La intención era proteger la identidad del paciente. El método elegido, sin embargo, consigue exactamente lo contrario.
Hay situaciones en las que intentar solucionar un problema termina creando otro bastante más grande. Y, según este vídeo que circula por redes, para comprobarlo basta con sentarse unos minutos en la sala de espera de un hospital.
La escena comienza con varios pacientes esperando tranquilamente su turno cuando aparece una enfermera con una importante novedad.
Por motivos de protección de datos, explica, ya no pueden llamar a los pacientes utilizando su nombre.
Hasta aquí, todo parece razonable.
El problema llega cuando toca encontrar un sistema alternativo.
La enfermera mira hacia la sala y anuncia con absoluta naturalidad:
“Que pase el de las almorranas”.
Silencio.
De repente, todos los pacientes empiezan a mirarse entre ellos intentando descubrir quién es el afortunado.
Anonimato garantizado
La gracia del vídeo está precisamente en darle la vuelta a la situación.
El supuesto objetivo es preservar la privacidad del paciente evitando pronunciar su nombre delante de desconocidos, pero la alternativa termina revelando una información que probablemente preferiría mantener bastante más reservada.
Porque quizá nadie sepa cómo te llamas.
Pero toda la sala acaba de enterarse de por qué has venido.
Y ahora queda el momento más complicado: levantarse.
El vídeo convierte así una sencilla llamada médica en una prueba de valentía. Nadie quiere moverse demasiado rápido, nadie quiere establecer contacto visual y cualquier movimiento sospechoso puede convertirte inmediatamente en candidato.
Hasta que uno tendrá que asumir su destino y caminar hacia la consulta bajo la mirada del resto.
La protección de datos habrá funcionado estupendamente.
Tu nombre continúa siendo un misterio.
Tus almorranas, ya no tanto.
Cuando el remedio supera a la enfermedad
La escena es una parodia y no debe interpretarse como el procedimiento habitual de ningún hospital concreto. Precisamente funciona porque exagera hasta el absurdo uno de esos problemas cotidianos que todo el mundo entiende inmediatamente.
Y las redes han encontrado material perfecto para la broma: burocracia, privacidad y una sala llena de desconocidos intentando averiguar quién tiene que levantarse.
Quizá después de aquello el paciente habría preferido el sistema tradicional.
Nombre, apellidos y, puestos a elegir, hasta el DNI completo.
Porque hay datos personales que uno protege con contraseña.
Y otros que preferiría que la enfermera no anunciara a viva voz en una sala de espera.
