LA NOBEL BUSCA EN EL PETRÓLEO LA RELEVANCIA PERDIDA EN LA TRANSICIÓN

Corina Machado contra Alejandro Betancourt

NABEP (BETANCOURT) OPERARÁ 65.000 MILLONES DE BARRILES DE CRUDO

María Corina Machado ataca al tercer operador petrolero de Venezuela para volver al centro del tablero mientras las negociaciones avanzan sin ella.

María Corina Machado necesitaba un titular, y lo encontró. En una entrevista con The New York Times desde su exilio en Panamá, calificó de “corrupción obscena” las actuaciones de Alejandro Betancourt, el empresario que ha cerrado con el Gobierno de Trump un acuerdo sobre una quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela.

El ataque ha dado la vuelta al mundo. La pregunta es por qué ahora. La respuesta está en la propia entrevista. Machado lleva siete intentos frustrados de volver a Venezuela y asegura que Estados Unidos no la incluyó en los diálogos de Caracas. Según el propio Times, el Gobierno estadounidense la ha mantenido a cierta distancia durante meses, al favorecer en enero a Delcy Rodríguez como dirigente del país. La transición avanza, y lo hace sin ella.

Y cuando una líder pierde el control de la agenda, el atajo más rápido para recuperarlo es un enemigo con nombre propio.  Un blanco elegido para hacer ruido Betancourt reúne todas las condiciones para ese papel. Es el tercer operador petrolero de Venezuela, tras PDVSA y Chevron. Su compañía, NABEP, operará concesiones por 100 años en 17 yacimientos con reservas de 65.000 millones de barriles. Y es el socio de Washington. Atacarle a él permite a Machado criticar el acuerdo de Trump sin enfrentarse directamente a Trump, de quien depende buena parte de su futuro político.

El problema es que la acusación no aporta nada nuevo. Se basa en los contratos eléctricos de hace más de quince años, que han sido investigados en varios países sin resultado. Betancourt no fue imputado en ninguno de los tres países donde se le investigó, y sus abogados niegan cualquier acto de corrupción.

La contradicción de la letra pequeña

La propia Machado desactiva su ataque en la misma entrevista: asegura que respetaría los contratos que cumplan con la legislación venezolana. El acuerdo con NABEP lo firmaron el Gobierno de EE.UU. y las autoridades venezolanas, y lo aprobó el Parlamento con votos del chavismo y de la disidencia de la oposición. Si el contrato es legal y ella lo respetará, la acusación se queda en lo que es: un mensaje político, no una propuesta.

Tampoco su relato de exclusión resiste la versión oficial. Portavoces del Departamento de Estado dijeron al Times que su partido sí fue invitado a los diálogos de Caracas.  Producir frente a opinar Mientras Machado opina, Betancourt produce. La Casa Blanca lo presenta como un operador de probada trayectoria, Rubio lo ha defendido públicamente y Delcy Rodríguez destacó que sus campos siguieron operando en los peores años de la crisis, cuando la producción del país se desplomaba. Un alto funcionario estadounidense llegó a decir a Axios que, sin él, Maduro probablemente seguiría en el poder.

Y el acuerdo estará sujeto a estrictas auditorías, según un funcionario estadounidense. Machado no ha dicho quién produciría ese petróleo si no lo hace NABEP, ni cómo se financiarán los 100.000 millones de inversión previstos. Esa es la diferencia entre un titular y un plan.

El riesgo de la Nobel

El Premio Nobel de la Paz le dio a Machado una autoridad moral que pocos líderes latinoamericanos han tenido. Gastarla en ataques personales para recuperar protagonismo es un mal negocio reputacional. Venezuela necesita que su petróleo vuelva a fluir, y necesita a una oposición con propuestas.

La verdad es que hoy, Machado ofrece lo segundo menos que lo primero.

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