El ecosistema mediático de la Comunidad Valenciana atraviesa una transformación estructural que trasciende la mera renovación de su parrilla. La apuesta por la coproducción entre À Punt y Telemadrid simboliza un cambio de paradigma hacia la sinergia entre comunidades, priorizando la optimización de recursos bajo un modelo de gestión indirecta. Esta estrategia se materializa con el estreno de Historias de la peluquería, un espacio que profundiza en la conexión Madrid-Valencia a través de la cotidianidad de sus ciudadanos.
El programa, un formato factual de 10 entregas, se estrenó ayer a las 23:15 horaas. Bajo la conducción de Inés Ballester, el espacio traslada la narrativa televisiva a cuatro salones reales situados en Torrent, València y Madrid, donde se recogen relatos de vida real que buscan el entretenimiento a través de la emoción. Sin embargo, este movimiento refuerza la hegemonía de grandes grupos privados en la gestión del servicio público, planteando dudas sobre la autonomía editorial de la cadena valenciana.
El peso de Unicorn Content
La entrada de este nuevo formato pone de relieve el creciente peso de Unicorn Content en la arquitectura de contenidos del ente. La productora, propiedad de Ana Rosa Quintana (51%), ha logrado un dominio del mercado lineal que altera el equilibrio de la producción propia en los medios públicos. Aunque la empresa registró una ligera caída del 1,7 % en su cuota de horas producidas en abierto durante el ejercicio 2025, su salud financiera y contractual con las administraciones permanece sólida.
Los datos financieros confirman este modelo de dependencia: Unicorn Content ha facturado más de 20 millones de euros a Telemadrid en los últimos siete años. Solo en 2024, la productora percibió más de 2,8 millones de euros del ente madrileño, de los cuales 2,5 millones correspondieron únicamente al programa 120 Minutos. Este esquema de externalización masiva es el que la plantilla de À Punt señala como el motor de una “privatización brutal” que desplaza el talento interno en favor de intereses comerciales externos. (Para los que no son da Valencia, À Punt es un canal de televisión en abierto que emite para la Comunidad Valenciana. Es pperado por À Punt Mèdia, grupo propiedad de la Generalidad Valenciana).
Crisis institucional en À Punt
El viraje administrativo de la cadena tiene su origen en el marco legislativo impulsado por el Consell de PP y Vox. La reforma, recogida en el BOCV número 52 (28-02-2024), supuso la creación de la CACVSA (Corporació Audiovisual de la Comunitat Valenciana, S.A.), una entidad que, bajo la apariencia de unificar la gestión, funciona como una “correa de transmisión” del poder ejecutivo, mermando la independencia necesaria para el servicio público.
Desde la asamblea de trabajadores (FeSP) se denuncian retrocesos democráticos críticos, como la supresión del Consejo de la Ciudadanía y la suspensión del Consejo de Informativos, privando a la redacción de mecanismos de control frente a la manipulación informativa. La crisis institucional se ha agravado tras la aprobación de un nuevo Libro de Estilo que elimina referencias a la violencia de género e impone la cobertura de la tauromaquia. Esta deriva editorial ya ha provocado que dos trabajadoras abandonen la empresa tras acogerse a la cláusula de conciencia. Asimismo, la crisis reputacional derivada de la gestión del vídeo del Cecopi tras la catástrofe de la DANA —donde la dirección se negó a entregar audios e imágenes a la justicia— ha terminado por quebrar la confianza de la plantilla.
El arrinconamiento del valenciano
La transformación de À Punt impacta directamente en su razón de ser: el fomento de la lengua propia. Organizaciones como Plataforma per la Llengua denuncian una estrategia para hacer residual el valenciano, priorizando el castellano y promoviendo un “valenciano de la calle” que carece del visto bueno de la AVL (Acadèmia Valenciana de la Llengua). La dirección actual ha sido señalada por pasar sistemáticamente por encima del departamento lingüístico, imponiendo directrices que contradicen la normativa lingüística oficial.
Esta brecha se agudiza con la política de emisión dual, donde el castellano es la lengua predeterminada en cine y series. Según Plataforma per la Llengua, esta configuración técnica genera una “escletxa digital” (brecha digital) que priva especialmente a la población mayor del acceso a contenidos en su lengua, al requerir una configuración manual compleja. La cancelación de programas propios para importar contenidos de Telemadrid y la contratación de periodistas sin el requisito lingüístico mínimo completan un escenario de retroceso identitario. Ante esta situación, los profesionales de À Punt reivindican su compromiso con la sociedad valenciana, asegurando que su capacidad para ofrecer un servicio de calidad sigue vigente a pesar de las limitaciones impuestas por la dirección.
