La calidad de la piel se ha convertido en uno de los principales focos de interés en el ámbito de la salud dermatológica y estética. Más allá de la aparición de arrugas o signos visibles del envejecimiento, la doctora Alma Tejedor, especialista en Medicina Estética del Hospital Quirónsalud Vitoria, insiste en la necesidad de abordar la piel como un órgano que requiere cuidado integral y continuado a lo largo de la vida.
En este sentido, la especialista explica que “la piel es el órgano más grande del cuerpo y su estado no depende únicamente de la edad, sino de múltiples factores internos y externos”. Según detalla, una piel de calidad es aquella que presenta “buena textura, luminosidad, hidratación profunda y un tono uniforme”, aspectos que reflejan su correcto funcionamiento desde el punto de vista biológico.
El impacto del entorno en la salud de la piel
Uno de los conceptos clave para entender el envejecimiento cutáneo es el denominado exposoma, que engloba todos los factores ambientales a los que está expuesta la piel a lo largo de la vida. No solo influye la genética o el paso del tiempo: “Elementos como la radiación solar, la contaminación, el tabaco, el estrés o la falta de descanso tienen un impacto directo en el deterioro de la piel”, señala la doctora Tejedor.
Entre todos ellos, la exposición solar es el factor más determinante. “Se estima que el sol es responsable de hasta el 80% del envejecimiento prematuro de la piel”, apunta la especialista, quien insiste en la importancia de la fotoprotección diaria como medida preventiva fundamental.
El abordaje actual se centra en favorecer los mecanismos naturales de regeneración cutánea. “El objetivo no es modificar los rasgos ni aportar volumen, sino estimular la piel para que recupere su capacidad de producir colágeno y mantenerse funcional”, explica la doctora Alma Tejedor. Este enfoque se basa en técnicas orientadas a la bioestimulación, que buscan mejorar la estructura y el comportamiento de la piel desde capas profundas. “Hablamos de nutrir la piel desde dentro para que sea ella misma la que se regenere, mejorando su calidad de forma progresiva y natural”, añade.
La especialista incide en que la prevención juega un papel clave en el cuidado cutáneo. A partir de los 25-30 años, la producción de colágeno comienza a disminuir de forma progresiva, lo que marca un punto de inflexión en la salud de la piel. “Es recomendable empezar a cuidar la calidad de la piel antes de que aparezcan signos evidentes de deterioro. Actuar de forma precoz permite mantener mejor sus propiedades”, concluye la doctora Tejedor.
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