NO PASA NADA, MEMORIA SOCIAL DE PEZ

…Si tuviera que declarar mañana en un juzgado y me pidieran que relatara, con fechas y nombres, todos los escándalos de corrupción que han rodeado al Gobierno de Pedro Sánchez en los últimos años, no sería capaz de recordar ni la mitad. No por falta de voluntad, sino porque son tantos y tan seguidos que el cerebro acaba protegiéndose y los va borrando…

En febrero de 2024 estalló el caso Koldo. Koldo García, asesor de José Luis Ábalos, fue detenido por una trama de mordidas en la compra de mascarillas durante la pandemia. Dos años después, en junio de 2025, Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE, ingresó en prisión provisional por gestionar presuntamente 620.000 euros en comisiones ilegales a cambio de adjudicaciones de obra pública. Ábalos, mientras tanto, lleva desde abril de 2025 siendo juzgado en el Tribunal Supremo por el mismo caso y a la espera de sentencia.

En abril de 2024 se abrió la investigación contra Begoña Gómez, esposa del presidente, por tráfico de influencias, malversación y corrupción en los negocios. En abril de 2026 el juez Peinado la procesó y propuso llevarla a juicio. Su hermano, David Sánchez, también está siendo juzgado en Badajoz por prevaricación y tráfico de influencias tras crearle un puesto a medida en la Diputación.

A esto se suma la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por presunto tráfico de influencias en el rescate público de la aerolínea Plus Ultra, el caso de la “fontanera” Leire Díez por intentar desacreditar a jueces y guardias civiles, y la investigación contra el Fiscal General del Estado por filtración de información reservada.

Y sin embargo… nada.

Pasa una semana y ya nadie recuerda quién es Koldo. Pasa un mes y Cerdán se convierte en una nota al pie. Pasa un trimestre y la investigación a Begoña Gómez queda diluida entre otras noticias. Da igual lo grave que sea. Da igual que haya dinero público de por medio, contratos amañados o personas en prisión. Al final, no pasa nada.

Porque siempre aparece algo que distrae. Que pasen los vencejos por Segovia. Que el presidente aconseje un libro, presente un disco… Que haya un partido de fútbol importante. Que se produzca cualquier drama menor o cualquier anécdota. Y de repente, todos miran hacia otro lado. La corrupción queda atrás, como un mal recuerdo borroso. Y los implicados siguen en sus cargos, siguen cobrando, siguen viviendo como si nada hubiera ocurrido.

Es una memoria de pez colectiva. Escándalo, escándalo, escándalo… y de pronto, silencio. Como si todo se evaporara. Como si la sociedad española hubiera decidido que la corrupción ya no escandaliza, que ya no duele, que ya no merece ni siquiera enfado sostenido.

Al final, la pregunta no es cuántos casos hay. La pregunta es por qué, por muy graves que sean, nada permanece. Por qué da igual lo que se descubra. Por qué da igual quién caiga. Porque, al final, no pasa nada. Y lo que sí pasa, se olvida en cuanto aparece el siguiente titular, el siguiente partido o el siguiente vuelo de vencejos sobre Segovia.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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