El vídeo remata la serie con una idea bastante más afilada de lo que parece: el presidente convertido en guía turístico de la precariedad. “Soluciones habitacionales Moncloa”, dice el cartel. Y detrás no hay pisos, ni promociones, ni llaves, ni futuro.
Hay lonas, cacharros, cartones, vasos y esa arquitectura miserable que termina apareciendo cuando las grandes palabras políticas chocan con la vida real. La sátira funciona porque enfrenta dos lenguajes.
El institucional habla de soluciones habitacionales. La calle habla de no poder pagar una casa. Y entre ambos se abre un agujero enorme.
La gracia del muñeco está en que sonríe como si estuviera presentando un éxito de gestión. Pero el decorado lo desmiente. No basta con cambiarle el nombre al problema para haberlo resuelto.
Cuando una chabola empieza a llamarse solución habitacional, ya no estamos ante una política pública. Estamos ante marketing de la miseria.
