CUANDO LA OMNICANALIDAD DEJA DE SER DISCURSO Y SE CONVIERTE EN REALIDAD

Drop Culture: De cómo HEINZ y Popeye saltan de la restauración al retail

PRNOTICIAS CONVERSA CON JULIETA DE LAURENTIIS, DIRECTORA DE MARKETING DE KRAFT HEINZ IBERIA

“Más que un ejercicio creativo, es una manera de conectar con cómo hoy las personas descubren, viven y comparten las marcas. Desde ahí, no se trata tanto de trasladar códigos de otras industrias, sino de integrar lenguajes culturales que ya forman parte de la vida de nuestros consumidores en una categoría donde muchos productos pueden percibirse como uno más”

La drop culture es un enfoque de marketing basado en lanzamientos limitados y activados en momentos concretos, diseñados para generar expectación y conversación. Una herramienta de marketing que le ha servido a HEINZ y Popeye para saltar de la restauración al retail “en el mismo viaje”, a través de su acción: “El Drop Más Hot”.

Este modelo traslada el foco desde la comunicación del producto hacia la creación de narrativa previa al lanzamiento, apoyándose en códigos de exclusividad y participación social. Su importancia reside en su capacidad para activar audiencias altamente conectadas, acelerar la difusión orgánica en entornos digitales y convertir el lanzamiento en un evento cultural que trasciende la función del producto, reforzando tanto el engagement como la percepción de relevancia de marca.

Pero nadie mejor que Julieta de Laurentiis, directora de marketing de Kraft Heinz Iberia, para hablar de este tema. Por eso, desde PRNoticias la abordamos con estas preguntas. Sus respuestas, son una delicia, también para los profesionales del marketing.

Esta fusión de HEINZ y Popeye incorpora códigos vinculados a la drop culture. ¿Qué criterios estratégicos han guiado la decisión de trasladar estos códigos —propios de moda o tecnología— al sector de la alimentación?

En Heinz partimos de una convicción clara: el sabor es el centro, pero sabemos que la relevancia también se construye desde la cultura. El drop nos permite llevar esa ambición un paso más allá. Es la forma de convertir la nueva HEINZ Spicy Chicken (Edición Especial Popeyes) en una experiencia que genera expectativa, conversación y deseo. Más que un ejercicio creativo, es una manera de conectar con cómo hoy las personas descubren, viven y comparten las marcas. Desde ahí, no se trata tanto de trasladar códigos de otras industrias, sino de integrar lenguajes culturales que ya forman parte de la vida de nuestros consumidores en una categoría donde muchos productos pueden percibirse como uno más. Esta propuesta nace desde la experiencia y la colaboración: en los restaurantes de Popeyes, a través del ritual del dipping, y luego se extiende al día a día, llevando esa misma lógica y sabor único que de Heinz al hogar.

Más que hablar de innovación, muchos de estos códigos ya están consolidados en otras industrias. ¿Cómo abordan el reto de aplicarlos en gran consumo?

Aquí está el verdadero reto: adaptar un modelo basado en escasez a un negocio basado en volumen. La clave no está en replicar, sino en reinterpretar. No necesitas limitar radicalmente el producto, necesitas construir la percepción de algo especial. Edición, narrativa, timing… lo suficiente para generar urgencia sin romper la lógica del retail. Y, sobre todo, cambiar el foco. La innovación no sólo está en la receta y en el hostfood que hemos elegido para nuestra nueva salsa, está en la experiencia. En cómo se lanza, en cómo se vive, en cómo se comparte. El producto es el mismo punto de partida, pero la historia que lo rodea es completamente distinta.

Se señala a la Gen Z como público clave. ¿Qué insights culturales o de comportamiento han sido determinantes para construir una campaña basada en estos códigos?

Sabes que el Gen Z consume códigos, va mucho más allá del producto. Y esos códigos tienen mucho que ver con identidad, con pertenencia y con expresión. Hay algo muy potente en entender que comer ya no es solo funcional. Es experiencial. Es parte de cómo te muestras. Y lo vemos todos los días en los feeds. El dipping, por ejemplo, deja de ser un gesto práctico y pasa a ser casi un ritual: elegir, mezclar, probar. Las colaboraciones inesperadas son otra palanca clave para esta generación. Con Popeyes una conexión natural: en el tono de marca, en la audiencia y en la forma de entender al consumidor, sus códigos y la relación que tiene con la categoría. Es esto se suma una clara atracción clara por la novedad, por el “estar antes”. Y la textura única y el sabor picante de nuestra HEINZ Spicy Chicken (Edición Especial Popeyes) cobra sentido: un producto pensado para explorar, elevar la ocasión y generar conversación. En el fondo, no están comprando una salsa. Están comprando una nueva forma de interactuar con la comida.

La colaboración evoluciona de restauración a retail. ¿Cómo se adapta esta narrativa cultural —basada en hype, exclusividad y experiencia— a un mundo donde prima la accesibilidad del producto?

La exclusividad del lanzamiento de HEINZ Spicy Chicken (Edición Especial Popeyes) vive en la narrativa, mientras que la accesibilidad, en la distribución. Y entre ambas se construye algo muy potente: un producto que se siente especial, pero que puedes llevarte a casa y disfrutarlo todos los días. Lo importante no es sólo trasladar el producto del restaurante al lineal, sino trasladar la experiencia. Que lo que viviste en los restaurantes de Popeyes con los dippers —el sabor, el ritual, el momento— tenga continuidad en casa. Ahí es donde la omnicanalidad deja de ser discurso y se convierte en realidad. Es el mismo viaje, en distintos momentos.

La campaña apuesta por influencers, unboxing y elementos coleccionables, formatos muy ligados a la cultura digital. ¿Qué papel estratégico juegan, más allá de la visibilidad?

El drop funciona si la gente siente que pertenece a ese código cultural. Y eso no lo construye la marca sola. Lo construyen las personas que ya operan dentro de ese lenguaje. El unboxing, por ejemplo, es más que un contenido; es ritual, expectativa. Es la forma en la que ese lanzamiento se convierte en algo digno de ser mostrado. Y los elementos coleccionables hacen algo muy interesante: convierten un producto de consumo en un objeto que quieres conservar. Extienden la relación más allá del uso. Para nosotros esta parte de la campaña es fundamental, porque nos ayuda a legitimar todo lo que hay detrás de esta nueva colaboración entre HEINZ y Popeyes en España.

Se menciona la “relevancia cultural” como objetivo. ¿Qué métricas utilizan para evaluar si la marca realmente está conectando con estos códigos contemporáneos y no solo replicando tendencias existentes?

Por un lado, conversación. Queremos que las marcas vivan de forma orgánica en lo que la gente comparte, y que el boca a boca sea una manera de crear no solo hype, sino también trial, consideración. También, estamos muy atentos a la adopción de la innovación por parte de la cadena de distribución, la rotación y la performance del producto en sus primeras semanas. Y, sobre todo, cómo este plan impacta en la marca: incrementar la penetración de HEINZ en el segmento de salsas, liderar la innovación e impactar en la salud de la marca en el largo plazo. Porque al final, la relevancia cultural no es subirse a una tendencia. Es conseguir que, por un momento, logres formar parte de la conversación.

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