CEUTA, EN CUANTO ACABE EL VIAJE DE LOS REYES, NO EXISTE…

…Felipe VI y Letizia visitarán Ceuta y Melilla los días 13 y 14 de octubre, después de más de dos meses de crisis migratoria. La visita llega acompañada de un despliegue extraordinario y de una operación para desalojar los asentamientos. Pero la verdadera pregunta es qué ocurrirá cuando los Reyes regresen a Madrid, desaparezcan las cámaras y los Caballas vuelvan a enfrentarse a sus problemas cotidianos…

Vendrán los Reyes. Sonreirán las autoridades. Ondearemos las banderas. Escucharemos los discursos. Habrá fotografías, apretones de manos, visitas cuidadosamente organizadas y declaraciones institucionales sobre la españolidad de Ceuta. Los ministros descubrirán, por unas horas, que al otro lado del Estrecho hay una ciudad española (perdón, dos), mientras los responsables de protocolo se encargarán de que cada bandera esté en su sitio y cada autoridad ocupe el lugar que le corresponde. Y cuando el último avión abandone la ciudad, los Caballas volverán a preguntarse si la excepcionalidad de esos días habrá servido para recuperar algo de la normalidad que perdieron a finales de julio.

Porque Ceuta no necesita ser española durante una visita real. Necesita que España se acuerde de ella los otros 364 días del año.

Los Reyes viajarán a las dos ciudades autónomas los días 13 y 14 de octubre, inmediatamente después de la Fiesta Nacional. Será la primera visita de Felipe VI como monarca, y la primera de unos Reyes desde que Juan Carlos I y Sofía estuvieron allí en noviembre de 2007. El viaje ha sido consensuado entre la Casa Real y el Gobierno, aunque Pedro Sánchez no acompañará a los monarcas.

Diecinueve años sin una visita real. Y ahora, precisamente ahora, cuando Ceuta lleva más de dos meses soportando una de las mayores crisis de su historia reciente, las instituciones parecen haber descubierto la urgencia de hacerse presentes.

Bienvenidos sean los Reyes. Pero sería deseable que su presencia sirviera para algo más que para completar una colección de fotografías que acabarán enmarcadas en los despachos oficiales.

UNA CIUDAD QUE HAY QUE LIMPIAR ANTES DE ENSEÑARLA

Este domingo, 4 de octubre, la Policía Nacional ha iniciado una operación para desalojar el asentamiento de la playa del Trampolín, donde unas 3.000 personas llevaban semanas sobreviviendo en condiciones precarias. El operativo ha contado con más de 350 agentes, vehículos policiales y medios extraordinarios. Según las primeras informaciones, cientos de personas han abandonado el asentamiento, algunas han regresado a Marruecos y otras están siendo trasladadas a dispositivos de acogida.

La actuación tiene motivos sanitarios y de seguridad. Con la llegada del otoño, los temporales amenazan directamente a quienes permanecen instalados junto al mar, en una zona donde las olas pueden alcanzar incluso la carretera.

Pero la proximidad de la visita real introduce una pregunta inevitable: ¿por qué determinadas actuaciones adquieren una velocidad extraordinaria cuando se acerca una visita institucional? Lo que durante semanas parecía necesitar informes, reuniones, autorizaciones y procedimientos interminables comienza a ejecutarse con una rapidez que los ciudadanos llevaban reclamando desde el verano. De pronto aparecen los efectivos. De pronto se movilizan los vehículos. De pronto hay decisiones, traslados y capacidad de intervención.

¿Dónde estaba toda esa determinación cuando Ceuta empezó a pedir ayuda?

Que nadie confunda la crítica con la pretensión de mantener a miles de personas viviendo en condiciones infrahumanas. Precisamente porque la situación es inadmisible, resulta necesario preguntar por qué ha durado tanto y qué solución tendrán esas personas una vez desalojadas. Mover un problema de una playa a un campamento no equivale necesariamente a resolverlo. Y conseguir que desaparezca de las fotografías de una visita oficial tampoco significa que haya desaparecido de la ciudad.

SÁNCHEZ NO VIENE, PERO SUS RESPONSABILIDADES SE QUEDAN

Pedro Sánchez no acompañará a Felipe VI y Letizia. La decisión ha sido confirmada por el propio Ejecutivo, que ha participado en la organización del viaje. Perfecto. Pero la ausencia del presidente del Gobierno no elimina sus responsabilidades sobre una crisis que ha puesto a prueba los servicios públicos, la seguridad fronteriza, los dispositivos de acogida y las relaciones con Marruecos.

El propio BOE reconoció, en septiembre, que la entrada masiva de personas los días 30 y 31 de julio había provocado una presión extraordinaria sobre las administraciones y alterado el funcionamiento de servicios esenciales.

Por tanto, no estamos ante una percepción subjetiva de los ceutíes. La gravedad de la situación ha sido reconocida oficialmente por el Estado. Y todavía quedan demasiadas preguntas pendientes.

¿Quién recibió los avisos sobre la presión migratoria? ¿Qué decisiones se adoptaron? ¿Por qué no fueron suficientes? ¿Qué responsabilidad corresponde al Ministerio del Interior? ¿Qué compromisos concretos ha asumido Marruecos? ¿Cuánto dinero ha costado la crisis y qué recursos extraordinarios se destinarán a la recuperación de Ceuta?

La salida de Miguel Ángel Pérez Triano de la Delegación del Gobierno tampoco puede convertirse en el punto final de la investigación política. El antiguo delegado sostiene que solicitó refuerzos antes de la entrada masiva y que sus advertencias no recibieron una respuesta suficiente.

Si avisó, habrá que averiguar qué hicieron quienes recibieron esos avisos. Y si existieron fallos de coordinación, tendrán que identificarse las responsabilidades correspondientes. Porque una crisis de esta magnitud no puede terminar con un relevo administrativo, una ceremonia de bienvenida y una fotografía de familia.

VIVAS, MARLASKA Y EL MISTERIO DE LAS RESPONSABILIDADES

Juan Jesús Vivas también tiene mucho que explicar. La defensa de Ceuta exige algo más que pedir auxilio a Madrid y denunciar la falta de respuesta del Gobierno central.

El presidente ceutí afirmó ante la jueza María Tardón que había intentado contactar en diez ocasiones con Pedro Sánchez y que solo tres de esas llamadas habían dado resultado. Moncloa respondió ofreciendo un registro de nueve comunicaciones entre ambos gabinetes, que, según el Ejecutivo, fueron atendidas. Magnífico. Ahora resulta que tenemos que contar las llamadas para averiguar quién se preocupó más por Ceuta. Lo que los Caballas necesitan saber no es cuántas veces sonó el teléfono, sino qué decisiones se tomaron después de descolgarlo.

Fernando Grande-Marlaska, por su parte, debe rendir cuentas por la actuación de los servicios que dependen de Interior y por las decisiones adoptadas en materia de control fronterizo. Y el conjunto del Gobierno tiene la obligación de explicar qué estrategia seguirá cuando termine esta fase extraordinaria. No se trata de repartir culpas para conseguir un titular. Se trata de determinar quién tenía competencias, quién disponía de información, quién podía actuar y qué impidió hacerlo a tiempo. Porque mientras las administraciones se pasan la pelota, son los ciudadanos quienes terminan jugando el partido sin árbitro y sin saber dónde está la portería.

EL REY NO PUEDE GOBERNAR POR EL GOBIERNO

Felipe VI puede desempeñar un papel institucional importante. Su presencia en Ceuta constituye un gesto de apoyo a los ciudadanos y una reafirmación de la vinculación de la ciudad con España. Pero el Rey no dispone de competencias ejecutivas para ordenar repatriaciones, dirigir operaciones policiales, aprobar presupuestos o resolver los problemas administrativos que ha provocado la crisis. Esas responsabilidades corresponden al Gobierno y, dentro de sus competencias, a las demás administraciones.

El Rey representa al Estado. No puede sustituir a quienes tienen la obligación de gobernarlo.

Y sería profundamente injusto convertir su visita en una especie de bálsamo institucional destinado a disimular los errores y las insuficiencias de quienes deben asumir decisiones políticas. Tampoco debería utilizarse la presencia de los monarcas para alimentar una nueva controversia con Marruecos. La soberanía española sobre Ceuta y Melilla no depende del beneplácito de Rabat ni de que Mohamed VI considere oportuno o inoportuno un viaje de los Reyes de España.

Las relaciones de buena vecindad no pueden exigir que España actúe como si tuviera que pedir permiso para visitar su propio territorio.

LOS CABALLAS NO NECESITAN UNA VISITA: NECESITAN UN FUTURO

Ceuta tiene alrededor de 80.000 habitantes que necesitan recuperar la normalidad y la confianza en las instituciones. Comerciantes, trabajadores, policías, familias, funcionarios y empresarios que no pueden seguir condicionando su vida a una emergencia cuya duración parece no tener fecha de caducidad. Los miles de inmigrantes que permanecen en la ciudad necesitan igualmente una respuesta legal y humanitaria que ponga fin a la precariedad. Ni los ceutíes deben asumir indefinidamente una presión excepcional ni las personas inmigrantes pueden convertirse en piezas de una disputa entre gobiernos.

La solución exige procedimientos legales, cooperación internacional, medios materiales y decisiones que puedan comprobarse. Por eso sería conveniente que, antes de la llegada de los Reyes, el Gobierno anunciara un programa concreto de recuperación para Ceuta, con compromisos presupuestarios, medidas de seguridad, apoyo a los servicios públicos y un calendario de ejecución.

Y que ese programa siguiera vigente cuando las autoridades regresen a sus despachos.

Porque el verdadero éxito de una visita institucional no debería medirse por el número de banderas que ondean, las fotografías que se publican ni los aplausos que reciben los invitados. Debería medirse por lo que queda después.

CEUTA NO PUEDE DESAPARECER CUANDO DESAPARECEN LAS CÁMARAS

Los Reyes vendrán y serán recibidos con el respeto y el cariño que los ceutíes consideren oportunos. Su visita podrá representar un acontecimiento importante para una ciudad que necesita sentirse acompañada y reconocida. Pero después llegarán el 15, el 16, el 17 de octubre y todos los días siguientes. Y entonces habrá que comprobar si las playas recuperan su normalidad, si los vecinos vuelven a sentirse seguros, si los dispositivos de acogida funcionan, si se ejecutan las medidas anunciadas y si las autoridades continúan preocupándose por Ceuta cuando deja de ocupar las portadas de los periódicos.

Porque una ciudad no puede vivir permanentemente pendiente de la próxima emergencia ni de la siguiente visita institucional. Ceuta no es un decorado para recibir a los Reyes. No es una postal del Mediterráneo ni una pieza que pueda utilizarse en las negociaciones con Marruecos. Tampoco es una ciudad que exista únicamente cuando su situación obliga al Gobierno a comparecer ante las cámaras.

Ceuta es España. Y lo es cuando la visitan los Reyes, cuando los ministros regresan a Madrid y cuando sus ciudadanos se despiertan al día siguiente para acudir al trabajo. Así que, presidente Sánchez, cuando termine el viaje, cuando se recojan las alfombras y cuando los últimos periodistas abandonen la ciudad, no se olvide de mirar al sur. Allí seguirá Ceuta. Con sus problemas, sus esperanzas y sus ciudadanos. Porque lo verdaderamente incomprensible no sería que los Reyes se marcharan después de su visita. Lo verdaderamente imperdonable sería que, cuando se fueran, el Estado volviera a marcharse con ellos.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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