El verano es sinónimo de vacaciones y planes al aire libre, como terrazas, rutas de montaña o baños en el mar, lo cual deja nuestra piel mucho más expuesta que en otros momentos del año. Esta exposición convierte julio y agosto en la temporada alta de las picaduras: mosquitos, abejas y avispas, garrapatas, tábanos y medusas se reparten buena parte de las consultas de la temporada. Cada una de ellas se previene y se trata de manera diferente, y confundir el protocolo específico puede empeorar una reacción que, bien gestionada, se resuelve sin consecuencias mayores.
Según Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris, “la mayoría de las consultas por picaduras son casos que se podrían haber evitado con la prevención adecuada o que se han complicado por una mala actuación en los primeros minutos. Es muy importante saber de qué animal procede la picadura y guiarse por las recomendaciones profesionales para actuar de la manera correcta”.
Partiendo de esa idea, la experta de PromoFarma ofrece una guía práctica para reconocer y actuar ante cada una de las cinco picaduras más frecuentes del verano.
Mosquitos: el repelente es el mejor aliado
Los mosquitos nos localizan por el dióxido de carbono que exhalamos al respirar, el ácido láctico del sudor y el calor corporal. El olor de cada persona, que depende de su microbiota cutánea, actúa como reclamo, así que no hay forma de eliminar el atractivo por completo. La mejor estrategia de prevención es emplear un repelente adecuado, utilizar ropa de algodón y colores discretos, y evitar el uso de perfumes o cosméticos con fragancias intensas.
Entre los repelentes, las sustancias sintéticas como el DEET, la icaridina o el IR3535 están registradas como biocidas y cuentan con eficacia probada, mientras que la citronela, muy popular, no tiene ese registro y por sí sola no es suficiente para una protección real. A la hora de elegir un producto, es importante tener en cuenta el entorno ambiental en el que vas a estar expuesto y la sensibilidad de cada persona a las picaduras. Además, si vas a utilizar protector solar, siempre debe aplicarse antes que el repelente.
En el momento en el que la picadura de mosquito ya se ha producido, el primer paso es lavar la zona con agua y jabón y resistir la tentación de rascarse, porque eso solo prolonga la irritación y abre la puerta a una infección. Lo habitual es tener una hinchazón leve y sentir un picor localizado que remite en pocos días. Para calmarlo, es de ayuda aplicar frío local, un preparado tópico con antihistamínicos o una loción de calamina.
Abejas y avispas: se parecen, pero la picadura es diferente
A diferencia de los mosquitos, no hay repelentes específicos que sean efectivos contra abejas y avispas, pero sí se recomienda evitar perfumes intensos y colores llamativos cerca de zonas con flores, y no hacer movimientos bruscos cuando uno de estos insectos se acerca.
Las abejas son pacíficas y generalmente mueren al picar, por lo que solo lo hacen si sienten una amenaza. En ese caso, el aguijón de la abeja se queda clavado en la piel y hay que retirarlo con cuidado arrastrándolo con una uña o una tarjeta, nunca presionándolo con pinzas, para no inyectar más veneno. Por su parte, las avispas son más agresivas y pueden picar varias veces porque su aguijón no se desprende.
La picadura de ambos insectos provoca un dolor intenso e inmediato, con enrojecimiento e hinchazón en la zona. Si dicha hinchazón se generaliza, aparece dificultad para respirar o mareo, son señales de una posible reacción alérgica que requiere atención médica urgente.
Garrapatas: el error más frecuente es extraerlas mal
Usar ropa que cubra piel al caminar por zonas de vegetación alta y revisar la piel al volver de una ruta, prestando atención a pliegues como axilas, ingles y cuero cabelludo, son buenas medidas de actuación. Además, la mayoría de los repelentes de insectos también son eficaces para mantener alejados a estos arácnidos. El DEET y el IR535 son dos de estas sustancias.
Si detectamos a una garrapata en nuestra piel, el error más frecuente es retirarla de manera incorrecta. Nunca hay que quemarla ni cubrirla con productos como vaselina o alcohol antes de extraerla, porque eso puede hacer que libere más saliva infecciosa en la herida. La manera adecuada de proceder es usar unas pinzas de punta fina, coger bien la cabeza de la garrapata y tirar hacia arriba con un movimiento firme y constante sin girar ni aplastar el cuerpo del insecto.
Después de extraer al insecto, conviene lavar con agua y jabón y aplicar un desinfectante tópico como la clorhexidina. Es muy importante guardar una foto de la garrapata, vigilar activamente la zona durante 30 días por si aparece alguna mancha o costra roja que se expande de forma progresiva alrededor de la mordedura, y estar pendientes de síntomas en diferido, como fiebre o malestar. En algunos casos, las garrapatas pueden transmitir enfermedades, siendo la enfermedad de Lyme una de las más preocupantes y que requiere valoración médica. Gracias a la foto de la garrapata que nos ha picado se puede conocer su tipo y orientar el diagnóstico.
Tábanos: mordedura con riesgo de infección
Los tábanos son más activos al atardecer, por lo que se recomienda evitar zonas de agua estancada en este horario y usar un repelente para reducir las probabilidades de ser mordido por estos insectos.
A diferencia del mosquito, el tábano no pica, sino que desgarra la piel para alimentarse. Esto implica que el dolor es intenso desde el primer momento y que se produce una hinchazón notable, en ocasiones con un pequeño hematoma alrededor de la mordedura. Precisamente por ese desgarro, el riesgo de infección es mayor que con un mosquito, así que es imprescindible limpiar bien la herida, desinfectarla y vigilarla, al igual que consultar a un especialista si aparecen signos de infección o si el hematoma no mejora.
Medusas: precaución y enjuague con agua de mar
En verano, el calentamiento del agua favorece la presencia de medusas en la costa. La principal precaución que debemos tener cuando vamos a la playa es consultar las banderas de alerta y evitar bañarse en zonas de riesgo con avistamientos recientes.
El resultado del contacto con una medusa suele ser un escozor intenso y marcas rojizas. Según el tipo de medusa pueden aparecer otros síntomas como hinchazón local, calambres musculares o irritación ocular.
En el caso de que un tentáculo quede pegado a la piel, hay que retirarlo con pinzas o con una toalla a modo de guante, nunca con las manos, porque las sustancias irritantes siguen activas en el tentáculo. Después, se debe enjuagar la zona afectada con agua de mar o suero fisiológico. No se recomienda emplear agua dulce ni frotar con arena, para evitar que la reacción se extienda.
Como tratamiento, consulta siempre a un profesional de la salud sobre el uso de un analgésico o antihistamínico que ayude con el dolor y el picor. En cualquier caso, siempre es recomendable acudir al puesto de atención sanitaria de la playa y seguir las indicaciones de los profesionales.
El verano no tiene por qué vivirse con miedo a la próxima picadura. Con la prevención adecuada para cada situación y cierta vigilancia en nuestra piel, la mayoría de los casos quedan en una pequeña molestia. Seguir las recomendaciones de los profesionales de la salud es la mejor forma de disfrutar de las terrazas, la montaña y el mar sin que ningún insecto o animal marino estropee nuestros planes.
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