VACACIONES CEREBRALES

Alberto Núñez Feijóo ha elevado el tono de su enfrentamiento con el Gobierno a cuenta de la polémica fotografía de Felipe VI junto a Javier Negre. El líder del PP ha acusado a Óscar Puente de “señalar a la Corona” y ha denunciado la conducta “tabernaria” de algunos ministros. Puente, lejos de rectificar, ha mantenido que la imagen fue una “ignominia” y que, en su concepción del jefe del Estado, no tocaría a Negre ni con un palo. El ministro sostiene que la Casa Real ha cruzado una “línea roja”.

Feijóo respondió reivindicando el respeto y la dignidad institucional que, a su juicio, caracterizaron a Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo. Lo hizo durante un acto que conmemoraba el centenario del nacimiento del último presidente de UCD, contraponiendo aquellos gobiernos con el actual Ejecutivo. Y aquí aparece una cuestión incómoda que el gallego se pasa por el arco de Trajano: aquel estilo institucional no significa que el respeto fuese recíproco ni que la Transición pueda reducirse a una estampa de respeto por las reglas democráticas.

Feijóo afirmó también que España padece un Gobierno que actúa “contra la nación y contra el Estado”, al que acusa de “ocuparlo, degradarlo y desarmarlo”. Y remató: el Ejecutivo habría iniciado un proceso de ruptura y reconstrucción del sistema constitucional de 1978.

Aquí convendría separar la crítica política de la hipérbole. Se puede cuestionar a Pedro Sánchez, sus alianzas o determinadas decisiones institucionales sin convertir automáticamente esas discrepancias en una ruptura constitucional. La Constitución democrática de 1978 que todos conocemos hoy sigue vigente y España continúa siendo, conforme a su artículo 1.3, una monarquía parlamentaria.

Una precisión histórica: el Movimiento Nacional no fue el PSOE, sino la estructura política del franquismo. El PSOE es, por el contrario, uno de los pilares fundamentales de la oposición democrática al franquismo y, ya en democracia, el protagonista fundamental del desarrollo del sistema constitucional.

Por tanto, si Feijóo quiere defender el régimen del 78, quizá debería empezar por distinguir entre una erosión institucional discutible y una ruptura constitucional real. Porque entre ambas cosas hay un abismo. Llamarlo “proceso de ruptura” no lo convierte, por arte de retórica, en realidad, y oor mucho que se empeñe, los socialista han sido, son y serán el partido del régimen.

José Antonio RULFO

Salir de la versión móvil