No se sabe qué, pero desde siempre a los madrileños les encanta “hacer cola”. Aquí se hace cola para los toros, para el fútbol, para las rebajas, para el cine y el teatro, para visitar a los santos y cien cosas más. Sin embargo, hoy me voy a referir a las colas más curiosas de nuestra historia. Eran las que se formaban ante el Palacio de la Carrera de San Jeróno para entrar en las Cortes los días que se anunciaba un discurso del dios de la oratoria española, Don Emilio Cautelar.
Pues de todas aquellas hubo una que rompió todo lo visto. Sucedió el 12 de abril de 1869, en pleno debate de la Constitución salida de la Revolución llamada “Gloriosa”. Porque aquel día las colas llegaban un lado hasta la Puerta del Sol y otro hasta el Prado.
Y no fue para menos que aquel 12 de abril Cautelar terminó su discurso con las palabras más bellas que jamás se pronunciaron en las Cortes. Cautelar terminó así:
“Grande es Dios en el Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan… pero hay un Dios más grande todavía, que no es el majestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en la cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y, sin embargo, diciendo: ¡Padre mío perdónales, perdona a mis verdugos, perdona a mis perseguidores, que no saben lo que hacen! Grande es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor; grande es la religión de la justicia placable, pero es más grande la religión del perdón misericordioso, y yo, en nombre del Evangelio, vengo aquí a pediros que escribáis al frente de vuestro código fundamental: la libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad e igualdad entre todos los hombres”.
Históricos:
Los madrileños también quieren la Olpiada
Le pusieron de nombre Isidro San Isidro de Sevilla
… De cuando la región de Madrid era un gran bosque de madroños
¡Tenía que ser madrileño y además de VALLECAS!
El Valle del Jarama sigue presente
Atocha fue siempre la puerta de Andalucía