LA COLLEJA Y EL VIAJE A LA LUNA

Andaba por los telescopios de los que miran las estrellas…

Si se mueven y no se acercan es que se alejan… Porque este universo crece, se expande, se encoge, se lava, se tiende al sol bien escurrido y se guarda en la bolsa de universos recién blanqueados, sin roturas, sin verdad…

Unos han muerto defendiendo que los universos cuelgan unos de otros como racimos de uvas, como cáscaras de nuez. Otros juran que está aquí, en otra dimensión que sólo unos pocos son capaces de ver con los ojos entrecerrados. Sabemos llegar al origen de todo saliendo de la nada, pero no somos capaces de entender nada de lo que está pasando ahora mismo. Ni siquiera entendemos lo que nos cuentan. ¡Es absurdo!

Ibsen precursor del sueño de lo que no se entiende si no se ‘rechinan’ los ojos, lo trasladaría a la solemnidad de un viaje al centro de la Luna…

Nos contaron, colleja incluida, cuando tenía 7 años, la llegada del hombre a la Luna.

Todos despiertos, sentados en el suelo del salón, con los ojos como platos. “¡Han llegado! ¡Han pisado la Luna!” gritaba el locutor con voz de locutor de aquellos tiempos. Y nosotros, los niños, nos lo creímos a pies juntillas.

Los que participaron en la grabación de aquella película de Hollywood lo han dicho años después,-como el del TDAH- casi como quien confiesa un pecado venial: “El hombre no ha ido a la Luna jamás”. No me lo creo. No quiero creérmelo. Porque si eso es mentira, ¿qué más lo es? ¿La colleja que me dieron por dudar? ¿El “te quiero” que me dijeron mientras me clavaban el cuchillo por la espalda?

Tony Leblanc ya lo demostró en“El Astronauta”: se podía ir a la Luna en un Seat 600, aunque te encontraras con los del Séptimo de Caballería en el Mar de la Tranquilidad, eso sí, tocando la guitarra y bebiendo vino en porrón.

El otro día cuatro paisanos fueron a la Luna a fotografiar la cara oculta. Nos habían contado que los chinos ya habían estado allí hace un par de años y que tienen un satélite que les cuenta todo…. ¿Y si también era mentira? ¿Y si todo es un gran plató de cartón piedra y nosotros los extras que aplaudimos cuando nos dicen “¡corten!”?

A veces pienso que el universo no se expande. Se ríe. Se ríe de nosotros. Se ríe de que sigamos mirando hacia arriba buscando respuestas, mientras nos caemos de culo aquí abajo.

Y lo peor de todo es que, a pesar de todo, sigo mirando las estrellas. Porque aunque sepa que pueden ser sólo luces de neón colgadas de un techo negro, hay algo dentro que sigue necesitando creer que hay algo más. Algo que no se lava, que no se tiende, que no se guarda en ninguna bolsa.

¿Y tú? ¿Sigues mirando las estrellas o ya sólo miras al suelo para no tropezar con la próxima colleja?

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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