigir a la oposición es la petición de una comisión de investigación y el ejercicio de acciones legales contra el principal responsable de lo sucedido.
Esa responsabilidad tiene nombres y apellidos: José Pablo López. El presidente de la Corporación, colocado en una votación inenarrable en plena DANA de Valencia que a Gabriel Rufián le importó una higa en su momento, ejerce como virrey absoluto de los deseos de Moncloa. Y eso, pese a que luego intente camelarse a ciertos medios de derechas -otros los tiene, directamente, a su servicio a través de ciertos personajes atrabiliarios y recauchutados- negando la mayor.
La difusión del citado informe, que alcanzó un impacto en medios de un enorme calibre, es un catálogo de todas las manipulaciones ejercidas en los programas de referentes de la credibilidad como Jesús Cintora o Javier Ruiz. Sujetos, por cierto, criados en el entorno de una SER con hilo directo, hace más de veinte años, con Ferraz y con el despacho de Pepiño Blanco y, en otros casos, directamente con Moncloa y sus tejemanejes. Remember Carlos Arenillas… Aquellos alevines se han convertido en escualos que ya ni siquiera ocultan el sello de su ganadería hasta el punto de que, con un enfoque orwelliano, dispensan clases sobre ‘desinformación’ -o sea, manipulación- en escuelas de verano de sus protectores. “La desinformación, c’est moi”, podrían firmar los dos sujetos, principales representantes de esa recua en la que, ‘last but not least’, también anidan tontos útiles y restos de serie supuestamente de derechas que justifican una pluralidad inexistente.
Mientras tanto, sobre todo este detritus reina un siniestro personaje como López, ese señor Burns de TVE que polariza en cada declaración, en cada tuit, victimizándose de forma permanente con una mano mientras con la otra confronta contra todo y contra todos los que no se plieguen a sus métodos. Y si no lo hace forma directa, lo desarrolla amparando a insultadores que escupen contra esa media España que, curiosamente, les paga el sueldo a través de sus impuestos. Los mismos, por cierto, que luego aparecen -por precio- como presentadores de eventos en organismos públicos de su cuerda o que representan oscuros intereses de lugares y países en los que todo lo que supuestamente predican se estrella con la realidad.
Mientras tanto, la llamada ‘oposición’ se debate entre los burdos que se sacan el cojonimetro hablando de lanzallamas y los melifluos que ejercen su derecho al lloro -dicen que a la protesta, pero no da esa sensación- mientras le lamen las cascarrias a los que se forran con ciertas producciones en una Corporación que les machaca a diario.
Al final, cada uno tiene lo que se merece. Aunque por el camino paguemos todos.
Seguiremos Informando…
