EL FUTURO DE LA COMUNICACIÓN Y LA INTELIGENCIA GENERATIVA

IA y reputación corporativa: de algo subjetivo a un sistema de decisiones estratégicas

LA DIGITAIZACIÓN HA CONVERTIDO LA REPUTACIÓN EN DATOS TANGIBLES Y MEDIBLES, LO QUE PERMITE ENTENDER QUÉ COMPORTAMIENTOS GENERAN CONFIANZA, AFINIDAD O RECHAZO, DICE ARNAU SANZ, CEO DE KARMINA

La Inteligencia Artificial facilita el análisis a gran escala de las interacciones de los usuarios, permitiendo adaptar de forma dinámica los contenidos y estrategias para lograr una mejora reputacional continua.

Así, en un futuro ya no muy lejano, la reputación dejará de ser un departamento complementario para consolidarse como una capa transversal y directiva, estrechamente vinculada a la ética y la gobernanza legal de la tecnología, señala que Arnau Sanz, CEO de Karmina, agencia de marketing radicada en Barcelona.

¿Cómo ha sido la evolución de la reputación en las empresas?

La reputación en las empresas ha evolucionado desde un terreno mucho más subjetivo, basado en interpretaciones, percepciones difíciles de medir y análisis cualitativos, hacia un entorno donde cada vez es más tangible y cuantificable.

La digitalización ha convertido gran parte de la reputación en datos: hoy podemos entender cómo perciben los usuarios una marca a través de métricas reales como la experiencia web, las reseñas en Google, la conversación en redes sociales, el crecimiento y calidad de los seguidores, el CTR de los contenidos, el tiempo de permanencia, las conversiones o incluso la recurrencia de compra.

La reputación sigue siendo, en esencia, la suma de todas las percepciones que genera una empresa, pero cuando el canal digital pasa a ser predominante, también se vuelve mucho más observable, medible y gestionable. Ya no se trata solo de interpretar qué piensa la gente, sino de entender qué comportamientos generan confianza, afinidad o rechazo y cómo impactan directamente en negocio, comunidad y marca.

¿Cómo impacta la IA a la reputación corporativa?

La IA está transformando la reputación corporativa porque permite hacer, de forma escalable, cosas que antes simplemente no se abordaban por falta de tiempo, recursos o capacidad de análisis. Hoy, una empresa puede registrar y analizar el comportamiento de todos los usuarios que visitan su web, algo imposible de interpretar manualmente cuando hablamos de 100, 10.000 o 100.000 visitas mensuales.

La diferencia no está solo en recopilar datos, sino en convertirlos en interpretaciones accionables: entender dónde se pierde la confianza, qué mensajes generan más credibilidad, qué contenidos convierten mejor o qué perfiles de usuario abandonan antes. A partir de ahí, la IA no solo permite tangibilizar métricas vinculadas a la reputación, sino también proponer mejoras constantes.

Si se detecta, por ejemplo, que una marca no genera suficiente confianza en las fases iniciales del funnel, se puede replantear el diseño, el peso del contenido corporativo, el uso de vídeos, testimonios, mensajes institucionales o artículos que ayuden a contextualizar mejor la propuesta de valor. Y esto ya no depende únicamente del idioma: según el origen del tráfico, la fuente, el perfil demográfico o incluso el comportamiento previo del usuario, la propia web, el funnel y los contenidos pueden adaptarse de forma dinámica.

Ese es el gran cambio que introduce la IA: convertir los datos en sistemas vivos de mejora reputacional continua. Y ocurre también fuera de la web. Un agente de IA puede analizar centenares de miles de comentarios en redes sociales, menciones corporativas o conversaciones alrededor de determinadas palabras clave para detectar patrones, riesgos, oportunidades o cambios de percepción imposibles de identificar manualmente.

Toda esa información puede traducirse después en planes de contenido, líneas editoriales, selección de influencers, campañas, artículos de blog o cualquier otra aplicación estratégica vinculada al marketing y la reputación.

¿Qué deben hacer las empresas ante este escenario?

Las empresas deben empezar justo por donde siempre se ha empezado: con papel y boli.

La IA no debería decirle a una marca cómo construir su reputación, porque la reputación nace antes de la tecnología: nace del propósito, de los valores y de la dirección estratégica de la empresa.

¿Cómo definiría el paso del SEO al GEO en la búsqueda de la reputación?

El paso del SEO al GEO representa un cambio real en cómo las marcas trabajan su visibilidad y reputación digital, aunque también hay mucho hype alrededor del concepto, en parte justificado. Los datos son evidentes: un porcentaje cada vez mayor de impactos, descubrimiento y tráfico empieza a venir desde sistemas de IA, AI Overviews, asistentes conversacionales o motores generativos. Pero al mismo tiempo, el mercado todavía está lejos de estar maduro, especialmente en 2026.

Las propias plataformas oficiales siguen ofreciendo datos muy limitados sobre cómo se generan esas respuestas, qué impacto real tienen o cómo se distribuye la visibilidad dentro de la IA.

Herramientas como Bing Webmaster Tools han empezado a ofrecer métricas de citaciones y presencia en respuestas generativas, mientras que Google todavía ofrece muy poca transparencia específica sobre AI Overviews. Por eso, intentar construir estrategias extremadamente sofisticadas sobre información todavía parcial tiene un recorrido limitado.

Aun así, el GEO es una consecuencia lógica del cambio de comportamiento digital y obliga a entender algo importante: hoy todo forma parte del mismo ecosistema de reputación y visibilidad. El SEO tradicional sigue siendo imprescindible, las redes sociales indexan y posicionan contenido, los vídeos aparecen en resultados generativos y la autoridad de marca ya no depende solo de una web optimizada.

Lo interesante del GEO es que obliga a las empresas a responder una pregunta que durante años muchas evitaron: qué son realmente como negocio y por qué deberían ser relevantes. En un entorno donde todo el mundo repite las mismas fórmulas, un agente de IA puede optimizar técnicamente cualquier web y cualquier perfil junior puede generar cientos de artículos aparentemente impecables cada mes. El volumen, por sí solo, dejará de tener valor diferencial.

¿Qué futuro tendrá la reputación en este ecosistema de hiperconexión digital y la IA?

Creo que la reputación dejará de ser un departamento complementario dentro de marketing o comunicación para convertirse en una capa superior que condicionará prácticamente toda la organización. No me la imagino en un organigrama por debajo del servicio, de las redes sociales o de la comunicación corporativa, sino por encima, igual que ocurrirá con la ética o la gobernanza legal de la IA.

Durante años muchas empresas han podido operar sin tener realmente resueltas estas tres dimensiones —reputación, ética y legalidad tecnológica— porque el impacto era más lento, menos visible o más difícil de medir. Pero el escenario está cambiando rápidamente. La capacidad tecnológica ya supera la capacidad humana de supervisión y gestión manual, y eso obligará a las organizaciones a establecer estructuras mucho más sólidas de control, responsabilidad y trazabilidad. Igual que ocurrió con la protección de datos en Europa, veremos cómo las empresas tendrán que asumir obligaciones públicas relacionadas con el uso de la IA: responsables internos, protocolos de validación, supervisión de herramientas, control sobre contenidos generados y sistemas de auditoría sobre decisiones automatizadas.

Una mala gobernanza de la IA no tendrá únicamente consecuencias reputacionales, sino también legales, regulatorias y económicas.

Seguiremos Comunicando…

Salir de la versión móvil