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Ángela Rodicio, de nuevo en el ojo de huracán

El libro de Ángela Rodicio, ex corresponsal de TVE en Israel, en que relata sus años en el Ente Público y su relación con compañeros y colegas de profesión sigue dando que hablar. Ahora ha sido Arturo Pérez Reverte, quien, según nos cuenta Periodista Digital, ha contestado a algunas de las acusaciones que Rodicio hace en el libro. La periodista fue despedida de TVE en 2003 acusándole de irregularidades económicas, es ello que sus detractores apuntan a que su libro se ha convertido en una suerte de venganza las disputas. Una polémica que parece no tener fin, pero que PRNoticias podría aclarar si damos a conocer documentos que tenemos en nuestro poder sobre el caso.

El libro de Ángela Rodicio, ex corresponsal de TVE en Israel, en que cuenta con detalles sus años en el Ente Público y su relación con directores, compañeros y colegas de profesión sigue dando que hablar. Ahora ha sido Arturo Pérez Reverte, quien, según nos cuenta Periodista Digital, mediante una carta en El Semanal de ABC ha contestado a algunas de las acusaciones que Rodicio hace en su contra en el libro.

Rodicio fue despedida de TVE en 2003 acusándola de irregularidades económicas, es ello que sus detractores apuntan a que su libro se ha convertido en una suerte de venganza las disputas. El mes pasado Ángela Rodicio publicó su libro "Acabar con el personaje", un relato que sorprendió a toda la profesión periodística ya que en él Rodicio acusaba a TVE de una persecución política en su contra y de paso relataba de forma crítica cómo viven y trabajan los corresponsales españoles. Muchos de ellos quedando muy mal parados con sus confesiones.

La cadena pública retiró a Rodicio de sus funciones en diciembre de 2003 acusándola de cometer irregularidades económicas en la corresponsalía de Jerusalén que ella misma abrió en 1996. La periodista negó las críticas y fue a los tribunales donde se obligó a TVE a readmitirla aunque la sentencia fue recurrida. Por ello muchos de sus detractores y los acusados en libro creen que este libro es una suerte de venganza de la ex corresponsal. Una polémica que parece no tener fin, pero que PRNoticias podría aclarar si damos a conocer documentos que tenemos en nuestro poder sobre el caso.

Precisamente uno de los acusados en el libro es Arturo Pérez Reverte, también ex corresponsal de guerra y actual escritor. Según nos cuenta Periodista Digital, Reverte decidió escribir su columna de descargo, al ver que en El Semanal de ABC, el mismo periódico con el que colabora, publicaba una extensa entrevista en que Rodicio reproducía parte de las acusaciones su libro.

Entre otras cosas, Ángela Rodicio dice de Reverte que “las historietas de Turí (como le denomina a lo largo de todo el texto) podrían llenar una enciclopedia sobre el camelo. En una ocasión, hallándose en Beirut me lo contaron, partiéndose de risa, unos periodistas locales pagó a unos milicianos en un puesto de control para que pegasen tiros mientras hacía su entradilla a cámara delante de ellos. Así parecía que detrás de él se estaba librando una batalla”.

Según recoge Periodista Digital, también señala que en su libro: “Tanto Turí como Mastuerzo (José Luis Márquez) tenían dobles empleos. Me han referido que en la época de Turí en el antiguo diario Pueblo, cuando solía pelearse o tirar máquinas de escribir la ventana, el director, Emilio Romero, se explayaba a veces: "Mi única duda sobre él es si trabaja para la CIA o para el KGB”. [Arturo Pérez Reverte] parecía realizarse denigrándome, atacando mi edad y mi género, como ejemplo refiriéndose a mí con el calificativo de "niña" Rodicio”, protestaba la periodista.  

A continuación reproducos íntegramente los descargos de Arturo Pérez Reverte en su columna en El Semanal de ABC.

 

La Niña Rodicio, que anda en líos laborales desde que TVE la quiso echar a la calle meter presuntamente mano a la caja –allí aseguran que se gastaba el dinero de la corresponsalía de Tel Aviv en ropa cara y artículos de lujo–, ha publicado un libro autojustificativo en el que, creyendo que la mejor defensa es el ataque, describe el mundo de los reteros de guerra como un cuento de hadas donde ella, valerosa e incomprendida Cenicienta, se enfrentaba con mucho coraje e independencia ideológica a una chusma de colegas españoles mercenarios, machistas, cobardes, embusteros, fantasmas y sin escrúpulos, que no la sotaban lo guapa y lo inteligente y lo buena periodista que era y sigue siendo. Casualmente, los únicos de quienes habla bien y dice que la apreciaban, Julio Fuentes y Ricardo Ortega, están muertos. Que ya es mala suerte. En cuanto al resto, la Niña desvela lo malos periodistas, lo vagos, lo mentirosos y lo perros que son todos; ejemplo, tipos tan sospechosos de toda la vida como los veteranos Alfonso Rojo, Márquez y Fran Sevilla. A mí también me incluye en la relación aunque me jubilé hace once años, supongo que para agradecerme haberla citado con poco afecto en Territorio Comanche. Contando lo que dice que otros le han contado que les contaron, afirma que pasé veinte años pagando a soldados para que disparasen y presumir de tiros, y que en mis tiempos mozos fui, sultáneamente, agente de la CIA y del KGB.

 

La verdad es que no pensaba ocuparme del asunto. No cazo ratoncitos a estas alturas, y bastante tiene ya la Niña enca. Pero el otro día abrí El Semanal y encontré cinco páginas con entrevista dedicadas a promocionar el libro de la honrada tragafuegos, con una foto «en su minúsculo y dos veces hipotecado apartamento de Madrid». Y lo del minúsculo y dos veces hipotecado apartamento me conmovió tanto que leí la entrevista entera mientras movía la cabeza y pensaba: pobre chica. La acusan injustamente de robar una pasta gansa, y ya ves. Vive en la miseria. Sedotta, calumniatta y abandonatta, la pobre, razones políticas, supuesto, después de lo difícil que es salir en la tele compitiendo en plena guerra con hombres sudorosos y machistas, mientras una va bien maquillada, con pashmina de seda, ropa superfashion y tacones, pagando todo eso del exiguo sueldo de la tele, sin plus de peligrosidad que, a diferencia de los otros ávidos Rambos, ella asegura nunca quiso cobrar. Cómo se han cebado con su acrisolada honradez, en vez de atacar a otros reteros ladrones como los que saquearon los museos de Bagdad, de donde ella admite haberse llevado sólo pequeños recuerdos: «Un par de fotos del museo de Sadam y un pedazo de cuerno de marfil y creo que fui la que menos se llevó. Mucha gente cayó en la tentación, me consta que hay colegas que lo hicieron. A mí jamás se me hubiera ocurrido».

 

Como dice la sabiduría popular, a la pájara se la conoce la cagada. Eso mismo es lo que le dije a Márquez cuando telefoneó desde Israel para decirme alucino, colega, esa tía cuenta que la echaron independiente y objetiva, cuando aquí los palestinos no la podían ni ver que pasaba de ellos, y no iba a un campo de refugiados ni a una intifada aunque se lo pidieran de rodillas. Ni trabajaba ni dejaba trabajar. Tiene huevos que precisamente ella acuse a la gente de trabajar desde los hoteles. Así que, oye, no sé qué harán Alfonso, Fran y los otros, pero yo le voy a meter una demanda judicial que va a escupir las muelas. Eso dijo Márquez; pero mi respuesta fue déjala estar, hombre. No merece la pena. La Niña Rodicio es una desventurada que se vio metida, jovencita y demasiado verde, en un mundo muy duro que le venía grande. El día que su directora de Informativos la mandó al extranjero, la hizo polvo. La megalomanía se le disparó con los viajes, los hoteles caros, el dinero, el presunto glamour del retaje de guerra, la gente diciéndole: huy, hija, qué hace una chica con esa voz de pito en sitios como éste. Todo eso hizo que al final se le exaltara la olla. Enca, la Tribu nunca la tomó en serio: recuerda sus histerias de diva ultrajada y sus aviones B52 bombardeando en picado. Así que dejadla tranquila, que va apañada. Teclear un libro paranoico se le antojó mejor terapia que un psiquiatra. En realidad deberían olvidarse del dinero, readmitirla en TVE y devolverla a una mesa de redacción o a un despacho, de donde esa pobre infeliz nunca debió haber salido.

ARTURO PÉREZ REVERTE

 

 

 

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