Eva Rodríguez no es una recién llegada. Con 18 años de trayectoria en la agencia SINC y múltiples coberturas en cumbres del clima a sus espaldas, su labor ha sido recientemente reconocida con el Premio de Comunicación y Divulgación José Echegaray. El galardón, otorgado por el Instituto de Ingeniería de España en colaboración con la Fundación para el Fomento de la Innovación Industrial, premia su reportaje “Ingeniería y naturaleza transforman la lucha frente a las inundaciones”, publicado en la página del SINC.
Para Rodríguez, el periodismo científico ha dejado de ser un nicho para convertirse en una herramienta de supervivencia frente a la crisis climática y el ruido de la desinformación.
¿Cuál es la importancia de la comunicación científica y el trabajo que haces en la revista SINC?
SINC es la primera agencia pública de noticias especializada en ciencia en España. Nuestro objetivo es que el conocimiento técnico y científico de los investigadores españoles llegue a la ciudadanía. Estar informado es un derecho, pero también una necesidad.
En mi especialidad, el medio ambiente, el periodismo científico es una herramienta de prevención y adaptación. Debemos comunicar que ya existen soluciones para construir un futuro resiliente; no estamos desarmados. Además, somos el primer dique de contención contra las teorías conspiranoicas. Mientras la desinformación se basa en opiniones volátiles, el periodismo científico se asienta en datos y estudios de años. Como suelo decir: las fake news tienen mucho de fake y muy poco de noticia.
¿Por qué cree que los bulos logran imponerse con tanta facilidad en el debate público?
Porque hay intereses detrás y porque la desinformación está muy bien diseñada. Hay estudios que demuestran que las noticias falsas se propagan mucho más rápido que la verdad en redes sociales debido a su carga emocional. Nos ha tocado vivir en esta era, y la responsabilidad de los medios es ayudar a la gente a distinguir entre una fuente fiable y una mera opinión. Estamos aquí para divulgar conocimiento y contrarrestar el ruido.
En este escenario aparece la Inteligencia Artificial. ¿Es un aliado o una amenaza para la veracidad?
Es un arma de doble filo. Por un lado, la IA facilita engaños masivos: vídeos, imágenes y voces clonadas que son casi indistinguibles de la realidad. Esto requiere un marco regulatorio urgente y la obligación de etiquetar cualquier contenido generado sintéticamente. Pero es un asunto complicado.
Por otro lado, como herramienta de búsqueda y procesamiento de datos es poderosa y ahorra horas de trabajo. Sin embargo, en el periodismo científico de alto nivel es arriesgada. Trabajamos con investigaciones inéditas y la IA suele “alucinar” (inventar datos) al no poder tener esa información. Así, si con la IA no puedes verificar la fuente, la herramienta no es útil. Los periodistas seguimos siendo imprescindibles para comprobar hechos y preguntar donde la máquina no llega.
¿Cuál es el mayor reto para que el mensaje sobre el cambio climático cale en la sociedad?
El reto es conectar con la vida diaria. El cambio climático no puede ser algo lejano o abstracto. Debemos explicar, por ejemplo, que inundaciones o las sequías como las que hemos vivido recientemente se repetirán y que la adaptación es urgente.
El secreto está en el equilibrio: traducir la complejidad técnica a un lenguaje comprensible sin perder el rigor. Hay que dar voz a los científicos, pero también a quienes sufren los eventos climáticos extremos. Mi apuesta es el “periodismo de soluciones”: no basta con señalar el desastre, hay que mostrar que existe el conocimiento para mitigar el daño y que está en nuestras manos.
Seguiremos Comunicando…
