El escolio de Josemi, gurú audiovisual al que no hay que negarle una simpatía y una cierta capacidad de encaje, se producía -tenga que ver o no- con la publicación en ‘ABC’, de una columna en la que se diseccionaba, como en una autopsia, varias de las circunstancias en torno a la nueva televisión promovida por y para el actual Ejecutivo, así como las conexiones entre dichos promotores y personas situadas en el entorno gubernamental. Y entre los mencionados, figuraba Josemi, situado como cerebro de una operación con patrones similares a la que en 2006 vio nacer La Sexta.
Sostenía Josemi en su breve texto, respuestas a algunos usuarios incluidas, una mano negra conspiranoica que había puesto todo tipo de dificultades para impedir el nacimiento de su nuevo proyecto. Y ya es difícil sostener dicha afirmación, cuando se conoce que quienes manejan el BOE son los mismos a los que lleva años asesorando.
Pero Josemi, que tiene por ahí una charla sobre los difusores de bulos y desinformación de Trump, ha aprendido muchas cosas de EE.UU. desde hace cuarenta años, cuando recibía en formato cinta de video programas y series de la televisión yanqui que luego fueron adaptados para el mercado español. Hay que reconocerle el haber estado vivo ahí. Ya dijimos que tiene sus cosas buenas. Pero últimamente parece haber copiado los ‘modus operandi’ de esos trumpistas que niegan la realidad y fabrican una paralela.
Decir que esa concesión de nueva televisión ha nacido como si fuera el héroe de un drama wagneriano es un insulto a quienes han seguido los avatares de esa historia.
Últimamente, nuestro catedrático jubilado favorito anda en esas, en la elaboración de discursos inmersos en realidades paralelas. Ha creado escuela, por cierto, y ahí está José Pablo López, otro que tal. Lo de los discursos, ya lo trataremos, lo saben bien en Prisa, donde el armenio le tiene tomada la matrícula, y en Vivendi, donde ya tienen -dicen- preparado material sensible para cuando llegue el momento. Y va más allá de las notas de Leire Díez, notaria de los trapos sucios del entramado con vértices entre Moncloa y Ferraz.
Por ahora, hay quienes se dedican a recordar los más de 20 millones de euros de la operación de fusión -qué generosos- con Atresmedia mientras esperan a ver si, como hace veinte años, algunos socios de la nueva cadena crean empresas paralelas para dar servicio a la neonata y, de paso, llenarse los bolsillos.
“Muy pronto empezaremos a hablar del arranque de la nueva tele”, concluyó ‘Su Gururidad’.
A ver si es verdad.
Seguiremos Informando…
