BRUMAS DE ACERO

Exigía muy digno Zapatero una rectificación del jefe de la oposición. Fue el corazón del debate. La verdad, en horas de emergencia, es una navaja de Albacete cuyo despliegue en la cámara causa escándalo. El metal tiene la ventaja de que en la niebla espesa que cubre nuestra vida pública brilla con un destello orientador. Sin bombas habrá cedido, y con bombas es que no les ha dado lo que pedían. Esto es Eta. El destilado lo obtuvo Rajoy cuando llevaba ya un tiempo lidiando en la tarde parlamentaria, la más bronca, dura, y difícil que se recuerda en el hemiciclo.

Algunos se llevan las manos a la cabeza y confiesan que hubieran deseado una sesión más ligera. Se lleva lo ‘light’ y hay quien va al Congreso a tomar notas como si fuera al mostrador de lácteos del supermercado. Si la cámara debe de ser el reflejo de la vida que circula las avenidas frías de Madrid, entonces ayer tuvos un reflejo nítido, a pesar de que la sesión solo ha servido para espesar un poco más las brumas de acero que sólo se abrirán un poco, con un amago de despeje, cuando la banda haga estallar su orgía de bombas lapa, o cuando algún español sea abatido el tiro en la nuca. Este es nuestro drama.

La crisis es ese estado donde el que manda no ofrece respuestas a las grandes preguntas. No estoy de acuerdo con quien pide unidad a toda costa, ni con los que piden diálogo como sea. Esas dos situaciones hay que llenarlas de contenido. De lo contrario caeremos en la melancolía de los posibles.

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