¿Somos los españoles más ‘sociables’ al volante o en la vida diaria?

Seguramente, lo contrario de lo que usted piensa. En general, los españoles mantenemos actitudes socialmente más correctas cuando conducos que en el resto de nuestra vida diaria, incluida la laboral y la familiar. Al menos, esto es lo que defiende el estudio ‘La conducta social en el tráfico. Práctica y valoración de la población española', realizado Attitudes, la iniciativa social de Audi. ¿Sorprendido? No se ilusione. El mismo estudio señala que aún estamos lejos de ser un modelo de conducta.

A lo largo de este análisis, el sexto que realiza la organización, se analizan las diferentes actitudes de los conductores españoles, así como la percepción social que tenemos acerca de cómo somos al volante. Para empezar, una definición: la conducción prosocial es la que ‘fomenta la adquisición y desarrollo de actitudes y comtamientos que favorezcan la convivencia, la solidaridad, la tolerancia, la cooperación y la ayuda de todos aquellos principios que regulan la convivencia social'.

 

O sea, lo que somos todos, ¿no? ¿Y la conducción antisocial? Es la que hace referencia a los comtamientos llevados a cabo en el contexto vial ‘con el denominador común del incumpliento de las señales y  las reglas del tráfico y de las formas de circulación'. Además, incluye los comtamientos ‘que no suponen el incumpliento de ninguna ley o normativa pero son flagrantes violaciones de las prácticas cooperativas de conducción y presuponen una falta de civismo y urbanidad y una carencia de valores básicos para la convivencia'.

 

Según Attitudes, el 93% de los conductores se consideran a sí mismos prosociales, mientras que alrededor de un 8% se consideran antisociales. En referencia a los demás, un 71,2% piensan que el resto de los conductores son prosociales, lo que, en palabras del director de investigación de Attitudes, Francisco Alonso, que ha capitaneado el estudio, no constituyen datos tan buenos como podrían suponer, ya que demuestran que la sociedad no tiene consciencia de la necesidad de cambio.

 

Es decir, que pensamos que lo  hacemos todo muy bien y no necesitamos mejorar. Sin embargo, entre las conductas prosociales que menos realizan los conductores españoles está prestar ayuda a otro conductor que tiene problemas con su vehículo o tolerar las infracciones y errores de los demás. Por el contrario, entre las más realizadas está dar las gracias cuando otro conductor facilita el paso a una incoración, pedir disculpas cuando nos hacen notar que hemos cometido una infracción o maniobra peligrosa y sentir ‘pena' ante una persona que sufre las consecuencias de un accidente de tráfico.

 

Attitudes destaca entre sus conclusiones que, con más prisa, desciende la prosocialidad, mientras que con buen humor, aumenta. Esto significa que, de camino al trabajo tendemos a ser más antisociales, mientras que durante un viaje de placer mostramos mejor disposición. Además, somos menos prosociales que otros países europeos, y las comunidades autónomas como Madrid o Valencia se llevan la palma: la densidad de tráfico y los atascos afectan negativamente a la conducta social de los conductores.

 

¿La solución? Como siempre, pasa la educación, y así lo reconocen los propios encuestados: la mejor solución parece ser recibir educación vial a lo largo de toda la vida, así como comenzar a educar a los niños en casa. Entre las medidas legales más votadas aparecen el aumento de los controles policiales, la educación sociovial en autoescuelas y la generalización de los programas reeducativos.

 

Durante su exposición, Alonso ha hecho referencia a un caso concreto: el ejemplo japonés. En el país nipón existen prisiones específicas para los delitos viales. ¿Realmente queremos los españoles terminar en la cárcel un ‘ceda el paso'?

 

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