La inteligencia artificial gana terreno en la gestión de la salud, especialmente entre los jóvenes. Según el VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida de Aegon, un 33% de las personas de entre 18 y 25 años ya utiliza herramientas de IA con este fin, en un contexto en el que cada vez más ciudadanos recurren a soluciones digitales para informarse sobre síntomas, tratamientos y hábitos de bienestar.
En el conjunto de la población española, el 18,6% afirma haber empleado alguna herramienta de inteligencia artificial para gestionar su salud. Sin embargo, pese a este avance, persiste un notable rechazo hacia el uso de chatbots para apoyo emocional o terapia digital: el 61,9% asegura no haberlos utilizado ni tener intención de hacerlo, frente a un 27,3% que se muestra abierto a considerarlos y un 10,9% que ya los ha probado.
El análisis por edades revela una clara brecha generacional. Mientras que el uso es significativo entre los jóvenes, un 32,6% de las personas de entre 26 y 40 años también reconoce haber recurrido a estas herramientas. En cambio, entre los mayores de 55 años el porcentaje cae de forma pronunciada, situándose en torno al 7%.
Diferencias territoriales en el uso de la IA sanitaria
Las disparidades también se reflejan en el ámbito geográfico. Baleares (26,9%), La Rioja (25,8%) y Madrid (25%) lideran el uso de inteligencia artificial aplicada a la salud, mientras que Cantabria registra el nivel más bajo, con apenas un 4,3%. Otras comunidades como Aragón (11,9%) o el País Vasco (13,6%) también se sitúan por debajo de la media nacional.
El nivel educativo y la situación socioeconómica son factores determinantes en la adopción de estas tecnologías. El uso alcanza el 21,8% entre quienes cuentan con estudios superiores, frente al 13% de las personas con menor nivel educativo. Asimismo, la predisposición es mayor entre quienes trabajan, utilizan aplicaciones de bienestar o perciben una mejora en su situación económica. En el caso de los chatbots para apoyo emocional, los menores de 40 años concentran más del 50% de quienes ya los han utilizado o estarían dispuestos a hacerlo, confirmando que la inteligencia artificial en salud avanza, aunque a ritmos desiguales según el perfil de la población.
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