Viernes, 26 Junio 2015 13:31

OPINIÓN: The Patriot

“Aléjate presuroso de los que emplean el tiempo en repetir que son patriotas y viven del patriotismo de los demás”. (Constancio C. Vigil)

Tal y como quedó de manifiesto en el happening socialista que lo proclamó candidato a la Presidencia, hay una muda evidente en el pensamiento y la estética de Pedro Sánchez, que envuelto en una bandera virtual de proporciones blaspiñarescas (contra factum non fit argumentum) realizó su performance de primer maniquí a mano derecha según acaba el ascenso mecánico a la planta de moda hombre.

El líder estuvo en claro divorcio de la realidad y en arrebato de alienación política, cuando se lanzó a la búsqueda de la conexión con el infeliz y a la caza de la adhesión emocional del desdichado; ciudadanos a quienes pretende borrar la memoria del zapaterismo con la baladronada de traer el paraíso a la tierra, en la promesa de recuperar la armonía social acabando con el PARO y la CORRUPCIÓN. Supongo que el PSOE de Andalucía se habrá montado una juerga histérica que durará todavía, hasta que desvientre la criatura.

Y no se paró ahí, que ya perdida la serenidad, tras zambullirse en el mundo de los anhelos y las fantasías, se fue viniendo arriba en clara disminución de sí mismo ante el auditorio de badulaques entregados que le reían las gracias, pues ya sin limitarse en nada, acabó abrazado al oportunismo de la causa patriótica. Claro, estaba en el Circo Price, en el marco propicio, allí donde conocieron máximo respeto y triunfo Pompoff y Teddy.

De su discurso de euforia desmandada, transpiran algunas perlas que dan para la preocupación. Pero quizá la más luminosa, hasta alcanzar la categoría de gema, fue ese medirse el miembro con la derecha en la proclamación del orgullo de pertenencia; un recurso periódico que, abandonado el pudor intelectual, invocan nuestros políticos apelando a lo más elemental del ser común y a las entretelas de los llanos, cuando no encuentran razones ni hechos para persuadir de nada.

El patriota Sánchez formuló una propiedad conmutativa de los sentimientos; un españolismo a la carta para que los ciudadanos que viven en la confusión de las ideas y los sentimientos puedan elegir entre ser europeos y españoles o españoles y europeos, catalanes y españoles o españoles y catalanes, vascos y españoles o españoles y vascos, bormujeros y españoles o españoles y bormujeros en un sírvase usted mismo y combine el apego a sus raíces como apetezca a su antojo. Lástima que el coctel de ventajismo esté aguado por el hielo de sus propias filas, pues el PSC y el PSE-EE no han demostrado precisamente estar en sintonía con el gusto de este barman de párvulo discurso.

El amor a la cultura propia y a la tradición como amor a la patria, aunque vestido de patriotismo constitucional de carácter universalista, es un valor al alza contra el secesionismo. Una jerigonza para el ciudadano medio, pero que dará votos por venderlo como alternativa al nacionalismo. Por eso Sánchez intenta despojar ese monopolio de las manos de los populares, quienes antes se lo habían birlado a la izquierda del burlador de Sevilla, quien a su vez lo había tomado prestado de Sternbenger y Habermas. Pero ajenos a cualquier rigor, ningún político ha discurrido dónde está la validez del concepto ideológico del que hacen uso, ya que ni el politólogo, ni el filósofo de la Escuela de Frankfurt, ni nadie en la puta vida ha explicado jamás, ni explicará nunca, un motivo por el que este patriotismo universalista esté enfrentado a los nacionalismos periféricos.

El único vínculo que cabe con la patria es el patriotismo de la compasión. “Nada parecido al orgullo conviene a los desdichados”, es una frase de la idea de decencia con la que Simone Weil nos vacunó contra el patriotismo basado en el orgullo de la grandeza, el afecto a nuestras raíces que definió como: “un sentimiento de punzante ternura por una cosa bella, preciosa, frágil y perecedera, que tiene un calor distinto al de la grandeza nacional”. Su compasión por la patria es la entereza que no divide las culpas, que padece y hace propio el bochorno por el terrorismo de Estado, que no resta sonrojo a los escándalos de CORRUPCIÓN y asume las injusticias sociales como suyas, el sentimiento de quien no tiene la desfachatez de pertenecer al PSOE y proclamarse limpio a voz en cuello.

Los dirigentes socialistas deberían dejar de hacer alardes de exhibicionismo patriótico, fueron entreguistas que en su día pusieron España en venta, unos patrioteros que deberían guardar cuidado para no acabar de maniquíes en el sótano de las IN oportunidades.

¡TIERRA A LA VISTA!

Antonio de La Española