ENVEJECER ANTES DE SER MAYOR

Vivir más ya no es suficiente: la medicina pone el foco en llegar mejor a edades avanzadas

Vivir muchos años ha sido durante décadas uno de los grandes objetivos de la medicina. Ahora el reto está cambiando. La pregunta ya no es únicamente cuántos años podemos vivir, sino en qué condiciones vamos a llegar a ellos.

Mantener la autonomía, conservar la masa muscular y la capacidad cognitiva, reducir el riesgo cardiovascular, controlar la inflamación y prevenir enfermedades asociadas al envejecimiento son algunos de los objetivos de la denominada medicina de la longevidad. Un concepto que poco tiene que ver con detener el paso del tiempo y mucho con identificar factores de riesgo y actuar sobre aquellos que pueden modificarse.

“El objetivo de la longevidad no debería ser simplemente añadir años a la vida, sino conseguir que esos años se vivan con la mayor salud, autonomía y calidad de vida posibles”, explica la Dra. Débora Nuevo, jefa de la Unidad de Longevidad y Microbiota de Olympia Quirónsalud.

La especialista defiende un cambio hacia una medicina más preventiva y personalizada, capaz de intervenir antes de que aparezca la enfermedad. Un planteamiento que obliga a observar al paciente de forma global: desde su riesgo cardiovascular y metabólico hasta su composición corporal, salud cerebral, descanso, alimentación, microbiota, equilibrio hormonal, actividad física o gestión del estrés.

Envejecer empieza mucho antes de sentirse mayor

Uno de los errores habituales es pensar en la longevidad como una preocupación exclusiva de las personas de edad avanzada. Muchos de los factores que determinarán cómo llegamos a las últimas décadas de la vida comienzan a actuar años antes.

Sedentarismo, pérdida progresiva de masa muscular, exceso de grasa visceral, hipertensión, alteraciones metabólicas, tabaquismo, mala alimentación, sueño insuficiente o estrés crónico van dejando huella en el organismo.

“No podemos esperar a que aparezca la enfermedad para empezar a preocuparnos por cómo vamos a envejecer. La prevención debe comenzar cuando todavía estamos sanos, porque es entonces cuando tenemos una gran oportunidad de actuar sobre muchos factores modificables”, señala la Dra. Nuevo.

Este enfoque constituye la base de la Unidad de Longevidad de Olympia Quirónsalud, que desarrolla programas individualizados después de estudiar las necesidades y objetivos de cada persona. El modelo incorpora un abordaje multidisciplinar en el que pueden intervenir especialistas de cardiología, neurología, ginecología, urología, nutrición, fisioterapia, neumología, radiología, dermatología y otras áreas en función de cada caso.

Medir para poder prevenir

Pero ¿cómo se estudia el envejecimiento de una persona?

No existe una única prueba capaz de responder a esa pregunta. La evaluación combina historia clínica, análisis de factores de riesgo, pruebas de laboratorio y valoraciones funcionales y de composición corporal.

Entre las herramientas disponibles se encuentra la DEXA, una prueba que permite obtener información sobre composición corporal, distribución de grasa, tejido muscular y fortaleza ósea. Estos datos pueden resultar útiles tanto en la evaluación inicial como en el seguimiento de determinadas intervenciones nutricionales y de ejercicio.

La Unidad incorpora asimismo el estudio telomérico como una de sus herramientas para estudiar el envejecimiento celular. Los telómeros son estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que se van acortando con las sucesivas divisiones celulares y se investigan desde hace años por su relación con el envejecimiento y distintas enfermedades asociadas a la edad.

“La edad cronológica nos dice cuántos años hemos vivido, pero no explica por sí sola cómo está envejeciendo nuestro organismo. Por eso necesitamos estudiar al paciente desde diferentes perspectivas y, sobre todo, identificar aquello sobre lo que realmente podemos intervenir”, explica la especialista.

El músculo, un seguro para el futuro

La longevidad saludable tampoco se entiende sin preservar la capacidad física. Con el paso de los años se produce una pérdida progresiva de masa y fuerza muscular que, si avanza, puede afectar a la movilidad, el equilibrio y la independencia.

De ahí que el ejercicio, y especialmente el trabajo de fuerza adaptado a cada persona, haya adquirido un protagonismo creciente dentro de las estrategias destinadas a favorecer un envejecimiento saludable.

No se trata únicamente de pesar menos. Dos personas con el mismo peso pueden presentar una composición corporal completamente distinta. Mantener músculo, cuidar la salud ósea, reducir el exceso de grasa y conservar una buena capacidad cardiorrespiratoria forman parte de una visión mucho más amplia de la salud a largo plazo.

El intestino también participa en nuestra forma de envejecer

Uno de los campos que más investigación está generando es la microbiota intestinal, el ecosistema formado por los microorganismos que habitan principalmente nuestro intestino y que interviene en procesos relacionados con la digestión, el metabolismo y el sistema inmunitario.

Olympia Quirónsalud cuenta, además de con su Unidad de Longevidad, con una Unidad de Microbiota, integrada por la Dra. Débora Nuevo y la Dra. Isabel Bustamante, neuróloga y especialista en Nutrición Humana y Dietética, con formación específica en microbiota.

“La microbiota no actúa de manera aislada en el intestino. Existe una comunicación continua con otros sistemas del organismo y sabemos que su equilibrio está relacionado con la respuesta inmunitaria, el metabolismo y la salud cerebral”, explica la Dra. Bustamante.

Esta conexión resulta especialmente interesante en el estudio del envejecimiento. La alteración del equilibrio de la microbiota —conocida como disbiosis— se estudia por su posible relación con procesos inflamatorios y metabólicos y con diferentes enfermedades.

La alimentación desempeña aquí un papel fundamental.

Según la Dra. Isabel Bustamante, no existe un alimento milagroso ni una dieta capaz de detener el envejecimiento. Lo importante es mantener patrones de alimentación saludables, variados y sostenibles que favorezcan una microbiota diversa y, al mismo tiempo, protejan nuestra salud metabólica.

Cerebro, sueño y estrés: tres piezas que no pueden separarse

Llegar a edades avanzadas manteniendo las capacidades cognitivas constituye otro de los grandes desafíos de la longevidad.

La actividad física, el descanso adecuado, la alimentación, las relaciones sociales, la estimulación cognitiva y el control de los factores de riesgo cardiovascular forman parte de las medidas asociadas a una mejor salud cerebral a lo largo de la vida.

También el estrés crónico ha adquirido especial interés. La exposición mantenida al estrés puede influir sobre diferentes sistemas hormonales, inmunológicos y metabólicos y contribuir a mantener un estado de inflamación de bajo grado.

“Dormir bien o controlar el estrés no son cuestiones secundarias dentro de la longevidad. El organismo necesita periodos adecuados de descanso y recuperación para mantener muchos de sus mecanismos de regulación y reparación”, apunta la Dra. Nuevo.

De la crioterapia a la cámara hiperbárica

Junto a las estrategias fundamentales de prevención y estilo de vida, la medicina de la longevidad ha incorporado distintas tecnologías y terapias que deben indicarse de manera individualizada.

La Unidad de Olympia Quirónsalud dispone, entre otras herramientas, de crioterapia, utilizada por sus efectos analgésicos y antiinflamatorios; cámara hiperbárica, basada en la administración de oxígeno a presión superior a la atmosférica; neuromodulación, orientada a estimular determinadas funciones cerebrales; estudio telomérico y, cuando está clínicamente indicado, estrategias de optimización hormonal.

La clave, advierten las especialistas, está en no convertir estas herramientas en tratamientos universales.

“En longevidad no existe una terapia válida para todo el mundo. Primero hay que conocer el estado de salud, los riesgos y las necesidades de cada persona y después decidir qué intervenciones tienen sentido. La personalización es fundamental», sostiene la Dra. Débora Nuevo.

No existe una píldora de la longevidad

En un ámbito en el que proliferan suplementos, terapias y mensajes que prometen frenar o incluso revertir el envejecimiento, las especialistas insisten en volver a las bases.

Actividad física regular, preservación de la masa muscular, alimentación equilibrada, descanso suficiente, ausencia de tabaco, control del estrés y de los principales factores de riesgo cardiovascular y metabólico siguen constituyendo los pilares sobre los que construir un envejecimiento saludable.

La tecnología puede ayudar a conocer mejor al paciente y determinadas terapias pueden complementar ese abordaje cuando existe una indicación concreta, pero no sustituyen esos hábitos.

“No debemos transmitir la idea de que existe un tratamiento capaz de hacernos jóvenes para siempre. La longevidad saludable se construye durante años. Lo verdaderamente interesante es que muchas de las decisiones que tomamos hoy pueden influir en cómo llegaremos al futuro”, concluye la Dra. Nuevo.

El desafío de la longevidad, por tanto, no consiste únicamente en retrasar el calendario. Consiste en intentar que los años ganados sean también años de autonomía, capacidad física, salud cerebral y calidad de vida.

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