Conviene poner fechas a la historia. Mediaset anunció el 11 de noviembre de 2022 la sucesión de Paolo Vasile, después de 23 años al frente de la compañía. Salem y Massimo Musolino fueron nombrados consejeros delegados dentro de la nueva estructura y la gestión del equipo comenzó oficialmente el 1 de enero de 2023. Desde entonces la organización ha vuelto a modificarse en varias ocasiones. En marzo de este mismo 2026, tras la salida voluntaria de Cristina Garmendia de la presidencia, Mediaset situó a Mario Rodríguez como presidente, mantuvo a Salem como consejero delegado e incorporó en el organigrama a Alberto Carullo como director general de Televisión y a Francisco Moreno al frente de Informativos. Salem continúa, por tanto, siendo hoy el máximo responsable ejecutivo de Mediaset España.
El problema para Salem es que la evolución de Telecinco desde que asumió el mando admite pocas interpretaciones cuando se coloca sobre una hoja de cálculo. Telecinco cerró 2024 con un 9,8% de cuota de pantalla, su peor resultado anual desde 1990. En lugar de recuperarse, 2025 terminó todavía peor: 9,4%, nuevamente mínimo desde 1990. Antena 3 acabó aquel ejercicio con un 12,8% y La 1 con un 11,1%, de manera que Telecinco quedó instalada en tercera posición entre las grandes generalistas. El deterioro es todavía más significativo porque no estamos comparando un mal mes con otro bueno: hablamos de dos mínimos históricos anuales consecutivos.
Y el verano de 2026 tampoco ha traído el milagro. Telecinco cerró agosto con apenas un 7,8%, aunque Mediaset destacó que consiguió su mejor agosto en prime time desde 2022, con un 8,4%. Mientras tanto, la supuesta hermana pequeña se ha convertido en uno de los escasos motivos de satisfacción del grupo: Cuatro alcanzó un 5,8% en agosto, su mejor agosto en nueve años, y un 6,4% en target comercial. Mediaset también presumió de que Cuatro llevaba cinco meses consecutivos por delante de laSexta y 33 meses superándola en prime time. Es decir: mientras Telecinco intenta encontrar el camino de regreso a la primera división de las audiencias, Cuatro ha conseguido construir pequeñas parcelas de crecimiento.
Lo que ha terminado de encender las alarmas, según las fuentes consultadas, ha sido ‘Rueda la letra’, una de las apuestas de Telecinco para este comienzo de temporada y el programa con el que la cadena pretendía recuperar para su parrilla la potencia televisiva de una prueba que conoce demasiado bien. El concurso de Carlos Sobera se estrenó el pasado 7 de septiembre a las 19.00 horas. Mediaset lo presentó como una competición de cultura general y palabras cuya prueba final, denominada ahora La Rueda, recuperaba una mecánica histórica de la televisión española. La expectación era considerable. El resultado inicial, bastante menos.
El estreno reunió 624.000 espectadores y un 9,1% de cuota. Aquel mismo día Pasapalabra alcanzó un 17,8%, aunque ambos concursos no compiten frontalmente durante toda su emisión. Lo verdaderamente preocupante llegó después: Rueda la letra bajó al 8% el martes, al 7,8% el miércoles, recuperó ligeramente hasta el 8,2% el jueves y terminó el viernes en 7,1%. Su primera semana laborable promedió aproximadamente un 8%; incluyendo sábado y domingo, la media quedó en torno al 7,8%. Una apuesta llamada a convertirse en revulsivo comenzaba, por tanto, peleando por alcanzar siquiera los dos dígitos.
Y a la audiencia se sumó una polémica difícil de imaginar incluso para sus responsables. Un análisis publicado por El País detectó que algunos de los primeros paneles de La Rueda presentaban enormes coincidencias con antiguos roscos de Pasapalabra emitidos durante la etapa de Telecinco. En uno de los casos llegaron a coincidir 20 de las 25 palabras, y el antiguo concursante Fran González se encontró ante una prueba extraordinariamente parecida a otra a la que él mismo se había enfrentado en 2019. El director del programa, Rafa Guardiola, negó que existiera una reutilización deliberada y aseguró desconocer las coincidencias, anunciando una revisión del archivo. El asunto convirtió el estreno que debía simbolizar el renacimiento de las tardes de Telecinco en una discusión sobre audiencia, originalidad y reciclaje televisivo.
Los Informativos Telecinco constituyen otro agujero difícil de ocultar. Basta observar un día reciente para entender la distancia. El martes 15 de septiembre, Antena 3 Noticias 1 reunió 2,122 millones de espectadores y Antena 3 Noticias 2, 1,822 millones. Los dos Telediarios de La 1 alcanzaron 1,380 y 1,241 millones respectivamente. Informativos Telecinco 21h quedó en 765.000 espectadores y la edición de las 15.00 horas en 719.000. Un día antes las cifras habían sido similares: 782.000 espectadores para la edición nocturna y 657.000 para la sobremesa. Son fotografías diarias, no medias de temporada, pero muestran con extraordinaria claridad la distancia actual respecto a los informativos líderes.
Tampoco puede decirse que absolutamente todo esté muerto en Mediaset. Sería falso. ‘Supervivientes All Stars’ regresó el 10 de septiembre con Jorge Javier Vázquez -el del burro- y consiguió un 15,6% y 797.000 espectadores, convirtiéndose en una de las ofertas más competitivas de Telecinco. En Cuatro, ‘Horizonte’ viene de alcanzar durante la pasada temporada registros cercanos al millón de espectadores y hasta un 14,5% en algunas emisiones, circunstancia que ha llevado al grupo a ampliar su presencia en parrilla. Son precisamente esas excepciones las que alimentan otra de las críticas internas: Mediaset todavía es capaz de producir programas competitivos, pero no consigue trasladar esos éxitos puntuales a una arquitectura estable de cadena.
La ficción tampoco ocupa actualmente el lugar central que tuvo en otras etapas de Telecinco. La estrategia del grupo ha pivotado durante los últimos años hacia entretenimiento, realities, actualidad y explotación de marcas reconocibles, mientras una parte importante de su negocio de ficción se articula también mediante Mediterráneo Mediaset España Group y su distribución a plataformas. Por eso afirmar que Mediaset «no hace ficción» sería inexacto; otra cosa es su escaso peso como elemento vertebrador de la parrilla lineal de Telecinco. Y esa ausencia se nota especialmente cuando se compara la capacidad actual de la cadena para crear nuevas marcas duraderas con la cantidad de formatos históricos que continúa recuperando, reformulando o estirando -el rancio y su pandilla-….
Según fuentes consultadas por PRNoticias, en este contexto estaría cobrando especial importancia una auditoría interna sobre la gestión española cuyos resultados, aseguran esas mismas fuentes, no favorecerían a Salem. PRNoticias no ha podido verificar de manera independiente ni la existencia formal ni las conclusiones de dicha auditoría, y Mediaset no ha comunicado públicamente ningún procedimiento de esas características. Pero la inquietud descrita por estas fuentes coincide con un escenario objetivo: tres años y ocho meses después del comienzo efectivo de la etapa Salem, Telecinco sigue sin haber recuperado los dos dígitos anuales y acumula dos ejercicios consecutivos con sus peores resultados desde 1990.
Hay, sin embargo, una precisión empresarial imprescindible: la crisis de audiencia de Telecinco no equivale a una crisis financiera de MFE. La matriz europea cerró 2025 con 301 millones de euros de beneficio neto consolidado y 498 millones de flujo de caja libre, además de anunciar 154 millones en dividendos, la mayor distribución del grupo en quince años. Esto cambia la naturaleza del problema: Pier Silvio Berlusconi no dirige un grupo arruinado que necesite desesperadamente salvar España, sino una multinacional audiovisual rentable que puede preguntarse durante cuánto tiempo está dispuesta a aceptar que una de sus marcas históricas pierda relevancia televisiva en uno de sus mercados fundamentales.
Ese quizá sea el verdadero peligro para Salem. No que mañana cierre Telecinco, algo que nadie plantea seriamente, sino que Italia llegue a la conclusión de que el problema ya no es la parrilla, sino quien decide la parrilla. Desde enero de 2023 han cambiado programas, horarios, presentadores, directivos, platós, estrategias y hasta la identidad visual de la cadena. Lo que todavía no ha cambiado es el resultado estructural: Telecinco sigue tercera, los informativos continúan muy alejados de Antena 3 y La 1, los nuevos grandes formatos encuentran enormes dificultades para consolidarse y Cuatro empieza a ofrecer, proporcionalmente, mejores noticias que la cadena llamada a ejercer de buque insignia.
En Fuencarral saben además que septiembre acaba de comenzar y que una temporada no se sentencia en nueve días. Rueda la letra todavía puede evolucionar, la nueva programación puede encontrar público y los datos diarios pueden cambiar con enorme rapidez. Pero en Cologno Monzese tampoco necesitan esperar a diciembre para leer una tendencia que lleva años escrita en los audímetros. Salem ya no necesita presentar otra estrategia. Necesita presentar resultados.
Porque después de tres años y ocho meses, dos mínimos históricos consecutivos y un nuevo curso iniciado con Telecinco todavía buscando su sitio, la pregunta empieza a dejar de ser qué programa salvará a Telecinco. La pregunta que puede estar haciéndose Italia es bastante más incómoda:
¿Quién salvará a Telecinco de quienes llevan años intentando salvarla?
Seguiremos Informando…
