La acumulación progresiva de procesos, roles, herramientas digitales y mecanismos de gobernanza está generando un exceso de complejidad interna que frena la capacidad de atención y la toma de decisiones en las organizaciones. Según el informe Communication Management Radar 2026, elaborado por la Universidad de Leipzig y la Academic Society for Management & Communication, la energía organizativa se dispersa habitualmente en múltiples actividades de escaso valor en lugar de concentrarse en iniciativas verdaderamente estratégicas. De hecho, un estudio citado en el documento destaca que los trabajadores del conocimiento llegan a destinar casi la mitad de su jornada laboral a tareas que perciben de bajo impacto.
Esta saturación se ve intensificada por la transformación digital, ya que las empresas tienden a incorporar nuevas plataformas y rutinas sin retirar los sistemas heredados. Detrás de esta inercia subyace el denominado “sesgo aditivo”, una tendencia cognitiva por la cual las personas buscan resolver problemas o mejorar sistemas añadiendo elementos en lugar de eliminarlos, ya que sumar resulta una respuesta intuitiva, mientras que sustraer exige un pensamiento deliberado y consciente.
Sustracción estratégica frente al recorte indiscriminado
Como respuesta a este problema, el estudio promueve la “sustracción estratégica”, recordando la célebre premisa planteada por Michael Porter en 1996 de que “la esencia de la estrategia es saber qué no hacer”. Los autores aclaran que la sustracción estratégica no debe confundirse con un recorte ciego e indiscriminado de costes. Mientras que las reducciones reactivas pueden debilitar las estructuras organizativas, la sustracción estratégica consiste en decisiones planificadas para finalizar procesos, productos, servicios o funciones que han dejado de aportar valor, manteniendo la resiliencia y la capacidad de adaptación de la empresa.
Para ejecutar este enfoque, el informe identifica seis intervenciones de transformación subtractiva: eliminar por completo, simplificar elementos, combinar funciones, ocultar componentes, suspender temporalmente y proteger frente a la complejidad.
Aplicación en los departamentos de comunicación
En el ámbito de la comunicación corporativa, la sustracción estratégica abre oportunidades decisivas para revisar el mandato del área y asegurar que cada actividad genere un impacto relevante. El informe destaca el ejemplo de empresas como Schott, donde la implantación de metodologías ágiles como los OKRs (Objetivos y Resultados Clave) ha permitido priorizar temas basados en datos, abandonar actividades secundarias y consolidar la posición estratégica del departamento ante la dirección.
Para implementar con éxito esta filosofía, el Communication Management Radar 2026 plantea tres recomendaciones clave para los líderes de comunicación:
- Fomentar una cultura de la sustracción: Tratar la decisión de detener, pausar o desestimar iniciativas como un logro estratégico positivo y no como un fracaso, reconociendo y celebrando estas elecciones en el equipo.
- Integrar la sustracción en los procesos clave: Incorporar la revisión deductiva en la planificación habitual para que la continuidad de cualquier proyecto sea una decisión consciente y no una inercia.
- Alinear las prioridades estratégicas con el trabajo diario: Utilizar marcos como los OKRs para conectar los grandes objetivos de comunicación con las tareas cotidianas, garantizando que los recursos se concentren en lo verdaderamente decisivo.
Hacer menos de forma planificada y deliberada no frena el rendimiento, sino que mejora la claridad, la motivación de los equipos y la eficacia organizativa.
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