Londres recibe a Jordi Évole este domingo para encontrarse con el músico y cantante andaluz Manuel Carrasco y estrenar así la septima temporada de ‘Lo de Évole’. El programa cerró el curso anterior como el programa más visto de la cadena por sexto año consecutivo, con una media del 8,6% de cuota de pantalla, más de 2,7 millones de espectadores únicos y 1.117.0000 seguidores.
¿Por qué has decidido empezar la temporada con Manuel Carrasco?
Pues porque yo tuve un sorpresón con Manuel Carrasco en verano. Fui a un festival en Canarias a tocar con mi grupo y tocaba luego Rigoberta Bandini y luego Manuel Carrasco. Y cuando tocó Rigoberta yo dije, bueno, pues ya me voy a cenar, me voy a ir a un food truck y me como una hamburguesa. Pero empezó a tocar Manuel Carrasco y flipé, flipé porque no me lo esperaba. Yo no había seguido la carrera de Manuel Carrasco, que estuvo en el segundo OT y luego ha hecho un montón de cosas por el camino. Y lo que viví fue un musicazo encima del escenario, cantando canciones en suelo, con la guitarra, al piano…
Luego le dedicó una canción a Gaza, y me pareció que, bueno, estando en el momento en el que estamos, que un artista así tan transversal se moje me conquistó, la verdad. Me enamoré. La sorpresa que yo tuve con él, me gustaría que la tuviesen muchos espectadores, pues que igual también tienen los prejuicios que yo tenía ese día.
¿Cres que entrevistas como las que tú haces siguen teniendo capacidad real de incomodar al poder o el sistema político ya ha aprendido a la perfección cómo llevarse a su terreno incluso las entrevistas más incómodas?
Yo creo que vivimos un momento en el que el político está muy, muy, muy toreado ya en las entrevistas. Entonces, poner contra las cuerdas a un político, si se da el caso, y lo puedes hacer porque tienes a un político corrupto delante y lo puedes demostrar, pues fantástico. Pero ir a la entrevista con el político ya a cara de perro, por el hecho de ir a cara de perro, yo creo que ya no beneficia en nada a la entrevista. Es una fórmula que yo en su día practiqué y creo que ahora, no sé, no me parece que esté ‘en su prime’, como dicen ahora los chavales. Últimamente creo mucho más en la sutileza que en la contundencia, ¿me explico?
Al final, tú lo que buscas es un retrato de esa persona, y si te la pones de culo, dificilmente lo vas a lograr. Me gustó mucho una vez que Juan José Miguel, cuando le pregunté como había conseguido una entrevista, me dijo “pues haciendome el tonto”. Y es que a veces si vas de listillo, con la lección aprendida y avasallando, la persona se va a cerrar.
Después de tantos años entrevistando a presidentes, ministros y líderes políticos… ¿dirías que hoy entiendes mejor la política, o cada temporada te genera más dudas que certezas?
Bueno, de hecho yo cada vez estoy haciendo menos política y supongo que forma parte de un cierto desencanto. El caso de Venezuela ha sido un bonito caso para ver a la gente que sigue un argumentario, viéndola cambiar de pie.
El secuestro de Maduro y la posterior no ascensión de la oposición, claro, a la peña la ha dejado rota. A la peña que está muy marcada por el pensamiento de un partido, de una posición política. Pero claro, los que estaban ahí casi en Cibeles con banderas el primer día que secuestran a Maduro… creo se han llevado una decepción, y viceversa. Es interesante ver cómo la política, sobre todo el poder, se adapta a las circunstancias para sobrevivir.
¿Es la entrevista es la mejor herramienta para entender a alguien y para que le entienda la sociedad?
No la única, pero yo creo que es una fórmula eficaz, sobre todo si quien viene a ser entrevistado primero tiene ganas de hablar, y segundo tiene ganas de explicar cosas que igual no ha explicado. Eso se basa sobre todo en la confianza con quien lo entrevista. Y luego sí que también hay algo de pericia por parte del entrevistador, pero si el entrevistado se cierra, ni con el mejor gusto del mundo tú lo abres.
Muchas veces, hay más política en entrevistas a personas atrapadas por decisiones políticas como temas de desahucios, migración, víctimas del terrorismo… que en una entrevista a un político como tal. ¿Ha cambiado esto tu forma de entender el periodismo político? Y en relación a eso, ¿cómo gestionas el equilibrio de darle voz a estas personas que han sido dañadas por el sistema y no convertir su dolor en espectáculo?
Está claro que al poder se le combate sacando ejemplos de personas a las que se lo han hecho pasar muy mal. Como esta semana mismamente, con las trabajadoras de la casa de Julio Iglesias.
No hacer espectáculo con eso es difícil. Yo creo que depende mucho también de dónde tú te pongas. Si tú te pones afliglido con la víctima, eso puede ser el momento en el que se convierte, o tú ayudas a que se convierta, en un especrtaculo. Pero si tu continuas haciendo preguntas, no te digo sin sentir ni padecer, porque evidentemente ante un testimonio duro un punto de empatía tiene que haber, pero de ahí a ponerte un poco ‘intensito’ por así decirlo, pues yo prefiero no ponerme.
Y por último, ¿cómo fue entrevistar a Mujica en sus últimas semanas de vida?
Es de esos regalos que te dan la vida, pero no me gusta decirlo así, como regalo, porque al final lo acabamos perdiendo. Pero sí que tuve el privilegio de estar cuando ya le quedaba poquito y poder gozar de una charla con él como había gozado de todas las anteriores, que no habían sido pocas.
Entonces, sí, en ese sentido sí que siento un privilegio de haberle podido llamar cuando nos enteramos que le habían diagnosticado cáncer y que él no tenía ningún problema en que fuéramos a entrevistarle. Pero Mujica tenía siempre la puerta abierta de su casa. A mí, más que la última entrevista, me ha gustado la posibilidad de que durante los últimos diez o quince años de mi vida, Mujica haya formado parte de mi entorno. Era una persona que si la visitaba pues me atendía, y eso pues es un privilegio, un lujo.
