SEGÚN UN ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD NEBRIJA

Marketing “santo”: Así se blindó el Vaticano durante la hospitalización del papa Francisco

LOS INVESTIGADORES LAURA MARTÍNEZ OTÓN Y DAVID DEL PINO DÍAZ HABLAN EN ‘EL VATICANO EN LA ERA POSTMEDIÁTICA: GESTIÓN COMUNICATIVA DURANTE LA CRISIS DE SALUD DEL PAPA FRANCISCO’

Imagen de archivo del Papa Francisco

Uno de los hallazgos más reveladores es el papel fundamental de figuras como la vaticanista Eva Fernández (COPE), cuya actividad constante en X se convirtió en una suerte de “puente de confianza” entre el Vaticano y la opinión pública

Cuando el papa Francisco ingresó en el Hospital Gemelli el 14 de febrero de 2025 por una grave infección respiratoria, el Vaticano se enfrentaba a un viejo fantasma en un escenario completamente nuevo: comunicar la enfermedad de un pontífice en plena era digital, donde los rumores viajan más rápido que los comunicados oficiales. Y, sin embargo, lo que podría haberse convertido en un caldo de cultivo para la desinformación, terminó siendo un ejemplo de cómo gestionar una crisis de comunicación institucional en tiempos de turbulencia informativa con una receta sencilla: un audio, una foto y un parte médico al día.

Es la conclusión del estudio El Vaticano en la era postmediática: gestión comunicativa durante la crisis de salud del papa Francisco, realizado por los investigadores del grupo Nebrija INNOMEDIA de la Universidad Nebrija Laura Martínez Otón y David del Pino Díaz, y publicado Estudios sobre el Mensaje Periodístico.

La investigación analiza al detalle los 38 días de hospitalización de Francisco y muestra cómo la Santa Sede logró algo nada común: mantener controlada la narrativa sin esconder la gravedad del estado del pontífice. Frente a la tradicional opacidad que marcó episodios como la muerte de Juan Pablo I o los últimos meses de Juan Pablo II, el equipo de comunicación del Vaticano aplicó un modelo basado en tres pilares, proactividad, transparencia y centralización del mensaje, que permitió neutralizar bulos en un ecosistema donde los intermediarios ya no mandan y las redes amplifican cualquier sospecha en cuestión de segundos.

De las notas médicas a los mensajes de Telegram, todo vale

La investigación reconstruye día a día el flujo de información, desde las notas médicas hasta los mensajes de Telegram utilizados para informar a los periodistas acreditados. Pero uno de los hallazgos más reveladores es el papel fundamental de figuras como la vaticanista Eva Fernández (COPE), cuya actividad constante en X se convirtió en una suerte de “puente de confianza” entre el Vaticano y la opinión pública.

Lejos de saturar las redes desde cuentas oficiales, la Santa Sede delegó en estos profesionales parte del trabajo informativo. Una decisión estratégica que, según los autores, reforzó la credibilidad del proceso comunicativo.

Sin embargo, el estudio también recoge un matiz inquietante: aunque el Vaticano logró controlar el relato en medios tradicionales, la conversación digital siguió su propio rumbo. En X y YouTube, los actores más influyentes no fueron periódicos ni agencias, sino usuarios sin trayectoria periodística ni filtros editoriales. La desintermediación, esa característica definitoria de la “esfera pública postmediática”, se hizo evidente: el volumen de menciones creció semana tras semana, pero la calidad y fiabilidad de la información no lo hicieron en la misma medida.

Aun así, el Vaticano consiguió lo esencial: evitar el vacío informativo que alimenta los bulos y ofrecer, cada día, pruebas de vida. Fotos, mensajes leídos en el Ángelus, un audio emitido cuando arreció la sospecha, y un largo etcétera de piezas clave para sostener un clima de serenidad mientras el estado del papa atravesaba momentos críticos.

Un caso modélico

Lo que los investigadores de la Universidad Nebrija plantean, en definitiva, es que este episodio debería estudiarse como un caso modélico para instituciones que se enfrentan a crisis de reputación en entornos fragmentados. Y ponen en valor que una universidad como Nebrija, desde su ámbito académico, pueda ofrecer una mirada tan afinada sobre un fenómeno global donde se cruzan política, religión, medios y tecnología.

La conclusión a la que llegan Martínez-Otón y Del Pino en su estudio es contundente: incluso en un ecosistema dominado por la dispersión y la emocionalidad, la comunicación transparente y constante sigue siendo el mejor antídoto contra la desinformación.

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