Querido Jesús Cintora:
Este artículo viene a ser una carta, como aquellas que uno mandaba antaño a sus artistas favoritos y en las que volcaba sus emociones, sus decepciones y sus mensajes de apoyo.
Como admiradora secreta, he decidido dedicarte unas palabras ahora que estás en el punto de mira, otra vez. Ojalá puedas leerlo y, quizás en mi inocencia de ‘fan’, pensar que recapacitarás y harás lo correcto.
Tengo un libro tuyo, como muchos españoles, que decidiste titular ‘El precio de la verdad’. Uno llega a sus páginas con cierta vocación y con la esperanza de que alguien le explique cómo funcionan realmente los medios de comunicación. Espera descubrir que no son como los imaginaba de niño, sino algo mucho más crudo, parecido al momento en que te confiesan que los Reyes Magos son los padres.
A continuación, me dispongo a parafrasear algunas de tus reflexiones. Aunque me leí el libro entero —con bastante más amargura final de la esperada—, no necesito destriparlo: tus primeras páginas son más que suficientes para expresar lo que quiero decirte.
Comienzas afirmando que «la verdad tenía un precio»
Lo que no esperaba es que la demostración de que esto existe, la fueses a hacer en primera persona desde un programa de la televisión pública como es ‘Malas lenguas’. De hecho, el título de tu programa es perfecto, no porque tengas demasiados pelos en la lengua, sino porque has utilizado mal la lengua escrita para contar cosas con las que luego no predicas, “pastor”.
En mayo de 2025, ‘Malas lenguas’ se hizo eco de una interpretación errónea de unos mensajes de WhatsApp. Se presentó como si un antiguo miembro de la UCO hubiera hablado de atentar contra Pedro Sánchez mediante una bomba lapa, cuando en realidad los mensajes expresaban el temor contrario: que alguien pudiera colocarle la bomba a él.
La propia RTVE publicó después una cronología calificando aquella interpretación de falsa.
En tu libro prometes contar “algunos entresijos del funcionamiento de los medios y de los poderes que obstaculizan la libertad de información”. Cuando leí esta línea, me esperaba encontrar esas triquiñuelas entre tus páginas, no contigo al frente como presentador, en un programa en televisión.
También te armas de valor y relatas: “Me niego a achantarme ante quienes no quieren que cuentes lo que ocurre, sino lo que les interesa”… “Denuncio cuando, desde el poder político, no se permite informar de lo que ocurre, sino de aquello que les interesa”.
En enero de 2026, el Consejo de Informativos de TVE publicó un informe elaborado después de recibir más de cien quejas. El órgano interno sostuvo que ‘Malas lenguas’ y ‘Mañaneros 360’ incumplían de manera habitual las normas informativas de RTVE. Criticó la mezcla entre información y opinión, la falta de neutralidad de los presentadores, el reparto desigual de los tiempos y una responsabilidad editorial que consideraba poco clara. También afirmó que algunos debates contenían lenguaje agresivo y descalificaciones frecuentes.
Sería deshonesto omitir que RTVE rechazó contundentemente aquel informe. La corporación respondió que el Consejo había analizado únicamente 13 emisiones de un total superior a 400 —aproximadamente un 3 %—, denunció errores en el documento y negó que existiera un sesgo sistemático favorable al Gobierno.
Eres toda una decepción, Jesús Cintora.
Entre líneas he podido ver que, como muchos de nosotros, eras un periodista polvorilla, ansioso por la información y por contarle la verdad a todo el mundo; que la información es un móvil para ayudar a los ciudadanos.
Es por ello que te pregunto: ¿Cómo puede convivir el periodista que escribió aquellas palabras con un programa acusado por el órgano interno de TVE de no diferenciar adecuadamente entre información y opinión?, ¿qué es aquello tan importante que te ha hecho renunciar a tus principios?
¿Cómo puede quien denunciaba los mecanismos de presión sobre los periodistas aceptar que existan dudas razonables sobre quién decide la línea editorial, qué voces reciben más tiempo y qué temas reciben un tratamiento más favorable?
Una de las últimas frases que destacaré es la siguiente: A través de bulos en publicaciones manipuladas pueden construirte un personaje que no eres tú, pero que puede calar en la sociedad”… “Un estereotipo inventado, no con la realidad”.
Por ello, mi segunda pregunta es: ¿quién es Jesús Cintora realmente? Has dejado que los de arriba te diseñen a su antojo y te han construido un personaje que te negabas a representar.
La contradicción más dolorosa, sin embargo, no apareció en un informe. Apareció en directo.
El 11 de julio de 2026, durante una emisión de ‘Malas lenguas noche’, la periodista Marta Gómez Montero rechazó intervenir, afirmó sentirse humillada por ti y abandonó el plató llorando. Dijo que llevaba tiempo soportando aquella situación por pagar sus facturas y mantener a sus hijos. Tanto tú como el presidente de RTVE, José Pablo López, terminasteis pidiéndole disculpas en público y en privado.
Dos días después, Marta regresó al programa. Habló de respeto, de profesionalidad y de su obligación con la audiencia. Os disteis la mano y continuasteis trabajando. RTVE difundió el regreso como un intento de normalizar la situación.
Cuando una profesional con casi cuatro décadas de experiencia abandona llorando un plató de la televisión pública y acusa al presentador de humillarla, el asunto no puede despacharse únicamente como un impulso, un malentendido o una pelea propia del directo.
Para detestar las etiquetas y haberlas sufrido, ahora pareces tener mucha menos vergüenza. Para las personas que en su día te creímos, no eres más que una mentira. Una marioneta más en este país podrido de gente a la que le falta una gran dosis de honestidad y sinceridad, sobre todo para consigo misma.
Por eso te pregunto: “¿quién eres, Jesús Cintora?”
¿El periodista que denuncia los bulos, el que exige independencia o el conductor de un espacio cuya neutralidad ha sido cuestionada por el propio Consejo de Informativos de TVE? ¿El periodista que sufrió etiquetas injustas o el presentador ante el que una compañera terminó abandonando el plató entre lágrimas porque decía sentirse humillada?
Un día me preguntaste qué me había parecido tu libro.
Bien, pues aquí tienes la respuesta:
Me pareció una defensa apasionada de unos principios que hoy cuesta reconocer en la mayoría de tus programas. Y ese, Jesús, quizá sea el verdadero precio de la verdad: tener que aplicar a uno mismo la misma exigencia que durante años reclamaste para los demás.
La decepción aparece cuando tu mirada se presenta como neutra; cuando la opinión ocupa el lugar de la información; cuando se combate la manipulación sin reconocer suficientemente la propia; o cuando el respeto exigido a los poderosos no se aplica con el mismo cuidado dentro del plató.
