En enero de 2025 asistíamos a la toma de posesión de Donald Trump como 47º presidente de Estados Unidos, en un día gélido en Washington DC pero caliente en todas las esferas, también en la de los Asuntos Públicos. Gobiernos, empresas, organizaciones, consultoras… todos analizaban el impacto de sus gestos y discursos, pero necesitaban un tiempo para hacer proyecciones más ajustadas de una legislatura que se vislumbraba, cuanto menos, agitada. Un año después, hacemos balance.
El Make America Great Again (MAGA) de Trump ha acelerado este año la actividad de los profesionales del lobby. Por ello, desde PRNoticias hablamos con una de sus representantes: Yolanda Román, directora general de Asuntos Públicos de ATREVIA. Hace un año analizaba para este medio las expectativas del sector de los Asuntos Públicos en España con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Hoy, se reafirma en algunas de aquellas previsiones y expresa, al mismo tiempo, su preocupación por otros factores emergentes.
Hace un año advertías que la llegada de Trump inauguraba “una nueva era” y obligaba a tener un radar permanente en la Casa Blanca; ¿hasta qué punto se han confirmado o matizado esas previsiones desde la perspectiva de los Asuntos Públicos en España?
Parece evidente que vivimos el fin de una era. No quiere decir que todo se vaya a desmantelar de la noche a la mañana, pero el orden internacional forjado después de 1945 está en cuestión. Con el multilateralismo muy dañado y Estados Unidos imponiendo sin disimulo algo parecido a la ley del más fuerte, todo se tiene que repensar: las relaciones internacionales, las alianzas, las prioridades estratégicas y de inversión. Lo que está claro es que el foco de atención está en EE.UU., ellos marcan la agenda. Este contexto afecta a los asuntos públicos porque permea y condiciona todas las decisiones políticas y los debates nacionales; incluso en el ámbito local se sienten las consecuencias del turbulento momento geopolítico que vivimos.
En 2025 señalabas que el estilo “peculiar” de Trump suponía un reto para la comunicación política, la diplomacia y los mercados; ¿dirías que el sector de los Asuntos Públicos se ha adaptado ya a esos nuevos lenguajes, tiempos y lógicas, o sigue en fase reactiva?
Estamos en fase de resistencia. En mi opinión, entender no debe traducirse en imitar. Los expertos en asuntos públicos asesoramos fundamentalmente a empresas y directivos. Las empresas necesitan generar confianza y entornos de seguridad para sus inversiones y operaciones; en este contexto las empresas deben actuar como agentes de estabilidad. Por tanto, desde los asuntos públicos debemos contribuir a esa confianza y estabilidad, aprendiendo a leer inteligentemente las nuevas lógicas y los nuevos lenguajes, pero sin dejarnos arrastrar por ellos. Necesitamos, también en la práctica de los asuntos públicos, madurez y seriedad.
Planteabas que el gran marco de esta legislatura era el America first y un giro hacia más proteccionismo; ¿cómo ha impactado realmente en este primer año sobre las estrategias de lobby y advocacy de las empresas españolas con intereses en Estados Unidos?
El lobby en EE.UU. es diferente. Hay que entender como funciona para no dar pasos en falso. Cada empresa tiene su casuística, pero diría que, de manera general, las empresas españolas con intereses en EE.UU. han tenido que revisar sus mensajes, sus canales de interlocución y sus compromisos para proteger sus intereses allí. Sobre todo he visto estrategias de protección, no tanto de oportunidad.
En 2025 hablaste de reconfiguración de bloques económicos, instrumentalización del comercio y riesgo de disrupción en las cadenas de suministro; mirando este primer año, ¿qué riesgo se ha materializado más y cuál te ha sorprendido por su menor intensidad de lo previsto?
Lo más impactante ha sido el desprecio manifiesto por el derecho internacional. La previsión que más claramente se ha cumplido es la instrumentalización del comercio, lo acabamos de ver con las nuevas “amenazas” en relación con el futuro de Groenlandia. Los aranceles como herramienta de presión. En el lado de las decepciones, esperaba que la alianza de la UE y Mercosur cobrara forma de una manera más decidida, precisamente como respuesta geopolítica. Ciertos sectores y países europeos están priorizando sus intereses particulares frente a la reflexión geopolítica; en mi opinión, es una pena y una oportunidad perdida.
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