VIVAS ERES UN BRASAS… DEJA EN PAZ A CEUTA

…¿Y si organizamos la MARCHA VIVAS y bajamos cientos de miles de españoles a compartir unos días con los caballas? ¿Y si dejamos de mirar Ceuta desde la península como si fuera una postal lejana y empezamos a comprender que allí viven nuestros vecinos, nuestros hermanos, nuestra gente?…

No pasa nada… Hemos hablado con el rey, con pinta de adenosín trifosfato inyectado en telómeros agotados… Pobre hijo de la Gran Marruecos… ¡Todo controlado! Todo perfectamente encauzado. Todo pendiente de una nueva reunión, de una comisión, de una llamada diplomática y de un comunicado que explique que las relaciones bilaterales atraviesan un momento de extraordinaria normalidad. Un paseo de Napoleonchu, nuestro amado canciller por la playa del trampolín, enseñando las nuevas viviendas y la nueva anormalidad…

Llaman de Ceuta. Otra vez.

—Dicen que hay miles de personas entrando, instalándose en las playas, ocupando espacios públicos, que los vecinos están agotados y que los servicios no dan abasto…

—¡Joder, qué pesado Vivas, Juan Jesús! ¿Otra vez tú? ¿No puedes dejar de llamar un ratito?

La broma tiene un origen bastante menos divertido. Vivas aseguró públicamente que, antes de la entrada masiva de finales de julio, había advertido al Gobierno de la situación y que desde Moncloa llegaron a pedirle que dejara de llamar porque se estaban poniendo muy pesados. Esa es su versión de los contactos mantenidos con el Ejecutivo.

Y ahí está el hombre. Con sus años, con sus preocupaciones personales, con su Ciudad metida entre las costillas y con esa manera de representar a Ceuta que no se aprende en una facultad ni se compra en una campaña electoral. Juan Jesús Vivas no está llamando para preguntar cómo va su partido. Está hablando de la Ciudad donde viven sus vecinos, donde ha transcurrido buena parte de su vida y donde cada problema tiene una dirección, una familia y una cara conocida.

Porque Ceuta no es una carpeta. No es una negociación con Marruecos. No es un campamento visto desde un helicóptero. Es una ciudad española donde la gente compra el pan, lleva a sus hijos al colegio, abre sus negocios, pasea, se enamora y quiere volver a casa sin sentir que su vida cotidiana ha quedado suspendida por una emergencia que no termina.

El 18 de septiembre, el nuevo centro temporal del puerto completó sus 1.700 plazas en unas horas, mientras otras personas regresaban a los asentamientos de las playas al no encontrar alojamiento. El 20 de septiembre, RTVE recogía que miles de inmigrantes continuaban en las calles pese a la ampliación de los dispositivos de acogida.

No se resuelve una situación así enfrentando el sufrimiento de quienes han llegado con el de quienes ya vivían allí. Ambos existen. Y la obligación de las administraciones es atenderlos sin convertir a Ceuta en una sala de espera permanente.

Por eso me ronda una idea que no consigo quitarme de la cabeza: LA MARCHA VIVAS. Una marcha ciudadana, pacífica, organizada, con la participación de quienes quieran conocer Ceuta, escuchar a sus habitantes y compartir su realidad. Españoles de la península que crucen el Estrecho no para hacerse una fotografía con el presidente, sino para descubrir que la distancia entre Algeciras y Ceuta no puede seguir midiéndose en indiferencia. Y, si se estudia una acampada solidaria, que sea acordada con la ciudad, con sus servicios y con todas las garantías, no otra carga improvisada sobre sus vecinos.

¿Te imaginas las calles llenas de españoles que han decidido ir a conocer a sus hermanos caballas? ¿Te imaginas a los vecinos contando lo que ocurre sin que nadie les interrumpa para explicarles lo que deberían sentir? ¿Te imaginas una ciudad que, por unos días, deja de pedir que la miren porque por fin tiene delante a quienes han venido a escucharla?

Mientras tanto, el Gobierno ha declarado formalmente la situación de interés para la seguridad nacional y sostiene que ha movilizado recursos para reforzar la frontera, atender a las personas inmigrantes y recuperar el funcionamiento ordinario de la Ciudad. Vivas considera insuficiente la respuesta y reclama una fecha para la vuelta a la normalidad.

Entre esas dos posiciones hay una ciudad que necesita resultados concretos, no solamente declaraciones.

Y Marruecos, el vecino al otro lado de la frontera, tampoco puede desaparecer de la conversación. Vivas le atribuye responsabilidad en lo ocurrido; esa acusación exige investigación, información y respuestas diplomáticas, no que se confunda a un Gobierno con toda una población.

La convivencia no se protege fingiendo que los conflictos no existen. Se protege afrontándolos. Pero volvamos al brasas.

Qué pesado resulta un hombre cuando insiste en que sus vecinos merecen respuestas. Qué incómodo cuando no acepta que una situación extraordinaria se convierta en paisaje. Qué inoportuno cuando vuelve a llamar justo en el momento en que alguien creía haber cerrado el expediente.

VIVAS, ERES UN BRASAS… DEJA EN PAZ A CEUTA.

Deja de recordarnos que allí hay españoles esperando. Deja de ponerle voz a una Ciudad que no quiere acostumbrarse. Deja de interrumpir la digestión de quienes prefieren que el problema se quede al otro lado del Estrecho. ¡Son las cinco y no he comido! No te da pena inhumano Vivas…

O mejor, Juan Jesús: sigue hablando y diciendo la verdad ls Caballas lo merecemos. Porque el día que dejes de hacerlo, lo verdaderamente preocupante no será que haya dejado de sonar un teléfono.

Será que nos hayamos acostumbrado a no escuchar a Ceuta.

CEUTA LIBRE, CEUTA PARA LOS CABALLA, ESPAÑA DEFENDAMOS NUESTRO PAÍS… UNA MARCHA VIVAS… UN SUEÑO… SIN IDEOLOGÍA… POR NUESTRA SOCIEDAD… LLAMA VIVAS, LLAMA A ESPAÑA PARA QUE VAYAMOS A ABRAZAROS… UN ABRAZO DE HERMANDAD… CEUTA GRACIAS.

UNA MARCHA VIVAS PARA QUE LOS CEUTÍES SE SIENTAN VIVOS Y APOYADOS.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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