“Eran dos tipos requetelistos, eran dos tipos medio chiflaos, eran dos tipos tan divertidos que confundían las facturas con los calendarios y las consultorías con las estaciones de esquí.”
España siempre ha sido un país muy de bocadillo. Primero fue el de calamares. Después llegó el kebab -maldito kebab de pellejos de pollo-… Y ahora descubrimos el kebab sueco, que no lleva cordero ni pollo. Lleva expresidentes cortados en finísimas lonchas de influencia institucional, marinados durante cinco años en salsa nórdica y servidos con informes favorables recién tostados.
—¿Qué lleva el menú? —preguntó el cliente.
—Lo normal. Un expresidente, dos consultoras, una agencia de comunicación, una pizca de Bolivia, tres reuniones, cuatro facturas, una UDEF al gusto y, si paga con tarjeta, le regalamos un juez kalamar tamaño familiar.
Todo muy digestivo. Todo muy europeo. Todo muy democrático.
El kebab sueco no se enrolla en pan de pita. Se enrolla en sociedades mercantiles. Sale más consistente y mancha menos la corbata. Mientras el ciudadano discutía si la cebolla debía ir por encima de la lechuga, otros discutían asuntos bastante más delicados. Por ejemplo, cómo un señor podía dejar oficialmente de trabajar en marzo y seguir facturando desde Suecia con la naturalidad con la que un salmón remonta un río para acabar convertido en canapé.
Las consultoras son extraordinarias. Nunca despiden a nadie. Simplemente lo cambian de huso horario. España es el único país donde uno puede jubilar un contrato sin jubilar la nómina. Eso no lo inventó Kafka. Lo perfeccionó Recursos Humanos.
Aparecen entonces Gabi, Fofó y Miliki. No los payasos. Los contables. Los de la calculadora sentimental. Uno suma. Otro resta. Y el tercero hace desaparecer los números con la elegancia con la que un prestidigitador convierte un conejo en auditoría.
Todo acompañado por el gran coro nacional:
—¡Bravo! —No, hombre… ¡Hurra!
—No seas cazurro. Bravo queda más institucional.
Y mientras tanto el refranero marroquí, siempre tan sabio, recordaba: “Si la saco me la ves.” En referencia al Pegasus…
Frase que la Agencia Tributaria jamás consiguió traducir correctamente. Hay quien esquía sobre nieve. Hay quien esquía sobre la arena. Y luego están quienes hacen eslalon sobre expedientes judiciales con la misma soltura con la que otros esquivan las puertas giratorias.
España inventó una modalidad olímpica.El descenso administrativo.
Empieza en un Consejo de Ministros y termina en una comisión parlamentaria, pasando por un bufete, dos consultoras, tres comparecencias y una rueda de prensa donde nadie recuerda absolutamente nada. La memoria en política es un electrodoméstico. Funciona por programas. Programa corto. Programa delicado. Programa centrifugado. Y programa “yo de eso no sabía nada”. Al final descubres que el país no se gobierna. Se cocina. Con fuego lento. Con salsa de influencia.
Y con un pincho de madera atravesando todas las capas para que el invento no se desmorone antes de llegar a la mesa.
Porque España ya no es una democracia. Es un kebab.
Y alguien sigue girando lentamente el asador mientras los ciudadanos esperan su turno convencidos de que esta vez, sí, la salsa será diferente.
“En España ya no dimite nadie. Simplemente cambian de salsa.”
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…
