A YANKE LE HACEN UN TRAJE

 

Yanke se va. Como en los divorcios, las partes no se ponen de acuerdo en las razones. Es posible que hubieran acumulado artillería durante meses, o quizá años, quién sabe. El caso es que a la hora de explicar la separación, cada uno habla de una cosa, y todas son diferentes. Yanke hacía un informativo tranquilo, razonado, y un tanto ingenuo, a una hora en la que lo se lleva en la tele es pegarse guantazos, levantar la voz y enseñar el hígado y otras vísceras calientes.

 

La casa, es decir Soriano, alega razones de presupuesto.  Soriano es como el abad de un monasterio austero donde se rezara poco y se ahorrara mucho. Es quizá el director general peor vestido de la historia de la televisión, y se puede pensar que no sota los colores de Yanke, ni sus tirantes, ni sus corbatas osadas, o sus camisas  bicolores. A veces la verdad  es tan sple como un sastre. Los trajes de Yanke eran caros. Se le veía el buen paño  y las hechuras, y la calidad de una lana fría que les daba a las noticias una prestancia de recién hechas. Este vestuario era caro, y quizá estos viejos amigos tuvieron sus más y sus menos las facturas.

 

El caso es que a Yanke, al que tuve el honor de ser el prero que le dio una otunidad  en televisión, allá los Desayunos que presentaba Mariñas, cuando en TVE  todavía se podía desayunar con ras y sin piquetes, le quitaron prero del Debate, y luego le aplicaron un recorte temal presentable. La semana pasada su programa ya salió podado, mutilado, como sangrando el muñón. Hubo un tiempo en que Soriano presumía de informativo: los sacaba en los almuerzos, lo ponía sobre la mesa, y ya se dedicaba a comer con fruición, y ese sudor tan suyo de las comisuras, como de fraile goloso.

 

Ahora dirán de todo, y vestirán el santo con ropajes de desavenencias la línea editorial, pero la razón está en los trajes, que yo sé de qué hablo.  

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