La vuelta al cole pone el foco en una realidad cada vez más presente en las aulas: la neurodiversidad. Niños y niñas con trastornos del espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), dislexia u otras dificultades de aprendizaje pueden necesitar apoyos específicos, pero la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) considera que esta diversidad también supone una oportunidad para que todo el alumnado desarrolle valores como la empatía, la tolerancia y la capacidad de colaboración.
La asociación defiende así avanzar hacia aulas inclusivas en las que las diferencias no se perciban como un problema, sino como parte de la variabilidad humana. “Un aula neurodiversa beneficia a todo el alumnado, no solo a quienes requieren apoyos específicos”, señala la pediatra de Atención Primaria Beatriz Fernández Prudencio, quien subraya que incluir no significa que todos los alumnos tengan que aprender de la misma manera, sino proporcionar a cada uno las herramientas que necesita para participar junto a sus compañeros.
El pediatra, clave para detectar las dificultades
En este contexto, AEPap reivindica el papel del pediatra de Atención Primaria como una figura clave para detectar trastornos del neurodesarrollo y problemas de aprendizaje. El seguimiento continuado del desarrollo infantil permite identificar señales de alerta relacionadas con la comunicación, la atención, la conducta o el aprendizaje, además de orientar a las familias sobre los recursos disponibles y facilitar la coordinación con otros profesionales sanitarios y con el entorno educativo.
Los profesionales perciben, además, un aumento de los casos de trastornos del neurodesarrollo en los últimos años, aunque la asociación advierte de que todavía existen dificultades tanto para detectar como para diagnosticar estas alteraciones, especialmente entre las niñas. En los estudios epidemiológicos poblacionales, estos trastornos presentan una prevalencia tres veces superior en niños que en niñas, una diferencia que puede estar condicionada en parte por el infradiagnóstico femenino. AEPap insiste en que un diagnóstico no debe convertirse en una etiqueta que defina al menor: las medidas de apoyo son herramientas para garantizar su participación y la igualdad de oportunidades.
Con la llegada del nuevo curso, los pediatras también recomiendan prestar atención a los hábitos y al bienestar emocional de todos los escolares. Recuperar progresivamente horarios regulares de sueño y alimentación, fomentar la actividad física, limitar el uso de pantallas antes de dormir y escuchar las preocupaciones de niños y adolescentes puede facilitar la adaptación a las rutinas. Para AEPap, la coordinación entre familias, centros educativos y profesionales sanitarios resulta fundamental para que la vuelta a las aulas se produzca de forma saludable y para construir una escuela capaz de responder a las necesidades individuales sin convertir las diferencias en barreras.
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