EDITORIAL

Una fábrica de asnos a cielo abierto

ESPAÑA VUELVE A RETRATARSE EN PISA COMO UNA MINA DE ASNOS A CIELO ABIERTO

El informe de 2025, que evalúa a unos 760.000 estudiantes de todo el mundo —alrededor de 30.000 españoles—, deja un desplome generalizado en las tres competencias analizadas.


España vuelve a retratarse en PISA como una mina de asnos a cielo abierto. El retroceso español es el más pronunciado registrado hasta ahora.

La comprensión lectora cae hasta niveles que deberían sonrojar a cualquier responsable educativo. El alumno español de 15 años se sitúa, en términos de rendimiento, aproximadamente al nivel de un británico de 13. A este paso, nuestros adolescentes acabarán teniendo dificultades no ya para interpretar un texto complejo, sino para leer la crónica de un partido de fútbol sin necesitar una guía de comprensión lectora.


En matemáticas, el panorama tampoco invita al optimismo. El deterioro alcanza tal magnitud que uno empieza a preguntarse, con la debida ironía, si dentro de unos años habrá que considerar un éxito que nuestros alumnos sepan sumar con los dedos.


¿Y los responsables?
Resulta tentador señalar al teléfono móvil, las pantallas o las nuevas tecnologías. Pero esa explicación es demasiado cómoda. Los datos no permiten convertir la tecnología en el culpable universal y, de hecho, el alumnado español presenta un uso escolar de dispositivos digitales inferior a la media de la OCDE. El problema parece encontrarse en otro lugar.


Quizá haya que mirar directamente al modelo educativo. Durante años, las sucesivas políticas han ido reduciendo contenidos y exigencias, mientras se desplazaba el centro de gravedad desde los conocimientos y la cultura del esfuerzo hacia las actitudes, las competencias y una supuesta flexibilización del aprendizaje. El resultado de esta combinación parece difícil de disimular: cada vez se exige menos y, sin embargo, se aprende menos.


Ni siquiera las familias con mayores recursos han escapado al derrumbe. El alumnado de entornos socioeconómicos favorecidos también registra una caída muy importante, incluso superior a la de los sectores menos favorecidos. Eso debería desmontar la tentación de atribuirlo todo a la desigualdad económica.


En España, además, se puede promocionar y obtener determinadas titulaciones con una flexibilidad académica que habría parecido insólita hace décadas. Quizá el siguiente paso sea permitir que se pase de curso sin necesidad siquiera de matricularse y que los títulos universitarios se obtengan mediante una fotografía digital.


Porque, visto el rumbo, solo nos faltaría convertir el aprobado en un derecho constitucional y el conocimiento en una circunstancia opcional.


¡Ay, ay, ay… si Policarpo levantara la cabeza!

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